del non plus ultra

mayo 21, 2020 § Deja un comentario

Hay más allá. Porque hay muerte. No hay experiencia del límite —y la muerte es nuestro non plus ultra— que no suponga un afuera. Sin embargo, aquí la imaginación juega a la contra. Pues quizá nos equivoquemos al creer que ese más allá es para nosotros. No puede serlo si se trata de un estricto más allá. De hecho, el más allá, antes que un espacio, es un tiempo: cuando mueras, la vida seguirá sin ti. Quizá por eso, la pregunta decisiva no sea qué vida cabe esperar después de la muerte —como si el mundo fuera un vientre que nos arroja, una vez alcanzamos la suficiente madurez, a otro mundo o dimensión—, sino si los muertos podrán regresar a la vida que se les arrancó, a menudo, injustamente. Pues los cielos no son para el hombre. Creerlo es pecar de narcisismo. Sin duda, estamos ante una pregunta que, sensatamente, solo puede tener una respuesta. No podemos esperar la resurrección de los muertos como el campesino espera la época de lluvias. La esperanza no es una expectativa. Más bien, se declina en el modo del imperativo. La cuestión, sin embargo, es en nombre de qué o, mejor dicho, de quién, creemos que la muerte —el horror, la desgracia, el verdugo— no pronunciará la última palabra, que no debe pronunciarla. De ahí que nadie crea en lo inconcebible por su cuenta y riesgo sin hacer el ridículo.

¿Dónde estoy?

Actualmente estás viendo los archivos para Jueves, mayo 21st, 2020 en la modificación.