el problema de lo político

septiembre 16, 2020 § Deja un comentario

La política encuentra su razón de ser —su principio de legitimidad— en el bien común. Pero lo que la explica es el conflicto, la lucha por el poder. De ahí que el bien común termine siendo algo así como un producto lateral. Según podemos observar fácilmente, interesa más la derrota del adversario que el acuerdo. En política, todo consenso es in extremis. Y evidentemente ello dependerá, al menos en tiempos normales, de lo que se considere una situación extrema. En definitiva, dependerá de la inteligencia práctica —la prudencia— de los políticos. Donde esta falta —y suele faltar— no habrá pacto que valga, mientras el enemigo pueda morder el polvo. Sobre el papel, los partidos que en principio representan intereses opuestos deberían lograr soluciones de compromiso. Pero no es lo que de facto sucede cuando lo que está en juego es conseguir el poder. Puede que las democracias solo sobrevivan donde quienes ejercen la política entiendan que deben mediar entre intereses enfrentados antes que representarlos. Por definición, todo poder tiende al poder absoluto. Y donde el objetivo es mantenerse en el poder o intentar alcanzarlo, no hay tiempo para mucho más. En este sentido, no es causal que tengamos la impresión de que el principal propósito de la oposición, sea cual sea su color, no es que el país funcione, sino el fracaso de quienes gobiernan. Que cuanto peor, mejor. Y viendo lo visto por estos pagos, casi estamos tentados de decir que, parafraseando a Unamuno, lo ideal sería que nos gobiernen otros. Jovellanos, en realidad, tuvo más sentido de Estado que aquellos patriotas que lo acusaron de afrancesado. Desgraciadamente, el percal sigue siendo más o menos el mismo.

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