ab-soluto

noviembre 5, 2019 § Deja un comentario

Un Dios absoluto es un Dios, literalmente ab-suelto. La palabra absoluto procede del verbo absolvere, el cual está formado por el prefijo ab (privación, separación) y el verbo solvere (dejar suelto). Así, un Dios absoluto sería un Dios que ha quedado liberado de cualquier sujeción. Ciertamente, el término absoluto aplicado a Dios subrayaría su extrema trascendencia. Sin embargo, no queda claro como una divinidad de esta guisa puede amar al hombre. Pues amar supone, de algún modo, ponerse en manos del amado, servirlo. El amante se encuentra, así, sujeto a aquel a quien ama, depende de él (aunque esta dependencia sería propiamente la expresión de su libertad: pues no hay libertad sin compromiso). Un Dios absoluto no puede no querer ser sin el hombre (que es lo que defiende el cristianismo). A menos, que devenga absoluto tras el rechazo de Adán. Pero en ese caso, su carácter absoluto —su radical separación del hombre— tendría que ver no con una supuesta esencia incomprensible, sino precisamente con su falta de esencia —con el hecho que tras la caída, Dios se quedó sin su quien o modo de ser, sin aquel en el que se reconoció originariamente como Dios. De ahí que, desde la óptica veterotestamentaría, de Dios como tal tan solo poseamos un nombre impronunciable, un nombre que no encontró su referente hasta el acontecimiento del Gólgota.

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