Facebook es Dios

julio 17, 2020 § Deja un comentario

No hay democracia. Hay votaciones. Pueblo y poder son, en realidad, sistemas autónomos, aunque colindantes. Esto es, el pueblo es el entorno que el poder ha de tener en cuenta. Y viceversa. Sin embargo, la interacción con el entorno en ambos casos no es la misma. El poder se adapta al pueblo manipulándolo (y más —enormemente más— en la época del big data). En cambio, la adaptación del pueblo al poder tiende a ser pasiva. El poder es el hombre. El pueblo, un animal. Así, el poder —lo podemos ver con la abundancia de fake news que nos invanden a diario— puede mentir impunemente… y no pasa nada (o casi nada). Ciertamente, la mentira —la manipulación— tiene un límite. Pero de momento da la impresión de que es asintótico. La deriva de las democracias occidentales hacia un totalitarismo de corte tecnológico es innegable. El poder siempre ha hecho lo mismo. No hay diferencia entre las tácticas de Goebbles y las de Trump. La diferencia pasa por los medios empleados —y el algoritmo opaco de Facebook es, incomparablemente, más eficiente que la radio o la televisión. De momento, las leyes democráticas siguen estando ahí como muro de contención. Pero, sobre todo en países institucionalmente débiles, es un muro de pladur. Para entender el ejercicio del poder no hay que leer el titular —la ley que se promulga—, sino la letra pequeña, el reglamento que determina su aplicación. Y hay mucha letra pequeña. Tendríamos que mirar a China para vislumbrar lo que nos viene encima. Aunque es posible que la palabra democracia siga siendo en Occidente la excusa. Quien controla la emisión de la verdad y del dinero tiene el poder. Y el poder, por defecto, se ejerce contra el débil. Siempre ha sido así. No es causal que el próximo paso sea la eliminación del dinero contante y sonante. Como tampoco lo es que Facebook quisiera —y sigue queriendo— lanzar una moneda propia. Evidentemente, siempre con la mejor de las intenciones —que si de este modo se dificulta el fraude fiscal, que si se limita la corrupción… En cualquier caso, el pueblo no tendrá más remedio que aceptar la nueva situación. Es lo propio de los siervos. Los chicos de Podemos, por decirlo así, harían bien en dejar a Marx a un lado y ponerse a estudiar informática. Pues cuanto más anonymus seamos, mayor será nuestro margen de libertad. Puede que la solidaridad del futuro pase por que todos nos convirtamos en infractores. Habrá que cruzar semáforos en rojo. Pues si nadie tiene puntos en el carnet de buen ciudadano, dejan de haber puntos. Difícil, sin embargo. Como sabe cualquiera que le haya echado un vistazo al dilema del prisionero.

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