conectar

febrero 29, 2020 § Deja un comentario

Hay quienes sacan de ti lo mejor que hay en ti. Otros lo peor —y aquí lo peor puede presentarse de color gris. Somos un estado de ánimo. De ahí la importancia de la conexión. Sin embargo, si esto es así —y así lo parece—, entonces somos tremendamente frágiles. No es casual que los antiguos creyeran, como nosotros estamos convencidos de que hay montañas, que vivían atravesados de fuerzas invisibles. El punto de partida de la religión no es otro que este: hay un poder por encima de nuestras cabezas y estamos en sus manos. No es casual que los griegos insistieran, frente a la sensación de impotencia que nos deja un dios, en la necesidad de dejar una huella —una obra, un rastro, un hijo— que dé testimonio de quienes fuimos una vez seamos incapaces de remontar el vuelo.

droga y fe

febrero 27, 2020 § Deja un comentario

Quien no se pregunta por la honestidad de se fe —quien nunca se interroga acerca de la verdad de su creencia— ¿acaso no es como el que se chuta porque no quiere afrontar la realidad? Sin embargo, donde se lo pregunta desde la posición del espectador ¿acaso no será incapaz, por eso mismo, de llegar a la fe? Pues la verdad de Dios no es la verdad del enunciado acerca de Dios.

un asunto político

febrero 25, 2020 § Deja un comentario

La creencia espontánea en un Dios no deja de ser un asunto político. El esclavo —el siervo de la gleba— está acostumbrado a sentirse bajo el dominio de un amo. Sabe qué significa —y lo sabe corporalmente. No necesita suponerlo. Por eso, la confesión de que solo YWHW es el Señor suena a oídos antiguos como el password de los rebeldes. Del mismo modo, las bienaventuranzas deberían leerse en clave leninista, por decirlo así: y vosotros seréis los primeros en entrar en el palacio de invierno. De ahí que la creencia religiosa sea tan difícil en las sociedades donde la igualdad se da por defecto. Aquí el homo religiosus necesita forzar la imaginación. Al menos, si pretende seguir creyendo en el Dios tutelar de su infancia.

mayorías

febrero 24, 2020 § Deja un comentario

Cuando somos jóvenes nos preguntamos qué haremos de mayores. Así, intentamos hacernos cargo de la vida que nos ha tocado en suerte —así, resolvemos la pregunta sobre lo que queremos. Pero es como si nos preguntáramos en que vía de tren vamos a colocarnos. Pocos se preguntaron qué deberían hacer consigo mismos desde la óptica del todo o, mejor dicho, desde la del non plus ultra de la existencia. Y esta es la diferencia entre una vida examinada y otra sin examinar.

la gran ironía cristiana

febrero 23, 2020 § Deja un comentario

Hay que tomarse la utopía en su sentido más literal: no hay lugar para un mundo feliz. Así, podríamos pensar que Platón, al escribir su República, nos ofrece una solución al problema de la polis: solo puede haber justicia, si el filósofo gobierna. Pues solo quien sabe gobernarse a sí mismo será capaz de gobernar a los demás. De acuerdo. Ahora bien, esto es lo mismo que decir que la justicia es imposible. Pues el filósofo no está por la labor, aun cuando en su juventud hubiera podido estar tentado por la reforma política. Por no hablar del impasse que supone que, para que pudiera gobernar, los demás tendrían que aceptar su autoridad. Sin embargo, la aceptarán si han sido educados por el filósofo.Y esto solo es posible, tratándose de una educación general, si gobierna. Es como si Platón quisiera decirnos que la polis no tiene remedio. La República es, por eso mismo, un texto irónico. Pues se presenta de entrada como una solución.

Algo parecido podríamos decir del credo cristiano: la respuesta a los problemas del mundo pasa por la intervención final de Dios. En los tiempos finales, los muertos resucitarán y habrá una nueva Creación —una nueva humanidad. Ya lo dijo Pablo: si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe (1Co 15, 14-19). Y esto está muy cerca de decir que la fe es un absurdo. Ciertamente, no lo fue para Pablo y los primeros cristianos. Para ellos, la resurrección fue un dato de la experiencia. Ya no lo puede ser para nosotros. Mejor dicho: ni siquiera originariamente se trató de un dato. Quienes acompañaron a Pablo en su camino hacia Damasco no vieron lo que él vio. Pues para caer en la cuenta de quién fue Jesús de Nazaret —para caer del caballo— se necesitaba tener fe en la promesa de Dios —o siendo más estrictos en la promesa mesiánica. Aquí no encontramos con un impasse semejante al de la República: si la resurrección es la base de la fe, entonces la fe no puede ser la condición de las apariciones del resucitado. Podríamos hilar más fino y decir que la condición de la fe en el resucitado no es dicha fe, sino la creencia, como acabamos de decir a propósito de Pablo, en la intervención final de Dios (resurrección de los muertos incluida). Así, la fe en el resucitado encontraría su raíz en las apariciones. Son estás las que dotan de contenido a la expectativa mesiánica. En cualquier caso, la ironía sigue presente. Pues, al menos para nosotros, proclamar que o hay resurrección, o el mundo está perdido es como decir que el mundo está perdido. A menos que la resurrección no se entienda como el resultado de la acción de un deus ex machina… aun cuando se lo pareciese a los testigos de la resurrección. Pero este es otro asunto.

en ello

febrero 22, 2020 § Deja un comentario

Un buen amigo me contó hace unos días que cuando le preguntan si cree que existimos bajo la bendición de Dios o que los muertos resucitarán —mi amigo es cristiano— suele responder lo siguiente: no creo en ello, pero estoy en ello. La respuesta, muy judía por otro lado, tiene su qué. Pues la interpretación más espontánea, a saber, algo así como estoy en camino de creer, acaso, siendo pertinente, no sea la más profunda. Es posible que la ironía sea la única manera de dar cuenta del haber rozado el non plus ultra de nuestro estar en el mundo. Cuando menos porque existir supone existir en la doblez, lo cual no significa hipócritamente.

selfie

febrero 21, 2020 § Deja un comentario

Muchos hombres y mujeres de los denominados pueblos primitivos, creyeron —y quizá aún creen— que el antropólogo de turno les robaba el alma cuando les hacía una foto. ¿Superstición? Quizá. Pero no puedes evitar creer que algo de esto hay al echarle un vistazo a los selfies de Instagram. Pues en el momento de hacer la pose, uno deja de ser uno mismo. Por no hablar de lo que sucede, cuando lo habitual es posar.

¿Dónde estoy?

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