un apunte sobre la inmortalidad

mayo 1, 2020 § Deja un comentario

Decir te amo significa no debes morir (G. Marcel, dixit). Vivirás, esto es, debes vivir. O también, volveremos a estar juntos. La muerte no podrá separarnos. Basta con ponerse en la piel de una madre para verlo. La inmortalidad no es el objeto de una creencia. Es un síntoma del amor. Va con él. Otro asunto es que no podamos afirmar que la muerte no tendrá la última palabra como quien afirma que la tierra es redonda o que la lluvia fecunda los campos. O como quien imagina que hay vida en los confines de la galaxia. Al fin y al cabo, la verdad o, mejor dicho, la verdad a flor de piel, antes que una suposición lo suficientemente contrastada se presenta como mandato—como lo que debe ser aun cuando difícilmente podamos concebirlo. Y ello en nombre de lo que decide el sí o el no de nuestro estar en el mundo —en nombre del don o la gracia. De ahí que la pregunta no sea cómo lo sabes. Pues estrictamente no lo sabes. La verdad —la verdad que importa— no es algo que el hombre pueda poseer. Más bien, sucede al revés.

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