Dios y el algoritmo

junio 7, 2021 § Deja un comentario

Antiguamente, los augures, como sabemos, indagaban en las vísceras de un animal —o en la trayectoria de un cometa— buscando signos. ¿Nuestro ejército vencerá? ¿Dónde nacerá el Mesías? Hoy en día, la decisión la proporciona el algoritmo, tan complejo y opaco como la intención de un dios. Seguimos en manos de lo que no terminamos de entender. Solo que ahora el dios es nuestro hijo. Y quizá no sea necesario haber leído a Freud para, cuando menos, intuir que, tarde o temprano, un hijo tiene que matar al padre. Es lo que quiso decirnos Mary Shelley al escribir su Frankenstein. Un hijo es un monstruo. Dios firmó su sentencia de muerte cuando quiso ir más allá de sí mismo creando una humanidad a su imagen. También la firmarán los hombres cuando logren colocar una inteligencia de silicio, por decirlo así, en un cuerpo de carne y hueso. No hay paternidad que no sea sacrificial. De ahí que un padre solo pueda sobrevivir por la piedad de aquel a quien engendró. Aunque su piedad —y acaso sea esto lo que un hijo ignora— suponga el fin de la historia.

¿Dónde estoy?

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