insoportable

octubre 3, 2020 § 3 comentarios

Se nos dijo: Dios está en los pobres. Y es verdad. Sin embargo, nosotros continuamos con lo nuestro, seguimos instalados en el hogar. Como si Dios no fuera el que es. En su lugar, un dios a nuestra medida —un dios con el que poder charlar en la intimidad—. Sin embargo, si estuviéramos poseídos por el celo de Dios ¿acaso no lo dejaríamos todo e iríamos en su busca, en la dirección del arrabal? Quizá es lo que deberíamos hacer. Pero ¿podemos? ¿Acaso Dios no nos coge siempre a contrapié? ¿Cabe desear a un Dios que nos saca de quicio —que nos convierte en extranjeros—? Nuestro pasar de Dios, ¿no sería el índice de que, por mucho que nos llenemos la boca con su palabra, preferimos no saber nada de Dios? Nuestra piedad religiosa, a menudo tan satisfecha de sí misma, ¿es que no encubre el clamor de Dios? En cualquier caso, y como suele decir el jesuita Manolo Fortuny, la diferencia entre darlo todo o casi todo es infinita.

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