crisis

junio 12, 2020 § Deja un comentario

Durante las crisis, lo que quiere la gente es que haya alguien que se haga cargo de la situación —que cargue con su peso. Esto es, que tome las riendas, haciendo frente al griterio habitual —y cambiante— de las opiniones. Al fin y al cabo, que ofrezca una salida, un final feliz. Hablamos del líder o, en judío, del Mesías. El problema es que, en situaciones críticas, siempre habrá quien se presente como redentor. Y cuesta distinguir al verdadero del falso. Más bien, tendemos a dejarnos seducir por el falso. Pues la verdad no suele hechizarnos. De ahí el carácter desconcertante del canto de Isaías sobre el siervo sufriente: el redentor no aparecerá como tal, sino como el chivo expiatorio que soporta sobre sus espaldas nuestra tara. René Girard probablemente diera en el clavo con sus tesis sobre el carácter revelador de la cruz, al menos desde una perspectiva antropológica: el sacrificio salvífico, tal y como lo concibe la religión política, es una ilusión óptica. Y esto es lo mismo que decir que no hay solución política a los problemas de la política. O mejor, la solución política no termina de ser una solución, sino en cualquier caso una solución de compromiso, un parche. En bíblico, no hay solución histórica a los trances de la historia. Es lo que tiene estar en el mundo: que erramos de tregua en tregua, mientras seguimos soñando con una paz ex machina.

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