tras la virtud

octubre 3, 2019 § Deja un comentario

Para ella, ese hombre de quien está colgada es un dios, y por eso cree amarlo. Luego, tras el día a día, descubre que es un pobre hombre —que el ídolo tiene pies de barro, pies que huelen a pies. Finalmente, en el mejor de los casos, terminará abrazando su mal olor, cuidando, como quien dice, de ese resto de bondad que aún hay en él. Pues al fin y al cabo únicamente nos cautiva el bien. Quizá el cristianismo sea esto: un rescatar la bondad que pueda haber en el otro de la descomposición, aunque para ello tengamos que ponernos en sus manos. No es casual que la tradición cristiana insistiera tanto en las virtudes. Pues sin ellas —sin la paciencia, la perseverancia, la esperanza…— no hay carácter que resista la erosión del tiempo. Sin embargo, hoy en día pocos hablan de la virtud. Preferimos centrarnos en el sentimiento, por no decir en la excitación. Como si fuera el sello de la autenticidad. Pero este es nuestro error. Un error infantil.

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