Milgram en Estocolmo

septiembre 6, 2019 Comentarios desactivados en Milgram en Estocolmo

A pesar de nuestros cantos a la libertad, lo que nos va es obedecer. El experimento de Milgram, un clásico, así parece confirmarlo (Milgram). Como si, al fin y al cabo, no supiéramos qué es lo que queremos o debemos hacer hasta que no nos lo indica una figura de autoridad. Dicho experimento demostraría en parte, que, durante los tiempos del nazismo o del Gulag, hubieran tantos hombres y mujeres dispuestos a ejecutar órdenes inhumanas. Algo semejante, se desprende del denominado síndrome de Estocolmo (Stockholm), según el cual fácilmente terminas enamorándote de tu secuestrador. Aquí uno está tentado de comprender el amor a Dios en estos términos, pues, al menos sobre el papel, Dios es aquel de quien dependes por entero (aunque hoy en día esto del temor de Dios ya no se lleve, quizá porque hemos perdido de vista qué significa ser un Dios). Sin embargo, esto no acaba de cuadrar con el cristianismo. Al menos, porque en este caso quien te secuestra no es el dios que te amenaza con el rayo destructor, sino el que cuelga de un cruz —el Dios que se pone en nuestras manos para, precisamente, llegar a ser el que es.

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