idiotizadas

junio 8, 2019 Comentarios desactivados en idiotizadas

Ayer leí Idiotizadas de moderna de pueblo, un alegato en favor de la liberación de la mujer de los cuentos de hadas. Un buen cómic, como todos los de la autora. Fácilmente, te haces una idea de la situación en la que se encuentra hoy en día la guerra de sexos. La tesis de fondo, muy cierta, es que la fantasía, típicamente femenina, de un príncipe al rescate solo produce frustación y, por tanto, infelicidad. La vida no coincide con nuestros delirios. Cualquier encaje es aparente. Tarde o temprano, surge el desencuentro. Y ante el desencuentro, no parece que haya otra solución que el desenfreno, algo así como una huida hacia adelante, o una coexistencia pacífica, en el mejor de los casos, o lo que viene a ser lo mismo un buen contrato. Más aún, una mujer —y esta es también una tesis del cómic— no tiene que estar sometida al ideal de la maternidad. Un hijo da, sin duda, alegrías. Pero también es un estorbo para quien no quiere admitir un compromiso de por vida. La emancipación que nos propone la modernidad es la de una existencia siempre abierta a nuevas posibilidades —y aquí da la impresión de que moderna de pueblo no termina de ser consciente de que estamos ante una libertad al servicio del capitalismo más feroz. Pero esto es lo de menos, tratándose de un cómic. Ciertamente, un vida con sentido depende de que cuanto nos traemos entre manos represente, al menos hasta cierto punto, un relato paradigmático, en este caso, las típicas historias románticas. Y donde no hay relato —y no parece que deba haberlo— no puede haber sentido alguno. No es casual que la mujer liberada busque tíos para consumir… con la secreta pretensión de que surja una mínima complicidad. Ahora bien, el destino de cuanto consumimos es el contenedor. El individuo moderno no acepta otra libertad que la que deja una puerta abierta. De ahí que no sepa cómo lidiar con el hiato que tarde o temprano media entre los sexos. El hiato revela, sin duda, el carácter ficticio de los relatos de princesas. Pero lo que acaso perdemos de vista, una vez nos instalamos en la decepción, es que el amor, de haberlo, solo puede darse como reconciliación, la cual salva la distancia entre hombre y mujer, aunque sin anularla. Pero para esto quizá haga falta un haber escapado de la trampa de una vida escindida entre trabajo y consumo —un vida liberada del imperativo del éxito. Es decir, otro cómic.

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