problemas del primer mundo

diciembre 5, 2019 § Deja un comentario

Quizá de vez en cuando convendría que nos viéramos desde una cierta distancia para, cuando menos, percibir el ridículo de una existencia demasiado centrada en sí misma, una vida preocupada, sobre todo, en tener éxito o en gustar. Humano, ciertamente. Pero quizá demasiado humano, por parafrasear a Nietzsche. Tan solo hace falta contrastar nuestras inquietudes diarias con la situación de aquellos que no saben qué podrán comer hoy sus hijos. O mañana. Por no hablar del contraste que supone que la última moda entre los actores de Hollywood sea broncearse el ano (así, tal cual). Hay que imaginarse a unos cuantos actores intentándolo en una playa a la que van llegando los cadáveres hinchados de quienes intentaron cruzar el océano con el propósito de vivir una vida digna —ellos y sus hijos—, para caer en la cuenta de lo inaceptable de la situación. Sencillamente, hay pecado original. Y es el que se traduce, antes que nada, como la indiferencia que mata.

¿Dónde estoy?

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