fragilidad

octubre 6, 2020 § 2 comentarios

No podemos ser un dios, aunque fantaseemos con ello, pero sí ver el mundo desde la grada de un dios. En esa grada confluyen la piedad y la theoria, el sentido del milagro y el nihilismo que todo lo disuelve. La espiritualidad y la filosofía que vive de la sospecha se dan la mano en la contemplación distante de cuanto es. Mientras tanto, seguimos con lo nuestro. Como si importase —como si en lo que nos traemos entre manos hubiera alguna solidez—. El hogar es un trampantojo. Así, triunfa la ilusión. La verdad se halla en la intemperie. Aun cuando nos obligue a callar. O por eso mismo.

¿Dónde estoy?

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