Paul Valéry

enero 30, 2020 § Deja un comentario

Un aforismo de Paul Valéry dice así: pienso, luego no soy. ¿Una boutade? No me atrevería a decirlo. De hecho, se trata de un inteligente contrapunto al conocido cogito, ergo sum de Descartes. Es verdad que el Yo adquiere plena conciencia de sí en la distancia que media entre él y su aspecto o incluso carácter. O por decirlo a la platónica: una vida que prescinda de la interrogación sobre uno mismo es una vida cercana a la del chimpancé. Sin embargo, y de esto también fue consciente Platón, el precio que el hombre paga por estar por encima de su circunstancia y, en definitiva, por su libertad es el del desarraigo. Todo le parece, precisamente, apariencia, feria, escenario. Todo, salvo lo que es. Sin embargo, lo que es, en tanto que absolutamente Otro, queda fuera de nuestro alcance. De ahí que Hegel dijera que donde irrumpe la reflexión no vuelva a crecer la hierba. Sencillamente, las imagenes dejan de seducirnos. La ilusión deviene una ilusión. El escenario se derrumba. La distancia entre el sujeto de la reflexión y el de quien vive a flor de piel —el de quien aún puede creer en su protagonismo— es, por consiguiente, insalvable, a menos que sepamos ejercer la ironía. Pero no es fácil.

Cuanto acabamos de decir encuentra su paralelismo en la situación de quien ve una película de terror. En modo alguno puede evitar estremecerse ante la aparición del fantasma. Por no hablar de aquel al que se le aparece de verdad. Sin embargo, por poco que sepa de técnica cinematográfica, antes verá el truco que al fantasma. No está metido en la escena. No puede estarlo —no puede vivirla o tomársela en serio—. Y por tirar de la cuerda, podríamos decir que la primera situación sería análoga a la del homo religiosus. Tan solo él puede dar fe de la aparición. La segunda, en cambio, es la del teórico de la religión. Para este no hay aparición —no hay epifanía—, sino en cualquier caso hombres y mujeres que creen haber visto a un ser de otro mundo o dimensión.

La cuestión es si podemos decidir entre ambos puntos de vista. Pues que se trate de puntos de vista no significa que valgan por igual. Y aquí en Occidente, la teoría y su distancia llevan las de ganar. Al menos, en el plano de la legitimidad discursiva.

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