el decir y el texto

julio 16, 2019 Comentarios desactivados en el decir y el texto

Media un hiato entre el habla y la escritura. El habla no puede prescindir de aquel al que se dirige. El texto, sí. Un texto es la botella que el náufrago lanza al mar. Quizá la excepción sea el género epistolar. Pero no hay que descartar que aquí el otro sea la excusa. La escritura tiende a ser autorreferencial. Como si las palabras solo alcanzaran un significado en relación con otras palabras. No es casual que la palabra texto remita a textura —al trenzar que arma un tejido—. El texto tarde o temprano deviene autónomo, o por decirlo a la manera de los hermeneutas, se abre a sentidos no previstos inicialmente. La temporalidad del habla es también otra. El texto puede demorarse. Mejor dicho, debe hacerlo. En modo alguno el habla, sin que se interrumpa la comunicación. Más aún, el tipo de sujeto que genera la escritura es muy distinto del propio de las culturas que pivotan alrededor de las tradiciones orales. Ni el Dios que se encarna en unas escrituras puede ser el mismo que el que se expresa a través del rapsoda. Y no porque escribir sea fijar, pues la escritura no fija. Un papel en blanco, aunque lo parezca, no es el corcho sobre el que clavamos una mariposa. Entre otra razones, porque un texto exige una interpretación. Aunque el interprete, a diferencia de aquel al que se le pide una respuesta, permanezca a una cierta distancia del texto. Difícilmente un texto llega a invocarnos. Acaso la escritura sea la técnica de aquellos pueblos que, al asentarse, fueron perdiendo de vista al enteramente otro. De ahí que la alteridad sea, para nosotros, una alteridad avant la lettre. Tenemos Biblia porque no tenemos a Dios. En este sentido, no es causal que la Biblia sea un testamento.

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