eros y sapiencia

mayo 1, 2019 Comentarios desactivados en eros y sapiencia

Con el me gustas (o, si se prefiere, el me gustas mucho) tenemos bastante. O eso creemos. Por medio de este criterio, dejando a un lado que los gustos son variables, elegimos a una pareja como nos decantamos por un whiskey o una marca de tabaco. Sin embargo, quizá la pregunta no es si ese hombre o mujer son amables, literalmente, dignos de ser amados, sino si tendrán la virtud —la fuerza— suficiente como para lidiar con el desencuentro. Pues con el desencuentro hay que contar. Hombres y mujeres empleamos las mismas palabras, pero no decimos lo mismo. Así, es de idiotas, en el sentido estricto de la expresión, dar por descontado que con las preferencias vamos armados para hacer frente a la dificultad. Que modernamente hayamos desestimado la cuestión de la virtud, en definitiva, la de la formación del carácter es un síntoma de lo lejos que estamos de comprender de qué va esto de la vida. Cuando menos, porque la felicidad a la que todos aspiramos, incluso los que se ahorcan, como decía Pascal, es un saber vivir, antes que un simple estar satisfechos. Quizá Sócrates no andaba desencaminado al decir que la desgracia, salvo catástrofe, es el precipitado de la estupidez.

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