la raíz es la ausencia de raíz

septiembre 7, 2020 § Deja un comentario

La pérdida es la experiencia fundamental de la existencia. Su envés, el de una imposible esperanza. Así, lo dado —lo presente— es donación, aun cuando lo dado es retenido por la conciencia como algo propio. La alteridad tuvo que dejarse atrás para que pudiera haber mundo. En realidad, no hay Otro salvo para el que lo perdió de vista. Este es el principio de nuestro extravío, de nuestra condición de existentes. En medio del mundo, somos la torre de control, incluso donde nos decimos que no somos el centro (de hecho, el que necesitemos decírnoslo confirma lo anterior). Estamos, pues, sometidos a las apariencias. No es posible ir más allá de lo que nos parece que es. Intentarlo es como salir del pantano tirándose de los propios cabellos (como en el cuento del baron de Münchhausen). Quizá por medio del ejercicio de la dialéctica. Pero su final es siempre un impasse, en cualquier caso una formalidad. El saber que manejamos —hoy en día, la ciencia— sustituye una apariencia por otra (en el caso de la ciencia, por una emotivamente neutra, más operable por cuantificable). De ahí, que con respecto a lo dado prevalezca el trato, la negociación. Sentimos en lo más profundo una nostalgía de lo absolutamente otro. Necesitamos la aparición como indicio de que hay más que el No. Ahora bien, una aparición, por su carácter insólito, parece indicar, pero en verdad no indica nada que no sea más mundo. El todo, para quien es capaz de comprenderlo, es el aún no todo. Pero lo que falta nunca podrá constituir una ampliación de las fronteras del todo.

¿Dónde estoy?

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