creer que hay Dios

diciembre 3, 2019 § Deja un comentario

Una cosa es suponer que hay Dios. Y otra caer en la cuenta de que lo hay. Y mejor que lo sigamos suponiendo. Pues de haberlo, como pueda haber una presencia invisible en nuestra habitación, no podríamos soportarlo. Demasiado temblor de piernas como para confiar. A menos que se tratara de una presencia que nos inundara de beatitud. Pero en ese caso, tan solo habríamos descubierto una cosa más, aunque etérea. Como si tuviéramos una nueva droga con la que doparnos, aunque en este caso, fuera de dicha o bondad. Si no cabe negar a Dios, no hay Dios. Por suerte Dios, al ocultarse hasta la des-aparición, hizo el trabajo sucio por nosotros. Pues nacemos como los que no queremos saber nada de Dios —como los arrancados de una genuina alteridad que, sin embargo, creen poder contentarse con su imagen. Sencillamente, el haber de Dios no es el de la presencia, sino el de un eterno porvenir. Y por eso mismo es posible la esperanza. Aunque sea increíble. O por eso mismo.

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