unlucky

mayo 6, 2019 Comentarios desactivados en unlucky

Los que sufren indecentemente nuestra impiedad no esperan otra cosa que la dicha eterna, en definitiva, un mundo en el que poder vivir en paz, un mundo en el que el león coma hierba. Simple. Aquí cualquier reflexión que ponga entre paréntesis —por insensata o fantástica— esta esperanza elemental está de más. Es cierto que los hombres no somos capaces de soportar demasiada felicidad. El cielo no es para nosotros (y me gustaría creer que tampoco el infierno). Pero la sospecha que da pie a la reflexión sobre lo dado, sea el afecto o la opinión, es una actitud que tan solo podemos cultivar desde las gradas del espectador. Como dijera Lucrecio, si no recuerdo mal, la única bienaventuranza a la que podemos aspirar es la de quien contempla el naufragio ajeno desde la distancia. Sin embargo, desde la óptica de los náufragos —de las víctimas de los campos de la muerte, sobrevivieran o no— no hay distancia que no sea culpable. Lucrecio, a pesar de su afabilidad, está del lado de los verdugos para quienes tuvieron que introducir a sus hijos en los hornos crematorios. Sencillamente, la serenidad del espectador no nos salva. No hay puente que nos permita transitar de Atenas a Jerusalén. O bien, todo termina con la teoría, en el sentido literal de la expresión, o bien todo comienza donde somos alcanzados por la mirada —el clamor— de los que no cuentan (y ello sin saber quién pronunciará, de haberla, la última palabra).

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