estar en deuda

noviembre 19, 2020 § Deja un comentario

Actualmente, no es posible pensar la economía si antes no reflexionamos sobre lo que implica funcionar con dinero-deuda. Dicho de otro modo, el punto de partida ya no puede ser el sistema productivo —o si se prefiere, las relaciones de producción—, sino hecho de que pagamos con apuntes contables. Y quien dice pagar, dice ingresar. El dinero-mercancía —el contante y sonante, el oro en su origen— hace tiempo que ha sido reducido a un papel testimonial. Sencillamente, que haya o no dinero dependerá de que cuadre la contabilidad de los bancos —que los activos (principalmente, los créditos concedidos) cubran los pasivos (básicamente, los depósitos). La gracia del asunto es que el dinero de los depósitos también es deuda. Quizá el dinero siempre fue un apunte contable, como sostienen muchos neokeynesianos (o no tan neos). Pero en cualquier caso, hoy lo es. Y esto significa que no es verdad que tengamos dinero como quien tiene cosas. De hecho, creerlo es nuestra gran ilusión, una ilusión que al entramado financiero no le interesa desmentir.

La importancia de partir de ahí es que nos permite comprender mejor la causa de la creciente desigualdad que hoy en día se constata en las economías prósperas. Por no hablar de la posibilidad, sin duda mareante, de que tu dinero desaparezca de un día para otro. Aunque podemos apostar a que no desaparecerá para todos por igual. Consecuentemente, la cuestión principal quizá no sea cómo redistribuir las rentas generadas por el sistema productivo —aunque a corto plazo sea una cuestión ineludible—, sino cómo limitar el inmenso poder de quién produce el dinero… sin que ello implique el colapso de la producción de bienes.

quien sabe

noviembre 19, 2020 § Deja un comentario

Ciertamente, comenzamos a saber de qué va el asunto con la experiencia. Pues solo la experiencia nos permite generalizar. Así, quien sabe de vinos —o de mujeres— es porque es capaz de exponer lo que tienen en común. Sin embargo, la expresión máxima del saber no la encontramos en la generalización, sino en el poder reconocer el carácter excepcional o sin medida de un caso singular. Tan solo quien sabe de vinos puede decir que tal o cual vino es único. Como si ese vino fuera el vino. Al fin y al cabo, no hay otra realidad que la encarnada.

(Y quien dice realidad, dice Dios. Una divinidad que se redujera a los rasgos comunes de los dioses habidos y por haber no dejaría de ser un mero concepto, una abstracción. Flatus vocis. Literalmente.)

¿Dónde estoy?

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