de la devota superstición

octubre 10, 2021 § Deja un comentario

¿Dirigirse a Dios como al ángel de la guarda de nuestra infancia? No toca, dice el ilustrado (e incluso siendo —o creyendo ser— aún cristiano). Sin embargo, de no permanecer fieles al niño que llevamos dentro, ¿cómo echar en falta a Dios cuando se revele su verdad, la de aquel que trasciende los cielos hasta la desesperación? ¿Cómo dirigir el llanto a un Dios cuya presencia es la de su ausencia si ya nos convencimos a nosotros mismos de que no podía haber ahí ningún dios? ¿Acaso la fe no fue siempre un invocar a Dios por Dios (y obrar en consecuencia)? Y es que donde fuimos adultos antes de tiempo difícilmente cabe una segunda ingenuidad.

¿Dónde estoy?

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