estar de vuelta

julio 7, 2019 Comentarios desactivados en estar de vuelta

La verdad no es para púberes. Y no porque no pudieran soportarla —que también—, sino porque no hay otra verdad que la de quien ha vuelto del s allá, por decirlo así. Pues el más allá, ese non plus ultra, hace saltar por los aires la ficción del hogar. Mientras vamos por la senda que nos marcaron, todo es proyecto, ilusión, expectativa. Vanidad, que diría Qohélet. De ahí que lo único que nos interesa o debiera interesarnos es la palabra de aquel que está de vuelta. ¿Qué has visto tú que aún no hemos visto? Y aquí caben dos respuestas. O bien, nada nuevo, esto es, más de lo mismo (y, por con siguiente, más mundo). O bien, muertos vivientes. La primera es la del nihilismo. La segunda, la del cristiano. Para el nihilista el todo es la nada, mientras que para el cristiano, el todo es el no-todo. Tertium non datur: o hay alteridad —lo enteramente otro o nuevo—, o no hay más que hologramas. Esto es, nada. De ahí que la fe, antes que una suposición, es un fiarse del testimonio de quien ha vuelto con vida de la muerte, esto es, de aquellas situaciones en las que ya no nos queda vida por delante: Auschwitz, Río Bravo, Hiroshima. La fe arraiga en el cuerpo del otro, no en nuestra necesidad de un final feliz. Fe es creer en lo imposible en nombre de un zombie (se supone que bueno). Pues, desde nuestro lado, la fe es, sencillamente, increíble.

¿Dónde estoy?

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