preferencias y razones

enero 14, 2020 § Deja un comentario

A veces nos preguntamos por qué razones no podríamos hacer lo que nos apetece, siempre y cuando, se sobreentiende, la realización de nuestro deseo no dañe a los demás. Evidentemente, no solemos encontrarlas, salvo si tienen que ver con los inconvenientes que pueda ocasionarnos el hacer lo que nos apetece. Estamos lejos de la pregunta de los antiguos griegos, la que se interrogaba por el modo de ser antes que por las razones que justifiquen lo que hacemos o dejamos de hacer. Pues ellos eran más conscientes que nosotros que no hay deseo inocente. Somos en gran medida lo que buscamos. Y no es igual buscar cuanto quepa poseer que lo que nunca terminaremos de alcanzar. Así, el infiel, aun cuando mantenga su secreto, no puede seguir siendo el que era antes de su infidelidad. No es lo mismo tratar al otro como un medio que como aquel al que le debemos una respuesta. De ahí que la pregunta no sea tanto por las razones como por el quién que hay detrás de las opciones que vamos tomando. Pero modernamente suponemos ingenuamente que el sujeto permanece inmutable por debajo de sus elecciones. Como decía Groucho Marx: yo tengo mis principios; pero si no le gustan, tengo otros. O a la manera de John Stuart Mill: prefiero ser un Sócrates insatisfecho a un cerdo satisfecho. Pero hoy en día, el común de los mortales ignora el porqué de esta preferencia. Como si tan solo fuera la de un consumidor.

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