resurrección y síndrome de Capgras

junio 17, 2020 § Deja un comentario

Podríamos entender las apariciones del resucitado como una variante del síndrome de Capgras: es él mismo, pero no es el mismo. Como en los sueños, cuando hablas con tu padre —y sabes que hablas con él— a pesar de que estás hablando con otro. Sin embargo, esto es lo que podríamos decir nosotros hoy en día. En modo alguno, María, la que incialmente confundió al maestro con el jardinero: dime dónde lo has puesto. Ella sencillamente, de admitir nuestro diagnóstico, hubiera creído que, gracias a su síndrome, llegó a ver lo que nadie más podía ver. Todo lo que vemos depende de lo que damos por sentado con respecto a lo que hay, de los que presupuestos que rigen una determinada visión del mundo. Y María, junto al resto de los testigos, en absoluto podía poner en cuestión que hubiera un más allá. El problema es que el más allá, modernamente, se ha convertido en el objeto de una creencia —en la suposición de la subjetividad creyente. Quizá, con respecto a este asunto, no tengamos más remedio que partir de la sentencia del cuarto evangelio: dichosos los que creen sin haber visto. La cuestión es qué supone este punto de partida en relación con la naturaleza de la fe. Pues no se trata de caer en el fideísmo. Aunque tampoco de quedarse solo con el Jesús que andó por Galilea anunciando el final de los tiempos.

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