la parroquia

febrero 12, 2020 § Deja un comentario

A veces pienso que, con la excusa de adaptarse a los tiempos, el cristianismo no busca otra cosa que mantener lo que queda de la parroquia. De ahí que, en muchas ocasiones, los pastores se vean tentados de decir lo que sus ovejas quieren oír. Al fin y al cabo, se trata de tenerlas contentas. Aunque esto suponga seguir comulgando, nunca mejor dicho, con ruedas de molino. O lo que acaso sea peor, ir de rebajas.

Decía John S. Bell que quien entiende la mecánica cuántica, no la entiende. Pues aquí podríamos decir casi lo mismo: el que acepta el credo cristiano como quien no quiere la cosa —quien no se escandaliza ante la proclamación de Dios como crucificado— no comprende de qué va el asunto cristiano. Y el cristianismo va de la redención, no de la satisfacción que podemos alcanzar contribuyendo a un mundo mejor (aunque la redención nos obligue, sin duda, a seguir dándole al mazo). Pues el compromiso moral y político con los que sufren la injusticia de este mundo, tarde o temprano, topa con el muro de Getsemaní. El cristianismo, sencillamente, nos habla de lo que acontece después. Y lo que acontece después está lejos de ser creíble.

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