Halloween

octubre 31, 2021 § Deja un comentario

¿Cómo pudimos creer que un Dios llegara a interesarse por nosotros? ¿Porque adoptó un aspecto humano? Eso no basta. También nos disfrazamos en Halloween. ¿Porque hubo hombres buenos que tuvieron de su lado el poder de un Dios? De hecho, esta fue la vía cristiana. En cualquier caso, creer que Dios es bueno porque así lo siento tiene más que ver con nosotros que con Dios… y, por tanto, con un haber olvidado qué significa ser un Dios. Y es que un Dios es, por defecto, un monstruo —un inconmensurable: como el hombre con respecto a las pulgas—.

nihilismo y experiencia de lo divino

octubre 30, 2021 § Deja un comentario

Por lo común, y en ciertas canchas, se asocia la experiencia mística al nihilismo. Dios, al fin y al cabo, no es nada en concreto. Sin embargo, no hay que ser muy místicos para entender el nihilismo como la experiencia más cercana a la del primer hombre ante el exceso de lo natural, sobre todo, cuando la falta de sentido es vivida a flor de piel: tú, sencillamente, no cuentas; no eres nadie. El paso de la nada al nadie es, de hecho, muy corto. No es necesario apuntar a lo oculto para sentir religiosamente el mundo. Basta con la desmesura de un cosmos sin fin. Todo éxito es ridículo. De ahí que podamos preguntarnos cómo fue que, en un momento dado, llegáramos a imaginar que un dios pudiera tenernos en consideración. ¿Es que no pecamos de narcisismo al creer que un dios podría interesarse por nuestros sacrificios? Por no hablar de la idea gnóstica de que hay en nosotros una chispa divina… La magia, ese intento de capear técnicamente el temporal ¿no fue acaso más honesta? Nuestra época, tan tecnológica, ¿no representará, por eso mismo, el regreso de los magos? En cualquier caso, no hay fe que no atraviese los lager donde el nihilismo se impone como una revelación.

the absolute sound

octubre 29, 2021 Comentarios desactivados en the absolute sound

La filosofía puede pensar lo absoluto —lo enteramente otro o extraño. Pero no puede, literalmente, incorporarlo a la existencia. Para el filósofo, la alteridad de lo real permanece en el plano de lo abstracto. De ahí que su inquietud termine en una variante del escepticismo socrático: hay más, pero no para nosotros. Ni siquiera cabe decir que se trate de algo en concreto —de algo que pudiéramos ver si llegásemos a cruzar la puerta. En realidad, no puede darse como tal, pues precisamente se da como lo que no se da en su mostrarse a una sensibilidad.

Sin embargo, quien posee una sensibilidad religiosa no quiere renunciar a integrar, al menos hasta cierto punto, lo absoluto o, si se prefiere, lo último. Quiere estar ante Dios, aunque sea sin Dios. En este sentido, el creyente no puede evitar ir en busca del icono, del rostro cargado con el poder de la bondad —al fin y al cabo, en busca de la aparición del ángel. Tan solo el ángel nos salva del infierno de una existencia sin prójimo. Nada nuevo puede haber —nada que interrumpa el eterno retorno de lo mismo—, salvo la aparición. Aun cuando, por defecto, lo absolutamente nuevo no pueda durar. Pues de lo contrario, fácilmente llegaríamos a acostumbrarnos a su presencia. No hay aura que resista la fuerza de la costumbre.

Con todo, es posible que el creyente ignore que el ángel aparece, no como el que nos deslumbra, sino como aquel que pide que lo descolguemos de su cruz. Un ángel más que seducirnos, nos repugna. Al menos, de entrada.

¿salva la fe?

octubre 28, 2021 § Deja un comentario

Uno de los leitmotiv de los evangelios es aquello de que tu fe te ha salvado. Ciertamente, Jesús, como taumaturgo, es movido por la compasión. Pero la eficacia del milagro depende de la confianza del leproso, el tullido, el padre de la muerta… ¿Hablamos de un Dios que exige que se le implore el favor que podría condecer espontáneamente? Quizá da esta impresión. Sin embargo, la idea de fondo es, más bien, que Dios no puede hacer nada sin la adhesión del hombre. Y una adhesión que se dirige, antes que a Dios, a quien ocupa su lugar —a quien carga con el peso de su trascendencia—. Como si al fin y al cabo, no solo estuviera en juego la humanidad del hombre sino también la realidad de Dios. Como si no tuviera otras manos que las nuestras.

resurrección e inmortalidad

octubre 26, 2021 § Deja un comentario

Es sabido que las apariciones del crucificado fueron vistas desde diferentes marcos interpretativos o lenguajes. Básicamente, o bien, se trataba de una exaltación —a la manera de los héroes griegos—, o bien de una resurrección stricto sensu. En cualquier caso, nada que sorprendiera en exceso desde dichos marcos. ¿Acaso Elías no fue igualmente llevado en carro de fuego a los cielos? Como también es sabido, al final se impuso el lenguaje de la resurrección, cuyo marco es apocalíptico. En este sentido, la resurrección anunciaba un reset de dimensiones cósmicas: todo volvía a empezar de nuevo (y se supone que bajo el reinado de Dios, un reinado muy terrestre). Jesús fue, sencillamente, el primero en regresar con vida del sheol. Sin embargo, da la impresión que, al retrasarse el reset, el cristianismo histórico terminó decantándose de facto por el lenguaje de la exaltación y, con ello, por una fe a la griega: tras la muerte, y en el mejor de los casos, iremos a parar a los cielos como almas puras. Ciertamente, se sigue recitando el credo. Pero en los funerales no es raro escuchar que el muerto nos está esperando en la otra dimensión junto a Dios. La pregunta es si esta expectativa no traducirá, en el fondo, una falta de esperanza en la redención del mundo. Aunque otro asunto, y no secundario, es si acaso esta desesperanza no tendrá que ver con que ya no podemos tomarnos muy en serio el acontecimiento de la resurrección, esto es, con nuestra dificultad para leerlo bien. No en vano dijo Hegel que incluso la verdad termina siendo con el tiempo otra cosa.

amor y perdón

octubre 25, 2021 § Deja un comentario

El amor, frente al mito romántico, es un fruto tardío. Casi diría que surge del perdón de lo imperdonable (y como decía Derrida, solo cabe perdonar lo imperdonable; lo que no, exige tan solo una disculpa). Acaso no haya vínculo más fuerte que el que nace de un haber sido perdonado. Esto es, entre heridos. De ahí que el amor solo pueda ser narrado como historia de amor. Y esta no termina con las perdices. Más bien, comienza.

una esperanza para los caídos

octubre 25, 2021 § Deja un comentario

¿Qué pueden esperar en nombre de Dios los que sufren la desgracia? ¿Qué futuro para los desdichados? ¿Un Dios que cuelga de una cruz? Pero entonces, ¿no estamos cerca de abortar cualquier esperanza? Los pobres ¿acaso no esperan un mesías, a alguien que, con el poder de un dios, los saque del callejón sin salida en el que se encuentran? Sin duda. Pero ¿qué mesías acaba en el Gólgota? ¿Fue Jesús de Nazaret un fake? Ciertamente, y según la confesión cristiana, la resurrección —que no la cruz— fue la respuesta de Dios al sufrimiento. Ahora bien, lo fue en tanto que se anunció como el prólogo de un final de los tiempos. Sin embargo, el libro aún está por escribir. Y quizá sea por está razón que la fe en la resurrección haya terminado siendo un modo de hablar de la inmortalidad del alma, algo así como una variante de en los cielos ya te compensarán. Opio del puro. Nada que ver, por tanto, con el reset de dimensiones cósmicas que presagiaban las apariciones.

Con todo, si es cierto que el crucificado vuelve a la vida con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo —si es cierto que el abandonado de Dios que se abandona a Dios revela un Dios que no quiso ser Dios sin la fe del hombre—, entonces la resurrección no apunta tanto al día D como al mientras. De este modo, la pregunta por la esperanza deja a un lado el horizonte de la cosmovisión para convertirse en una pregunta dirigida a cada creyente. ¿Qué espera el pobre? Sencillamente, te espera a ti. No hay deus ex machina que valga como Dios. En cualquier caso, aquellos que ocupan, aunque a contrapié, el lugar del mesías. Esto es, lo siguen.

depende

octubre 24, 2021 § Deja un comentario

Si la religión se basa en el sentimiento de dependencia —si este es el reverso de nuestra fragilidad—, entonces la religión no tiene cabida en un mundo donde el hombre entiende cualquier dependencia como contraria a su libertad. Otro asunto —y este sería el asunto que el cristianismo pone religiosamente encima de la mesa— es que la verdadera dependencia no se dé con respecto a una potencia inconmensurablemente superior, sino en relación con lo inferior, en concreto, frene a un Dios caído en desgracia. La cuestión, sin embargo, es cómo entender esta dependencia. Pues, desde la cruz, difícilmente podemos entenderla análogamente a la que experiementa un hijo con respecto a su padre todopoderoso (desde la óptica del hijo). Quizá como aquella aquella en la que se decide, paradójicamente, el sí o el no de nuestra entera existencia. Esto es, el seguir incurvatus in se o de pie. Aunque este de pie sea un de rodillas. Pues el hombre solo logra elevarse por encima de sí mismo ante el extraño o absolutamente otro, en última instancia, respondiendio a su acusación. De ahí que, cristianamente, la extrañeza del extraño no resida en un rasgo gigantesco, al menos, porque lo gigantesco no tiene nada de extraño, a pesar de que, ciertamente, pueda impresionarnos, dado que no es más que lo que quisiéramos para nosotros mismos, sino en lo que dejamos atrás por despreciable, el excremento del que quisimos separarnos para devenir alguien, aquel que se convirtió en invisible a causa de que no pudimos ni verlo. Sin embargo, acaso no haya otra liberación que la que pasa por abrazar al desestimado. O mejor dicho, en dejarse abrazar por él. El problema es que no se trata de algo que podamos preferir como quien no quiere la cosa.

palabra crucis

octubre 23, 2021 § Deja un comentario

Que el crucificado se revele como palabra de Dios no deja de ser algo curioso —por no decir, irónico—, al menos desde fuera. Pues lo que conduce a la revelación del elevado sobre el Gólgota como palabra hecha carne es, precisamente, el silencio de Dios. Puede que, cristianamente, no haya otra mística que la de la cruz, la cual, como decía Metz, nos deja los ojos bien abiertos. Y no solo de estupefacción.

un café con Miguel Ángel (y 3)

octubre 22, 2021 § Deja un comentario

Muchos cristianos aún siguen dirigiéndose a Dios como si no hubiera habido encarnación. Esto es, como si Dios siguiera siendo el dios de la religión, aquel que puede seguir siendo divino sin necesidad del hombre. Pero lo cristiano es pedirle a Dios por Dios, esto es, por el Reino —no hay otra oración, por decirlo así, que el padrenuestro—, habiendo incorporado, sin embargo, que Dios no tiene otro rostro —otra entidad— que el de un apestado de Dios que se entrega a Dios.

juego de palabras

octubre 21, 2021 § Deja un comentario

Si la Palabra se hizo carne, entonces la última palabra no es una palabra, sino un gesto. O un silencio elocuente.

dilema crucis

octubre 20, 2021 § 1 comentario

Si los relatos de la resurrección se entienden como un modo de referirse, ya superado, a una experiencia interior, entonces el cristianismo terminará disolviéndose en las inmensas aguas del océano gnóstico-oriental: triste destino para aquellos a los que se les encomendó ser la sal de la tierra. Pero si, por contra, se insiste en que se trató de un hecho histórico, como la batalla de Jena pero en plan paranormal, entonces el cristianismo cae en un irrelevante ridículo. Por no hablar de que el Dios que se revela en la cruz no casa con el deus ex machina que levanta a los muertos de sus tumbas.

Ciertamente, en los inicios, fue inevitable concebir la resurrección como un prodigio ex maquina. Sin embargo, tras una lenta digestión de cuatro siglos, el cristianismo llegó a la convicción de que el Padre —el absolutamente otro y, por eso mismo, eternamente por ver— no es nadie sin el cuerpo del Hijo. Y esta convicción no es, estrictamente hablando, religiosa. Al fin y al cabo, la dura lección de la dogmática trinitaria es que Dios no tiene otro rostro que el de un crucificado en su nombre, el cual, en su muerte, regresa a la vida con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo. Dicho de otro modo, el que la resurrección fuera un hecho sobrenatural para quienes sufrieron las apariciones, aun cuando para nosotros el hecho sea que algunos creyeron ver al resucitado, hizo posible la revelación de Dios como el abandonado de Dios que se abandona a Dios. De ahí que la esperanza en la resurrección coincida, en definitiva, con la de una nueva creación, algo así como un volver a empezar, aunque está vez sin orgullo de por medio. Nada que ver, a pesar de lo que se cree, con la vida posmortem de unos cuantos espectros puros.

Ahora bien, esta esperanza resulta tan increíble como el hecho mismo de la resurrección. No es casual que Pablo hablase de una esperanza sin expectativa. Y para, al menos, intuir por dónde van estos tiros, basta con preguntarse en nombre de qué —o mejor dicho, de quién— el cristiano espera lo que el mundo no admite como posibilidad. Sencillamente, un cristiano es aquel que, habiendo visto y oído lo que vio y oyó —y esto tiene que ver con las historias de redención que tienen lugar en el sento del infierno, comenzando por la del Gólgota—, no puede creer que el No tenga la última palabra. Aun cuando no logre concebir, salvo a través de imágenes inverosímiles, cómo acabará imponiéndose el Sí.

Moltmann (1)

octubre 19, 2021 § 2 comentarios

Escribe Moltmann en El Dios crucificado: la cruz expulsa los elementos sincréticos del cristianismo. Traducción: expulsa los elementos gnósticos o pseudo-orientales, tan de moda actualmente. Pues el Gólgota revela cualquier ideal que se decida desde nuestro lado como ridículo. Al fin y al cabo, la teología debe, acaso en primer lugar, enfrentarse a la pregunta que el crucificado le dirige a Dios: ¿por qué me has abandonado? Y esto para saber de quién hablamos cuando hablamos de Dios. De no hacerlo, fácilmente caerá en las procelosas aguas de la devoción, en el peor sentido de la palabra, aquel que nos arroja, precisamente, al onanismo espiritual.

un café con Miguel Ángel (2)

octubre 18, 2021 § Deja un comentario

No da la impresión de que haya alternativa al status quo. ¿El futuro? Más de lo mismo. O peor. La concentración del poder es cada vez mayor (y así, aumentan las desigualdades). Quizá ya no haya capitalismo, sino algo parecido a un neofeudalismo del capital. Ninguna alternativa concebible, salvo la naïve. Sin embargo, nada nuevo bajo el Sol. Israel ya vivió una situación parecida bajo el yugo de diferentes imperios. Su pregunta no fue qué ideal debería orientar nuestro activismo, sino a quién responder… y luego Dios dirá. Esto es, hay que sacar a esos niños que viven como ratas en el metro de Moscú. ¿Y después? Lo inconcebible: que el león coma hierba. Si Dios —y el hombre— quiere.

uno fariseo, otro publicano (y además Maslow)

octubre 17, 2021 § Deja un comentario

¿Es posible que los cristianos de misa sean, en su mayoría, los fariseos de la parábola de Lucas (Lc 18 9-14)? ¿Acaso no se sienten tan satisfechos con su fe (y de paso, consigo mismos)? Maslow nos da una pista. Primero, hay que cubrir las necesidades básicas: comer, vestirse, un hogar… Tan solo en la cúspide de la pirámide encontramos las necesidades espirituales. De ahí que quizá no sea casual que los cristianos más cercanos a la Iglesia —o los más sensibles a las cuestiones de fondo— hayan sido, por lo común, aquellos a los que nos sobra. Para los que tienen de menos, el cristianismo solo puede ser mesiánico (y esto significa que, en términos de Maslow, las necesidades espirituales de los pobres son muy básicas, muy corporales). Pues están convencidos —y convencidos a flor de piel— de que únicamente un enviado de Dios podrá sacarlos del pozo.

Pero los profetas siempre acabaron mal, apedreados, precisamente, por los representantes del dios que garantiza el orden natural. Entonces ¿qué esperanza les queda a los desgraciados, al margen de la revolución (y esta vez sin ninguna intervención ex machina)? ¿Un Dios crucificado? Ahora bien, esto ¿no está muy cerca de decir que no hay esperanza para los excluidos? De no haber habido resurrección, esta sería, sencillamente, la dura lección del Gólgota. Por eso, la fe en la resurrección sigue siendo decisiva, hoy en día como antiguamente, para la supervivencia del cristianismo en cuanto tal. Como dijera Pablo, de no haber habido resurrección, la fe sería una estupidez (o si se prefiere, un chute de opio). Sin duda, puede sobrevivir como una espiritualidad entre otras, pero en ese caso ya no sería cristianismo, sino algo parecido a una creencia oriental con temas cristianos. No obstante, el problema que plantea la resurrección, y no solo modernamente, es que resulta increíble (y aquí, con la intención de salvar los muebles, no vale traducirla como si los apóstoles hubiesen querido decirnos simplemente que Jesús sigue vivo en nuestros corazones). En consecuencia, el cristianismo riega fuera de tiesto donde pretende hacer las paces con la Modernidad antes de tiempo, esto es, sin aportar una crítica —y una crítica frontal— a los presupuestos que la hicieron viable. Y es que, tarde o temprano, el creyente tiene que caer en la cuenta de que no hay otro Dios que el imposible.

un café con Miguel Ángel (1)

octubre 16, 2021 § Deja un comentario

No hay algo así como un encuentro de las almas donde olvidamos el cuerpo. Todo comienza con el cuerpo y termina con el cuerpo. Pero no porque tan solo haya cuerpo. Hay alma, aunque esta, como un continuo diferir de la máscara con la que nos identificamos, en modo alguno pueda entenderse como una especie de fantasma interior. Ahora bien, porque hay alma el cuerpo de los comienzos no es el mismo que el del final. En los inicios, el cuerpo se dirige al otro con ilusión, en el doble sentido del término. Al principio, el otro, inevitablemente, se presenta como un ídolo, por decirlo así. Prevalece la necesidad, el tener que comer. Al final, sin embargo y en el mejor de los casos, el alma, ese indigente, coincidirá con el cuerpo. Pues los amantes solo se encuentran en realidad como cuerpos derrotados, esto es, una vez se impuso el desencuentro. En la derrota, sin embargo, aún cabe un último gesto, el de la caricia o el abrazo, al fin y al cabo, el de un perdón sin palabras. Pues aquí una palabra más estaría de más. O por decirlo en cristiano, sin otra palabra que aquella que se hizo carne. Se trata de un volver a empezar con las cicatrices de la cruz. Aunque tampoco nos quede mucho tiempo por delante. O por eso mismo.

neo-evangelización

octubre 15, 2021 § Deja un comentario

Quizá el problema de la nueva evangelización, tan cercana al viejo gnosticismo, es que, convierte a Dios en algo así como un poder subyacente de cuya fuerza podríamos participar… de hacer lo debido. Esto es, en una especie de arjé con un componente moral. Evidentemente, dentro de este marco, el credo cristiano deviene ininteligible. Pues el Padre difícilmente seguirá siendo aquel que no tiene otro rostro que el del Hijo (y por eso mismo un extraño en cuanto tal). Para la nueva evangelización, la realidad de Dios es independiente de la respuesta del hombre a su invocación. Sin embargo, que Dios tenga carne significa, al fin y al cabo, que Dios en sí —esto es, como Padre— es el Dios que aún no es nadie sin el fiat de ese cuerpo en el que quiso reconocerse desde el inicio (y del que fue apartado). De ahí que el Dios cristiano esté en las ańtípodas del titiritero espectralen el que muchos todavía creen. Aun cuando también del dios-fuente-de-energía-positiva de la nueva evangelización. En cualquier caso, el gnosticismo, sea cual sea su capa, convierte a Dios en un dato, aunque necesitemos esforzarnos para descubrirlo. Como si se tratara de un tesoro por desenterrar. Y puede que sea a causa de este como si que el gnosticismo`nos parece profundo, cuando lo cierto es que convierte a Dios en una obviedad… dado que es racionalmente obvio que tiene que haber algo así como un primer principio. Sin duda, para una sensibilidad religiosa no basta con saberlo. Al menos, porque su pregunta es a qué nos obliga dicho primer principio, ritual o moralmente hablando, si de lo que se trata es de la plenitud. Ahora bien, el horizonte de la fe cristiana no es tanto la plenitud como la redención. Y quien dice redención dice absolución. Pero ¿quién creerá, hoy en día, que nos encontramos sub iudice ante los que no cuentan?

¿amar a los enemigos?

octubre 14, 2021 § Deja un comentario

Se nos dijo, amarás a tu enemigo. Sin embargo, basta con imaginar al nazi que coloca la soga en el cuello de tus hijos, al hutu que los mata a machetazos mientras duermen, al marine que está a punto de ametrallarlos en My Lai… para comprender que no estamos ante un mandato moral. No estamos fuera de juego donde no somos capaces de amarlos. Más bien, está más cerca de lo monstruoso que de lo humano. De hecho, no es secundario que, en judío, el deber moral, antes que como norma, se revele como promesa. El horizonte de la Ley mosaica es, en definitiva, el imposible futuro de Dios como el imposible futuro del hombre. E imposible en tanto que inconcebible salvo como ilusión. De ahí que la promesa solo pueda realizarse como una especie de reset cósmico que en modo alguno podemos esperar solo desde nuestro lado. Aunque tampoco solo desde el lado de Dios. La esperanza creyente no la sostiene ningún saber. Ni siquiera hipotético.

una fábula cristiana

octubre 13, 2021 § 1 comentario

No soy Dios sin ti —dijo Dios de buen principio—. Pues quiero tener tu rostro. Pero aquel a quien apuntaba la intención divina pasó de largo. Dios devino un nadie. Más adelante, hubo quien se tomó en serio lo que Dios quiso para sí mismo (y para el hombre). Pero Dios ya había muerto como dios. Nadie ahí arriba que pudiera rescatarlo de la desgracia. En cualquier caso, alguien ahí abajo —o mejor, entre el cielo y la tierra como quien cuelga— que logró rescatar a Dios de entre los muertos, aunque sin saberlo. A partir de entonces, Dios volvió a tener un cuerpo.

Dios y los poderosos

octubre 11, 2021 § Deja un comentario

Hay que entender antes qué significó que la divinidad estuviera del lado de los poderosos para comprender el alcance la revelación bíblica. Así, no solo que Dios fue la excusa que legitimó durante siglos el ejercicio del poder, sino también que a lo que les va bien —las buenas familias— suelen ser más sensibles a los asuntos espirituales. A los pobres, la superstición. De ahí que sea sumamente desconcertante un libro como el de Job. Al menos, porque una de sus moralejas es que nadie se acerca a Dios sin antes sufrir el abandono de Dios (y el Dios al que se acerca Job no es, precisamente, el Dios que los amigos de Job, los cuales representan la típica sensibilidad religiosa, dan por descontado). Por no hablar de la identificación de Dios con aquel que colgó de un madero en nombre, precisamente, de Dios. Esto es, en su lugar.

de la devota superstición

octubre 10, 2021 § Deja un comentario

¿Dirigirse a Dios como al ángel de la guarda de nuestra infancia? No toca, dice el ilustrado (e incluso siendo —o creyendo ser— aún cristiano). Sin embargo, de no permanecer fieles al niño que llevamos dentro, ¿cómo echar en falta a Dios cuando se revele su verdad, la de aquel que trasciende los cielos hasta la desesperación? ¿Cómo dirigir el llanto a un Dios cuya presencia es la de su ausencia si ya nos convencimos a nosotros mismos de que no podía haber ahí ningún dios? ¿Acaso la fe no fue siempre un invocar a Dios por Dios (y obrar en consecuencia)? Y es que donde fuimos adultos antes de tiempo difícilmente cabe una segunda ingenuidad.

sabiduría y secreto

octubre 9, 2021 § Deja un comentario

Un sabio es aquel que conoce nuestro secreto: que, en el fondo, no somos nadie —pues fuimos hechos a imagen de Dios—, apenas unos náufragos que buscan abrazarse para no hundirse… aunque, en el día a día, vayamos ocultándolo. Como si supiéramos nadar. De ahí su poder: él es el único que puede poner el dedo sobre la llaga, descubrirnos. Sin embargo, se trata de un poder que difícilmente ejerce, salvo sobre sí mismo o sus amigos-discípulos. Y de ahí también que, para quien sabe de qué va el juego, el mundo sea una feria de vanidades. Esto es, un alimentarse de viento.

ad aeternum

octubre 8, 2021 § Deja un comentario

Es posible que, de alcanzar la inmortalidad por nuestros propios medios, más que derribar un muro, hubiéramos cerrado una puerta. Como el feto que hubiese conseguido permanecer para siempre en la matriz.

de la fe infantil a la fe adulta

octubre 7, 2021 § 1 comentario

Cuando niños, al rezar el padrenuestro, nos dirigíamos a Dios como podíamos dirigirnos al ángel de la guarda: que me vaya bien el examen de mates. Et cetera. De adultos, quizá lo sigamos rezando… pero para pedirle a Dios por Dios. Puede que la vida sea un viaje del niño al adulto… para volver, en definitiva, al niño. Solo que, con la segunda ingenuidad, Dios tendrá un rostro (y un rostro que acaso, como mujeres y hombres sensatos, preferiríamos no ver).

no hay cielos (aunque tampoco infiernos)

octubre 6, 2021 § 1 comentario

De habitar un mundo perfecto —un paraíso— no podríamos evitar la sensación de que nos hallamos en un mundo irreal o fantasmagórico. Como si estuviéramos en un sueño.Pues donde hay luz, hay oscuridad (y no hay que ser un Heráclito para darse cuent). Donde todo fuese luz, sencillamente no habría luz. Ergo, no pueden haber cielos que valgan. Pues, se supone que en los cielos no cabe la oscuridad. En este sentido, quizá no sea casual que la esperanza bíblica apunte a una nueva humanidad, aquí en la tierra, y no a un más allá de espectros puros. Por no hablar de que, según el cristianismo, incluso en los cielos, de haberlos, Dios, como tal, seguiría estando por ver.

a vueltas con el ser

octubre 5, 2021 § Deja un comentario

El bien y el mal ¿pueden desligarse de lo que nos parece bien o mal? ¿Fue Auschwitz el índice de un mal absoluto? Difícilmente podemos evitar verlo así. Pero ¿lo fue en realidad? Desde la óptica de un dios que nos viera como nosotros vemos a los insectos ¿acaso Auschwitz podría ser algo más que un dato natural? ¿Cómo deberíamos juzgar que dos amebas devengan una? ¿Como un acto de amor o, por el contrario, como canibalismo? La violencia sin piedad se ejerce y se sufre. Pero ¿es malvada? No hay hechos morales, decía Nietzsche, sino interpretaciones morales de los hechos (y aquí Nietzsche deviene un discípulo exaltado de Hume). ¿Hay Bien o tan solo perspectivas? Pero ¿acaso la pregunta por el Bien no es esta la pregunta por lo absoluto —por lo que se ab-suelve de cualquier aparecer—? La cuestión nos obliga, hoy como siempre, a preguntarnos de qué hablamos cuando hablamos de lo real.¿Desde qué lugar se decide la cuestión? ¿Desde las gradas de un espectador imparcial —del dios que nos observa como el entomólogo, la mantis religiosa—? Quizá. Pero el espectador, ¿puede ver lo que ven quienes forman parte de la escena —y sobre todo la sufren—, a saber, la nada (o el nadie) que sostiene el mundo? Para el entomólgo no hay espera —no hay Otro que valga—, ninguna pregunta que vaya más allá de la curiosidad. Contamos con una variante: ¿hubo realidad antes de que surgiese la conciencia? Ciertamente, es lo que damos por descontado. Sin embargo, ¿puede haber realidad sin aparición? ¿Acaso lo real no es lo que de algún modo se muestra? Cierto. No obstante, la desaparación o retroceso de lo absoluto es lo que va con su revelación. De ahí que lo absoluto —el Otro, el Bien…— sea pasado irrecuperable o eterno porvenir. En modo alguno, presente. Por consiguiente, hay Bien —u Otro—, pero no para nosotros. O mejor, el Bien —lo que debe ser— es un debe haberlo. Los hechos ancestrales serían, en este sentido, algo así como la imagen del carácter inevitablemente ancestral de lo absoluto.

android

octubre 4, 2021 § Deja un comentario

El Dios que tiene pendiente su quién ¿no será una especie de robot, un dios hierático, por parálisis, hasta la desesperación? Por otro lado, ¿podemos seguir diciendo que la resurrección confirma la identificación de Dios —estrictamente el Padre— con el crucificado donde Dios no procede, ni puede proceder, ex machina?

eleidad

octubre 3, 2021 § Deja un comentario

¿Dios? La piedra en el zapato que perturba la relación entre dios y el hombre. Incluso la más íntima. En este sentido, Dios no es tanto un Tú como un Él. Aunque se trate de un Él sin otro referente que el de aquellos que lo re-presentan: los leprosos, los que no cuentan, los crucificados. Al fin y al cabo, aquellos que preferimos no ver, los invisibles como Dios. De ahí que no sea casual que la trascendencia de Dios —su desplazamiento a un pasado inmemorial y, por consiguiente, a un eterno porvenir— encuentre su correlato político, no en quienes detentan el poder, sino en los excluídos, precisamente, por el poder. La eleidad de Dios fue siempre la de un tercero inoportuno que corta el idilio que el alma religiosa mantiene con su amigo espectral. Pues Dios es el que no cabe interiorizar salvo como el en absoluto interiorizable. Ciertamente, interior intimo meo, dijo Agustín. Pero no sin añadir, et superior summo meo, una superioridad cuyo exceso, sin embargo, es el de lo excremencial. Que Dios sea un mierda es, de hecho, lo que, religiosamente, no estamos dispuestos a admitir. Eppur si muove.

less is more

octubre 2, 2021 § Deja un comentario

Espontáneamente, tendemos a creer que lo divino es más. Sin embargo, la cruz revela lo contrario: Dios —el Padre— es el que, siendo, ni siquiera es o, mejor, el que no cuenta porque aún no es. Pero, por eso mismo, es más. Pues la verdadera desmesura no se halla en lo gigantesco, sino en la impotencia de un Dios que no quiso seguir siendo el que es sin el cuerpo de un hombre. La altura de Dios es la de un cuerpo colgando de una cruz. Y esto no es fácil de tragar. Sobre todo para el estómago religioso.

la moraleja de Heráclito

octubre 1, 2021 § Deja un comentario

Si todo fuera luz, ciertamente, no habría oscuridad. Pero tampoco luz. Este es el mensaje de la dialéctica. Ahora bien, entenderlo significa admitir que el conflicto es irresoluble: nadie gana por goleada. Por ejemplo, política y moral son irreconciliables. Pero donde todo fuese política, dejaría de haber política. En su lugar, la ley de la seva. Al igual que no es posible que siga habiendo mundo, donde hubiera desaparecido cualquier atisbo de maldad. De ahí que incluso en los cielos, de ser reales, deberíamos experimentar una cierta resistencia al Bien. Al fin y al cabo, la tensión solo se resuelve como equilibrio provisional. La paz siempre fue —y será— una tregua. Ciertamente, aspiramos a una paz eterna (y no podemos renunciar a esta aspiración sin sucumbir). Pero no es posible hacernos una idea, salvo la extravagante, de cómo sucederá. Esto es, una idea de lo imposible —de lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad—. Estamos ante un estricto tiene que. La cuestión es en nombre de qué —o de quién—.

¿Dónde estoy?

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