incoherencia sentimental

noviembre 6, 2020 § Deja un comentario

Muchos creyentes, diría, viven su fe de manera un tanto esquizoide. Por un lado, sienten hallarse bajo una bendición de fondo. Por otro, también son conscientes de que la Creación está quebrada. Hay algo en el mundo —y algo atávico— que se decanta por el No. Ciertamente, aquí podríamos zanjar el asunto diciendo que la naturaleza es ambigua. Como si la bendición y la maldición fuera las dos caras de lo mismo. Pero el creyente, con razón, se resiste al maniqueísmo. Pues su convicción es que lo primero fue el Sí. Sin embargo, difícilmente llega a integrar el Sí y el No. Más bien los sitúa en compartimentos estancos. Así, hay momentos en los que siente hallarse bajo el amparo de Dios y momentos en los que no siente dicho amparo, momentos en los que le alcanza el dolor del mundo. Ahora bien, al vivirlo de este modo, ese dolor viene a darse como el inconveniente de una mosca cojonera. En modo alguno, como el que pone a Dios —y de paso, al hombre— contra las cuerdas. Por eso, es raro que quien permanece en la seguridad religiosa termine en la perplejidad de Job, ese punto de partida.

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