la tríada creyente

julio 8, 2019 Comentarios desactivados en la tríada creyente

Un cristiano vive de la oración, la providencia y el testimonio (aunque inicialmente del testimonio, pues no hay fe que no nazca de un haber sido acogido, perdonado por aquellos en los que Dios se reconoce). Un cristiano se alimenta de la oración, porque en ella, frente a la distracción del tiempo diario, se encuentra a sí mismo expuesto al misterio de Dios —a su esencial por-venir—. De hecho, el padrenuestro no deja de ser un pedirle a Dios por Dios, según la fórmula de JB Metz. También puede ponerse en situación, algo así como un memento mori, pero al pie de la cruz. O imaginar que, como el joven rico de la parábola, conoce a un iluminado que, en los arrabales de la ciudad, va diciendo que el mundo no tiene remedio y que, por eso mismo, tan solo nos tenemos los unos a los otros. Sin oración va a ser díficil que un cristiano pueda in-corporar las fórmulas de fe. De la providencia, porque un cristiano ya no confía en su posibilidad. Poco tiene porque apenas necesita. Pero lo que necesita solo puede venir de Dios. Del testimonio, porque no hay otra experiencia de Dios que la que se nos da a través del cuerpo de aquel que se ha puesto en el lugar de Dios (y ya sabemos cual es ese lugar). Un cristiano permanece a la espera de Dios porque confía en quienes lo encarnan —y lo encarnan porque van con la bondad por delante—. Ahora bien, confiar no es saber. Pues con respecto a lo último seguimos sin tener ni idea. Incluso con respecto a la verdad de Dios estamos en manos de Dios. De ahí que las imágenes de la esperanza cristiana sean, literalmente, increíbles.

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