la potencia de Platón y la “impotencia” de la Modernidad

noviembre 15, 2021 § Deja un comentario

¿Por qué Platón ni siquiera se preguntó si acaso la idea de Bien —lo real en su carácter otro o absoluto— no podría darse como el producto de nuestra mente? ¿Por qué en modo alguno se planteó la posibilidad de que cuanto pensamos estuviera solo en nuestro interior? Que toda conciencia sea, por defecto, conciencia de algo no parece implicar —o al menos, eso diríamos espontáneamente hoy en día— la realidad del algo. ¿Por qué, en definitiva, Platón no llegó a la sospecha de Descartes? Sencillamente, porque el puro haber no es representable —no llega a la representación—. Y la sospecha apunta solo a las representaciones de lo que es. En realidad, el puro haber es invisible —no una cosa invisible, sino lo invisible, la extrañeza como tal—. El puro haber —el hay de lo que hay— aparece como lo que desaparece —y por eso mismo, está siempre supuesto— en lo concreto. El puro haber, en tanto que obvio, es lo continuamente obviado. Podemos dudar de que nuestras representaciones mentales sean relativas a un exterior —y de ahí al cogito media un paso—, pero no de nuestro hallarnos expuestos al puro haber. De hecho, el mismo Descartes llegó a esta conclusión, por otro lado lógicamente inevitable, al reconocer que la limitación temporal del cogito —el mientras del estoy seguro de que existo mientras pienso— va con la infinitud de un afuera (estrictamente, de lo eterno). O en nuestros términos, con un estar expuestos a una alteridad que en absoluto puede entenderse como algo aún por descubrir.

Acaso no sea casual que la experiencia del puro haber se nos dé donde sucumbimos a la desmesura de una oscuridad y silencio impenetrables —o de manera aproximada, en la soledad de los desiertos—. Podríamos decir que la realidad del haber sería un punto de partida paradójico (y no una hipótesis que tuviera que desmostrarse por medio de un criterio adecuado, pues ¿cuál podría ser dicho criterio?). El haber se da como lo que, literalmente, no se da en forma alguna. En este sentido, el haber —la extrañeza en sí, lo informal— se revelería como el non plus ultra del conocimiento y, por ende, de nuestra existencia. Hay lo extra-ordinario, pero no es de este mundo… aunque tampoco de ningún otro. Pues no es nada en concreto, sino la nada siendo, por decirlo así. A lo sumo, podemos participar de su carácter excepcional durante aquellos momentos epifánicos que, tarde o temprano, experimentamos.

Sea como sea, la Modernidad solo admite la verdad como adecuación entre las representaciones mentales de los hechos y los hechos, los cuales son, por definición, un mero estado de cosas. Y por eso mismo la Modernidad supone, en cierto modo, un paso atrás, el que tuvo que darse para, precisamente, progresar. ¿El precio? Una seria dificultad para pensar lo humano al margen de su servidumbre al principio de la voluntad de poder, aquel que exige hacer lo que puede hacerse. O por decirlo con otras palabras, una incapacidad cultural para escuchar la voz que se desprende del silencio que abraza la totalidad de cuanto es.

Desde nuestro lado…

noviembre 15, 2021 § Deja un comentario

La muerte, alrededor: somos frágiles, al fin y al cabo, una mota de polvo que no cuenta. Así, fácilmente sentimos —y lo sentimos como evidente— que estamos expuestos a lo superior. Sin embargo, esto es lo que decimos desde nuestro lado. Por tanto, es posible que no haya nadie más ahí —que seamos una pasión inútil—. ¿Hay algún modo de pasar de lo que nos parece que es a lo que es en verdad? En principio, a través de la razón. Pero no de una razón que ascienda hasta el en-sí de lo real —pues una razón ascendente termina reconociendo lo real-absoluto, la alteridad avant la lettre, como un eterno retroceso (y por eso mismo, acaba siendo la razón de una conciencia desdichada)—, sino de una razón que se ejerce a partir del puro haber, esto es, descendiendo hasta lo concreto.

Platón fracasó, como quien dice, cuando quiso derivar lo concreto de la idea de Bien (pues ¿cómo alcanzar la existencia sobre la base de lo que carece de entidad?). Hegel, por su parte, lo consiguió al pensar lo real como sujeto y no como sustancia… aunque al precio de hacer de lo real un poder. Y de ahí a Nietzsche, media un paso (un paso que dio habiendo leído a Schopenhauer, curiosamente uno de los enemigos de Hegel… aun cuando a Hegel le resultara indiferente). No es casual que Hegel fuese el filósofo de la muerte de Dios, creyendo, no obstante, que estaba siendo fiel al cristianismo (al menos, porque esa muerte incluía la reconciliación). Nietzsche se limitó a tomarse al pie de la letra la proclamación cristiana, prescindiendo, como es natural, de la resurrección. El problema del haber llegado hasta aquí es que ya no sabemos qué hacer con nuestro originario estar expuestos a. Y así, acabamos viviendo de espaldas a lo que se desprende —y se desprende imperativamente— de la fuga de la alteridad a un pasado anterior a los tiempos. Como si esta no tuviera nada qué decirnos o pro-vocar.

¿Dónde estoy?

Actualmente estás viendo los archivos para lunes, noviembre 15th, 2021 en la modificación.