in corpore

octubre 5, 2019 Comentarios desactivados en in corpore

La filosofía puede pensar lo absoluto —lo enteramente otro o extraño—. Pero no puede, literalmente, incorporarlo a la existencia. Para el filósofo, la alteridad de lo real permanece en el plano de lo abstracto. De ahí que su inquietud termine en una variante del escepticismo socrático: hay más, pero no para nosotros. Ni siquiera cabe decir que se trate de algo en concreto —de algo que pudiéramos ver si cruzásemos la puerta. En realidad, no puede darse como tal. Pues se da, precisamente, como lo que no se da en su mostrarse. Sin embargo, el creyente no quiere renunciar a integrar, al menos hasta cierto punto, lo absoluto o último. Quiere estar ante Dios, aunque sea sin Dios. En este sentido, el creyente no puede evitar ir en busca del icono, del rostro cargado con el poder de la bondad —al fin y al cabo, en busca del ángel. Tan solo el ángel nos salva del infierno de una existencia sin prójimo. Nada nuevo puede haber —nada que interrumpa el eterno retorno de lo mismo—, salvo la aparición. Sin embargo, el creyente en un primer momento ignora que el ángel se revela, no como el que nos deslumbra, sino como aquel que pide que lo descolguemos de su cruz. Un ángel más que seducirnos, nos repele.

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