hacerse cuerpo

julio 27, 2020 § Deja un comentario

Con la encarnación —ese imposible para quien sepa de qué se habla—, Dios deviene abrazable. Aún estamos lejos de comprender el alcance del dogma central del cristianismo. ¡Un Dios que cabe abrazar! ¿Y sigue siendo un Dios? ¿Acaso un Dios no debería mantener la distancia —no sea que nos demos cuenta de que no es nada del otro mundo? Si lo aceptamos como quien no quiere la cosa, será porque ya perdimos de vista el significado original de la palabra Dios (y ello en gran medida debido a dos mil años de cristiandad). Sencillamente, un Dios que se incorpora para poder llevarse al hombre del brazo está muy cerca de ser un oxímoron. Con todo, no tengo claro que el hombre quiera abrazar a Dios. En cualquier caso, su imagen de Dios, pero en modo alguno un Dios cuyo cuerpo sangra. No deja de ser extraño que la redención pase por dejarse ceñir por un cuerpo en estado de descomposición. Aunque quizá sea lo que corresponde a un Dios que no aparece como dios. Hay otro mundo. Pero está en este. Es, ni más ni menos, el mundo invisible de los invisibles, esos apestados. Y lo que hubiese más allá es, literalmente, otra historia. Al fin y al cabo, el Dios de los que sobran no puede ser otro que un Dios que no contó para el Olimpo. (Y aquí cabría añadir: porque quiso.)

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