déficit de bien

diciembre 31, 2021 § Deja un comentario

O el mal es carencia de bien, o el otro lado del bien, del mismo modo que no hay luz sin oscuridad. En el primer caso, se trataría simplemente de aumentar la temperatura, por decirlo así, para dejar de tener frío. Como si fuese cuestión de alcanzar una cumbre que, en este mundo, nunca lograremos alcanzar. En el segundo, de admitir que el mal es el resultado de la realización del bien. Donde pensamos el bien como si solo hubiera bien, aunque este trascendiese el plano de lo sensible, no pensamos el bien. En su lugar, la fantasía. En cambio, donde intentamos pensarlo, tarde o temprano tendremos que ceder al rigor de la dialéctica. Pues el fuego es el efecto de la combustión de la madera. O de otro modo: que solo puede avanzar consumiendo —negando— aquello que lo hace posible. Si el bien se da en particular —y solo, como cuanto se da, puede darse así—, entonces el bien no puede darse en absoluto. Ciertamente, la oscuridad puede reducirse al mínimo —y en eso estamos—, pero no eliminarse. Pues en un mundo donde no fuese posible la oscuridad inevitablemente produciría en nosotros la sensación de irrealidad. De hecho, sería irreal. Por eso mismo, podríamos decir que los cielos son inconcebibles. Salvo que en ellos quedase una pizca de dolor, el que acaso provocase un Dios que, incluso ahí arriba, seguiría estando por ver. Pero, en ese caso, no deberíamos hablar propiamente de los cielos, sino de una nueva creación.

imaginar que no todo da igual

diciembre 30, 2021 § Deja un comentario

Desde la óptica de un tiempo sin final —sub specie aeternitatits, decía Spinoza—, da igual hallarse en la posición del verdugo que en la de la víctima, un día de fina lluvia que un genocidio. No hay juicio final. Como si lo que es primero para nosotros no lo fuera según naturaleza. No en vano Nietzsche reconoció en Spinoza a un semejante. Por consiguiente, se equivoca quien cree que se halla sub iudice. Sin embargo ¿es así? ¿Se equivoca, por ejemplo, el supersticioso que se toma en serio la imagen de que nacemos con un alien en nuestro interior y que solo es cuestión de tiempo que nos desgarre las entrañas? ¿Acaso no le sitúa más verdaderamente ante la realidad de la muerte —ante el hecho de que vivimos dentro de un plazo— que aquel que simplemente se limita a constatar la caducidad de los cuerpos? Desde la atalaya ¿es posible incorporar lo que en verdad acontece y no tan solo pasa? ¿Acaso la prohibición de no matar no se nos reveló como el envés del carácter intocable de una alteridad avant la lettre? Y ¿qué alteridad puede haber para el geómetra?

fe y sentido

diciembre 29, 2021 § Deja un comentario

El credo tiene que ser dejado atrás para que sea posible la fe. Pues al final solo quedará una absurda confianza —y absurda porque se dirige contra la evidencia del mundo. Esto es lo que significa cargar con la cruz, la existencia cristiana como seguimiento: el corazón seco y la fidelidad intacta en nombre de la verdad del niño. El credo no pertenece a quien nos da la fe. En cualquier caso, a quien da fe. Pues el sacrificado, en tanto que apenas es algo más que su confianza, no posee el sentido de su sacrificio. Fe y credo quizá fueran de la mano durante los comienzos. Al menos, porque aún cabía creer en la resurrección como hecho. En los comienzos, lo decisivo no fue lo que la resurrección reveló acerca de Dios, a saber, que crucificado era el quién de Dios, sino el hecho de que Dios levantó al ajusticiado en nombre de Dios entre los muertos y que, por eso mismo, el fin de los tiempos era inminente. Hoy en día acaso no nos quede más remedio que creer en ella a la manera de Israel: en nombre de quienes soportan el peso de la bondad de Dios, lo imposible debe acontecer. Aun cuando no podamos concebirlo.

brujas

diciembre 28, 2021 § Deja un comentario

Durante la Edad Media, casi bastaba con acusar a una mujer de bruja para que fuera llevada a la hoguera. Como si de lo que tratase no fuese de quemar a la bruja, sino de quemar. Podríamos decir algo parecido con respecto a la fe de muchos: que, con la excusa de un Dios hecho hombre, algo que, si se piensa bien, debería provocar cuando menos nuestra perplejidad, de lo que se trata es sencillamente de creer que hay algo más.

razones para el bien

diciembre 27, 2021 § Deja un comentario

Quizá sea absurdo preguntarse por las razones del bien moral… como quien busca unos argumentos que tuviéramos que aceptar como aceptamos una demostración a la matemática. De hecho, cualquier derivación lógica parte de lo que se acepta sin más, del axioma. Y aquí el axioma sería lo que el sujeto es, en tanto que, precisamente, sujeto al bien. Pues la exigencia del bien —de lo sin tara— constituye el para sí de la subjetividad. Todo comienza, de hecho, con la crítica de la inclinación: no todo cuanto me gusta es bueno. De este modo, el bien se presenta como el horizonte asintótico de la existencia. Al fin y al cabo, somos esos cuerpos que estan obligados a decirse a sí mismos que lo mejor aún está por realizar. Preguntarse por las razones del bien sería, por tanto, como preguntarse por qué lo mejor es lo mejor. No hay un último porqué para la tautología. Con respecto a este asunto y como viera Kant, el único argumento es el trascendental, aquel que se interroga por las condiciones formales de posibilidad del dato indiscutible, en nuestro caso, el hecho de que distinguimos entre el bien y el mal. Otro tema es cómo se determina la integridad, bajo qué mandatos en concreto. Pero lo que no que se cuestiona es que la libertad que proporciona el ser de una pieza es preferible a ir de oca en oca (y tiro porque me toca). Y es que esta preferencia —este juicio— es lo que, en definitiva, somos.

de miradas

diciembre 26, 2021 § Deja un comentario

En principio, lo que hay va a depender de la mirada —de su alcance. Ver cuanto te rodea con los ojos del asombro no es lo mismo que verlo con los ojos de la codicia. No es lo mismo partir del don que de la propiedad. No hablamos de pareceres, sino de puntos de vista que nos permiten apuntar a lo real en su carácter otro o ab-suelto.

Sin embargo, cabe un tercer grado, por decirlo así, aquel que consiste en ser mirado. De hecho, este es el inicio. Aunque lo obviemos. Aquí la cuestión es quién te mira —quién decide tu lugar en el mundo, esto es, quién es tu padre, tu señor. Y donde creemos que no dependemos de la mirada de nadie es que aún no hemos caído en la cuenta de que nuestro padre es la gente, con lo cual terminanos hundidos en lo impersonal: en lo que se dice, se hace, se espera. Al fin y al cabo, sometidos a lo objetivo —a lo que admite una medida—, cuando lo cierto es que no hay más realidad que la que, desde su más allá, interrumpe la certidumbre del espectador.

En este sentido, la audacia bíblica debería provocar, al menos, nuestra perplejidad. Pues desde la óptica de Israel lo decisivo es hallarse sujeto a la mirada del que no cuenta, el paria, el despreciado por el orgullo de los hombres. Estos, y no los que se llenan la boca con los asuntos de Dios, son el envés del aún nadie de Dios. Y lo que esto significa es que un creyente es aquel que, a la hora de hacer o deshacer, siempre se pregunta si lo haría de encontrarse en medio de aquellos que no tienen el pan de cada día. Aunque, sin duda, facilita las cosas el que ya se encuentre junto a ellos.

sí y no

diciembre 25, 2021 § Deja un comentario

¿Por qué el asombro es preferible al ver y el tocar? ¿Por qué el Sí al No, la vida a la muerte? ¿Se trata, en el fondo, de impulsos? Los antiguos ¿no se decantaron por el equilibrio? ¿Quizá porque la naturaleza lo busca? ¿Porque el Bien se halla inscrito en la naturaleza de cuanto es? ¿Pueden haber otras razones? ¿Cabe decidirlo por nuestra cuenta? Cuando tomamos del fruto prohibido ¿no elegimos el extravío en vez de la inocencia? ¿Acaso pretendemos que la respuesta nos la de un tercero, un espectador imparcial? Como si las plagas se preguntaran si es mejor comer que no comer y nosotros tuvíéramos que darles una respuesta…

la sorpresa de los justos

diciembre 24, 2021 § 1 comentario

Cristianamente, ya sabemos qué debemos hacer: dar de comer al que no tiene el pan de cada día (y no lo tiene porque a otros nos sobra). Sin embargo, de hacerlo, nunca terminaremos de saber hasta qué punto nuestra intención es sin tara. Además, con el tiempo, tampoco podremos evitar la impresión de que actuamos de oficio. Y donde prevalece el oficio no hay aparición. Por suerte, cuanto más cerca de Dios, más alejados. No sea que pongamos a Dios al servicio de nuestra autojustificación. Así, puede que no sea accidental que la fidelidad encuentre su habitat en la sequedad del corazón —en la mera forma. De ahí, la sorpresa de los justos durante el día del Juicio. Pues solo al final sabremos de qué se trata… si es que hay un final. En realidad, la fe apunta a un imposible que, con todo, debe acontecer en nombre de una bondad hecha cuerpo. Una fe sin paradoja no es fe, sino opinión. Ahora bien, no será hasta entonces porque nadie puede dar la medida de sí mismo desde sí mismo. En el mientras tanto, todo es oscilación. O también, el trigo con la cizaña.

Marxen y la resurrección

diciembre 23, 2021 § 1 comentario

W. Marxen, discípulo de Bultmann, en un intento de hacer modernamente digerible los relatos de la resurrección, sostuvo que estos no son más que un modo de expresar, por medio de unas imágenes que, ciertamente, nos resultan ajenas, la convicción de que la causa de Jesús seguía adelante. Sin embargo, esta idea, de algún modo aún muy presente en algunas comunidades de base, quizá suponga regar fuera de tiesto. Y ello por dos razones. La primera tiene que ver con la creencia, propia del judaísmo apocalíptico de la época, de que la resurrección de los muertos indicaba el inminente final de los tiempos. No se trata, por tanto, de seguir con la causa, sino de permanecer a la espera. La segunda apunta al escándalo de la cruz. Pues la crucifixión representó el fracaso de quién creyó haber intimado con Dios. Sencillamente, Dios no estaba con él. La causa de Jesús es indisociable de su persona. Para sus discípulos, Jesús no fue simplemente un heraldo de Dios, sino el Mesías. Y aquí vale aquello de que muerto el perro, muerta la rabia. Si la resurrección hubiera sido simplemente un modo de hablar, entonces las apariciones tampoco hubieran provocado tanto entusiasmo. Otros hubieran ocupado el lugar del líder. Es decir, Jesús no habría pasado de predicador a predicado —y predicado, precisamente, como predicado de Dios. Con todo, una buena pregunta es cómo podemos encajar hoy en día el anuncio de la resurrección, una pregunta que Marxen se tomó, sin duda, muy en serio, aunque su respuesta fuese incongruente. Pero este es otro asunto.

Platón estuvo en lo cierto

diciembre 22, 2021 § Deja un comentario

Como es sabido, según Platón, el cuerpo es el zulo del alma. De acuerdo. La cuestión es si esto es verdad. Uno, dejándose llevar por el clima cultural, puede creer que no; que Platón regaba fuera de tiesto. Sin embargo, nuestras creencias, en tanto que dependen en gran medida de lo que nos parece, no interesan a nadie. De hecho, ninguna opinión es nuestra. Al opinar, más bien, replicamos lo que se dice por ahí. Hace falta poner la creencia contra las cuerdas si de lo que se trata es de la aspiración a la verdad, a lo que en verdad tiene lugar frente a lo que simplemente sucede o pasa. Y con respecto al asunto del cuerpo y el alma, lo cierto es que, por lo común, el gen prevalece. Aunque, ingenuamente, opinemos lo contrario.

Imaginemos, por ejemplo, que nos enamoramos de alguien por su carácter, pero con un aspecto sumamente desagradable. Al principio nos diremos, llevados por el entusiasmo que provoca la aparición, que eso no importa. Sin embargo, el cuerpo tiene sus motivos —y un cuerpo sabe que la tara suele ser el signo de una salud deficiente. De ahí que el cuerpo, con el paso de los días, nos empuje a abandonar al deforme. Al final, pesará más el asco que el brillo del alma, al menos porque no hay aparición que dure lo suficiente como para contrarrestar. Pero esto es lo mismo que decir que el cuerpo, por lo habitual, nos obliga a alejarnos de lo mejor de nosotros mismos. Los cuerpos tan solo negocian. Y en los negocios, no hay redención que valga. Esto, sencillamente, es así, salvo que, guiado por el alma, el cuerpo esté dispuesto a abrazar la tara.

Sin embargo, esto no es fácil. Como no lo es ascender hasta la boca de la caverna. Antes uno tiene que morir para sí mismo. Esto es, tiene que aprender a morir. A veces, no puedo evitar la impresión de que el sujeto moderno, en su desprecio de la sabuduría de los antiguos, es como un adolescente, el cual está convencido de que ya ha llegado cuando apenas se ha levantado de la sofá.

indiviso

diciembre 21, 2021 § Deja un comentario

Tan solo el individuo —el que ya no siente que pertenezca a nada ni a nadie— clama por un consuelo. No, quienes difícilmente pueden comprenderse a sí mismos como arrancados, aquellos que viven su formar parte de un cosmos en donde todo habla, un mundo en el que hasta las piedras poseen un alma. Ellos no necesitan un consuelo: necesitan un ardid, técnicas que les permitan lidiar con poderes invisibles. La magia, como sabemos, precedió a la religión. De hecho, un dios amb cara i ulls fue impensable durante milenios. Ahora bien, una vez suplantaron a los espíritus de las montañas, los bosques, el mar… las múltiples divinidades prefirieron, como dueñas del terruño, tratar antes con pueblos que con individuos. Los dioses tuvieron que retroceder —y bastante— para que el mero nombre de Dios, tan impronunciable como religiosamente inútil, ocupase su lugar. Y con este Dios, el individuo. Pues la individualidad es el envés de un Dios desencajado de su concepto. Aunque de ahí a prescindir de Dios —o lo que viene a ser lo mismo, a imaginarlo como amigo— media un paso. No es casual que Israel, en un rapto de lucidez, creyese antes en el Mesías que en el poder ex machina de Dios. Un Dios que tiene pendiente su quién —su referente, su esencia— no puede actuar por su cuenta. Únicamente, gemir. Como tampoco lo es que el cristianismo se desvirtúe donde pierde de vista su impronta mesiánica para decantarse por el cultivo de los buenos sentimientos con la excusa de Dios.

Panikkar and Co.

diciembre 20, 2021 § 1 comentario

A tu sparring hay que tomárselo en serio. Y por eso, de entrada, es conveniente reconocer sus razones. Incluso los que condenaron a Sócrates, tuvieron sus buenos motivos (y hay que partir de ahí si uno quiere comprender el alcance de su muerte). Pannikar está en lo cierto cuando defiende la conciencia de pertenecer a lo que, de algún modo, nos supera. Algo perdimos cuando progresamos hacia el individuo. Es lo que tiene sustituir el asombro como actitud fundamental por la sospecha. No hay logro que no entrañe un coste. En este sentido, Merton decía que tarde o temprano deberíamos darnos cuenta de que formamos parte de aguas que nos cubren. Sin embargo, hubo la cruz. Y la cruz impugna la pretensión religiosa del hombre, aquella que pretende restaurar desde nuestro lado la conexión con el fondo nutricio del cosmos. Más aún: nos obliga a entender dicha pretensión como impiedad. No formamos parte. Mejor: algunos sobran. En realidad, muchos. Hay algo roto en el mundo. Y algo que no está en nuestras manos reparar. Aunque tampoco solo en las de Dios. El estoico, al fin y al cabo, hace oídos sordos al clamor de tantas mujeres y hombres. Va con la naturaleza de las cosas. De hecho, es natural que unos se eleven y otros caigan.

seducciones

diciembre 18, 2021 § Deja un comentario

Si alguien nos seduce es porque nos hace creer, por lo común, de manera espontánea, que coincide con lo que esperamos de él… cuando lo cierto es lo contrario: nunca terminará de coincidir. Pues, en realidad, ni siquiera coincide consigo mismo. El hombre y la mujer son, uno para el otro, extraños. Y con la extrañeza conviene mantener la distancia, a pesar de que, sin duda, puedan haber momentos epifánicos. De ahí importancia de las formas, en definitiva, del culto, que, no casualmente, conecta con cultivar o, lo que viene a ser lo mismo, con cuidar.

de la realidad y la aparición

diciembre 17, 2021 § Deja un comentario

Aparición es irrupción. O también, interrupción. Nada más real que cuanto se resite al dominio —nada más real que un dios. Su alteridad se presenta como lo nuevo o, literalmente, extraordinario que altera la continuidad de los días. Por eso no puede durar sin petrificarse. De ahí que el otro —la mujer para el hombre y viceversa— quiebre, como el cuerpo de un ángel, el perímetro de seguridad en el habitamos. Y aquí conviene tener en cuenta que no todo ángel es luz. Hay algo que cojea en la sentencia que equipara ser y permanecer. A menos que permanecer signifique fuera del presente. O lo que es lo mismo, eternidad. Contra los delirios de Nietzsche, quizá la muerte de Dios, aunque fuese inevitable, haya dado paso, antes que a un superman, a una humanidad gris. Ciertamente, no podemos dejar de ir en busca de lo nuevo. Pero en su lugar, tan solo la novedad.

adorable

diciembre 16, 2021 § Deja un comentario

Es cierto que vivimos entre sombras. Tratamos con lo que es tal y como nos viene, esto es, como cosa. Y al hacerlo, inevitablemente perdemos de vista su carácter excepcional: el que sea algo en medio de la nada. Lo que provoca nuestro asombro —lo ab-suelto de cualquier juicio que pretenda dar con su quiditas— no acaba de incorporarse en el día a día. Pues el mundo nos pide, sobre todo, comer. Y comer a diario. De ahí que cuanto provoca nuestro estupor tan solo pueda ser adorado. En este sentido, podríamos decir que la experiencia de lo sagrado es anterior incluso a la experiencia de hallarse bajo el dominio de un dios.

meditaciones cartesianas 19

diciembre 15, 2021 § Deja un comentario

meditaciones cartesianas 19

A pesar de que la sospecha va con la filosofía, ¿por qué Platón o Aristóteles no llegaron a ejercerla metódicamente a la manera de Descartes? ¿Por qué esta solo pudo ser moderna? Pues porque la duda metódica se dirige a las representaciones del mundo, estrictamente, a las fuentes de dichas representaciones, la sensibilidad y la razón. En el fondo, la pregunta que se plantea Descartes es si hay alguna representación de la pura exterioridad, del puro haber. De hecho, cualquier representación del mundo presupone que hay un afuera, en tanto que apunta a un afuera. Y porque se trata de lo siempre supuesto —de lo que espontáneamente damos por descontado— puede ser cuestionado: cabe la posibilidad, aunque esta sea insensata, de que mis representaciones del mundo estén o bien solo en mi mente, como en el caso de sufrir una alucinación, o bien que, aun siendo racionales, esto es, lógicamente necesarias, en modo alguno coincidan con el afuera: es posible que el afuera sea, sencillamente contradictorio. La sensación no garantiza el afuera. Pero tampoco los enunciados de la física matemática… a pesar de que no podamos concebir un mundo contradictorio. El escepticismo se desprende de colocar en primer lugar la pregunta por las condiciones de la certeza y no la pregunta sobre la consistencia de lo real (¿en qué consiste que algo sea algo y no más bien nada?). En último término, la conclusión escéptica es su punto de partida. Pues si cabe dudar incluso del afuera es porque el escéptico parte de un sujeto para el que lo primero no es un estar expuesto a las apariciones de lo real, y por tanto a la escisión entre lo que nos parece que es y lo que es en verdad, sino a sus representaciones del mundo. En este sentido, no es casual que Descartes llegue a concluir que la primera certeza es, precisamente, que él existe mientras duda. Ni Platón, ni Aristóteles pudieron llegar a esta conclusión. Y no porque fueran incapaces, sino porque para ellos —estrictamente, para su época— lo real es irrepresentable, en tanto que, en su carácter absolutamente otro o ab-suelto, difiere continuamente de su concreción sensible.

respeto

diciembre 14, 2021 § Deja un comentario

El sentimiento de respeto, aquel que Kant entiendió como sentimiento racional, arraiga racionalmente en el carácter absuelto de la alteridad. Pues la alteridad avant la lettre es sagrada o, dicho de otro modo, intocable. El yo de quien tenemos enfrente, como trasunto de lo real-en-sí, es siendo nadie. Traducción: es en tanto que continuamente difiere del sí mismo, de su forma o aspecto. De ahí, que, como nadie, no podamos hacer más que presevar su distancia. Como dijera también Kant, deber es poder, en este caso, estrictamente un no poder. Pues el puedes respetarlo es, al fin y al cabo, la imposibilidad de alcanzarlo.

imágenes

diciembre 13, 2021 § Deja un comentario

Somos reos de la imagen. O mejor dicho, de la mejor imagen. De ahí que no sepamos qué hacer con los cuerpos. Pues ninguno se ajusta a lo que debería, según su photshop. Tarde o temprano, aparece la ambivalencia, la tara como sello de su singularidad. Así, o desechamos una y otra vez el cuerpo que nos desgrada, a la manera del consumista, o aprendemos a vivir con la tara. Esto es, a amarla, por decirlo así. De hecho, ningún cuerpo perfecto se deja abrazar (ni, por lo común, abraza: la perfección, tarde o temprano, muere de éxito). En cualquier caso, un cuerpo perfecto exige adoración. Y ahí convertimos nuestra existencia en un error. Pues nos equivocamos donde orientamos nuestra vida hacia lo que no existe. Con todo, con respecto a este asunto tampoco hay receta que valga: hay cuerpos —carácteres— ciertamente malignos. Y uno haría bien en alejarse de los tóxicos. A menos que pretenda salvarlos (aunque pagando un alto precio). Sin embargo, solo un Dios fue capaz de querer tal cosa.

hay amores que matan

diciembre 12, 2021 § Deja un comentario

Al igual que hay madres que aman más el vínculo con el hijo que al hijo, tal y como dice mi amigo Víctor, psicoanalista, hay creyentes que, antes que creer en Dios, creen en su relación con lo trascendente. De ahí que, para ellos, el nombre de Dios sea una especie de comodín. Como si fuera lo mismo un Dios con cuerpo —y un cuerpo que sangra sobre un madero— que el espíritu de interconexión.

epicureísmo y cristianismo

diciembre 11, 2021 § Deja un comentario

No hay tragedias, ni catástrofes, ni castigos —escribe John Sellars en su libro sobre Epicuro—; tan solo materia desapasionada en movimiento, que en sí misma no es nada a lo que se deba temer. No en vano Lucrecio decía que la salvación consistía en contemplar los naufragios ajenos desde la grada. Obviamente, no van por ahí los tiros del kerygma cristiano. Para el mundo greco-romano, nada humano sobrevive al derrumbe de los cielos. En cambio, para el cristianismo, el sí o el no de la existencia se decide ante la pro-vocación de los que sufren, precisamente, la caída de Dios. Son ellos quienes alzarán el pugar (o no). Evidentemente, estamos hablando de lo que no admite medida. Y por eso mismo, aquí no hay saber que valga. Ni siquiera hipotético. En cualquier caso, una espera sin expectativa.

a cada cual con sus creencias

diciembre 10, 2021 § Deja un comentario

El otro día hablando con un cristiano tradicionalista, pero del ala sensata, me dijo aquello tan típico de nuestros días: yo creo en Dios y en la Virgen, no tengo por qué dar ninguna explicación; cada uno es libre de creer en lo que cree. En principio, uno se siente inclinado a dar por buena esta opinión. Pues no en vano formamos parte de una sociedad tolerante. Sin embargo, sigo preguntándome si el que la fe tenga que ver con las últimas cosas acaso no implicará un poco más de atrevimiento, por no decir unas cuantas dosis de espíritu de contradicción.

inmaculada

diciembre 9, 2021 § Deja un comentario

Hay que imaginarse a Lucas escribiendo su relato de la anunciación teniendo en mente a una chica de pueblo y, probablemente, a una chica que se quedó embarazada antes de tiempo. Los fariseos acusaron a Jesús de ignorar quién era su padre. Y por ahí probablemente van los tiros. Como dice el dogma, María concibió inmaculadamente, esto es, sin pecado (lo cual no tiene nada que ver con la virginidad). Pecado significa alejada de Dios. Y hay que estar muy cerca de Dios para amar al hijo ilegítimo. Por no decir, al hijo de una violación. Como si la violencia del mundo no hubiera alcanzado el corazón de esa chica de pueblo que fue María.

Camus

diciembre 8, 2021 § Deja un comentario

Solo tardíamente se adquiere el valor de sostener lo que se sabe.

Albert Camus

lo dado y sus imágenes

diciembre 7, 2021 § Deja un comentario

La vida no es simplemente un dato: es don. Pues se nos ofrece desde el fondo de la nada —o mejor dicho, del nadie. Todos podemos caer en la cuenta del milagro. Pero no todos caemos la cuenta. Y menos en el tiempo diario. Aquí las imágenes ayudan, ciertamente. Al menos, porque en el día a día resulta más fácil incorporar la experiencia del don —e incorporar es hacer cuerpo— donde creemos que la vida nos ha sido dada por un padre espectral que donde sabemos que la paternidad de Dios consiste en su retroceso o paso atrás. Sin embargo, el riesgo de una excesiva incorporación es el de convertir a Dios en un ente, aunque nos digamos que su perfil es imposible de perfilar. Y ningún ente, por muy superior que sea, puede valer como Dios. Tan solo en las cruces del mundo, la verdad —lo que en verdad acontece y no simplemente pasa— logra hacerse cuerpo sin el recurso de las figuras de la imaginación. En dichas cruces, el silencio deviene elocuente. De ahí la importancia de no perder de vista al testigo, a su historia. Sin embargo, entre una cosa y otra anda la existencia del creyente de a pie. Como siempre, y con respecto a lo que importa, andamos dando tumbos.

el background de la espiritualidad

diciembre 5, 2021 § Deja un comentario

No hay espiritualidad que no se enfrente a la extrañeza. No digo al poder de la extrañeza. Tampoco, a algo extraño. Pues algo extraño es simplemente algo inusual, una cosa o fenómeno aún por explicar. Tan solo hace falta que nos acostumbremos a su carácter paranormal para que pase a formar parte de nuestro mundo. Un fantasma, pongamos por caso, es tan solo una figura de la extrañeza. Todo lo que hay en el mundo permanece dentro del campo de lo posible y, por eso mismo, concebible. De ahí que el horizonte de nuestro hallarnos en el mundo sea un paradójica ignorancia: al fin y al cabo, acabaremos dándole la razón a Sócrates.

Pues la extrañeza apunta a la imposibilidad por la que el mundo es mundo. Me refiero a la alteridad avant la lettre —a lo enteramente otro. Y es que la alteridad es lo que tuvo que retroceder para que fuera posible lo posible, el mundo como representación del mundo, la creencia. En este sentido, la alteridad es lo eternamente pendiente del mundo, lo que impide el cierre inmanente de la totalidad. No hay nada en concreto que sea verdaderamente otro. O también, hay lo otro como nada o un siempre-aún-nadie. En este sentido, el hogar —lo familiar— es una prisión. En el hogar —el ámbito del trato— no cabe ninguna alteridad. Tan solo las sombras están disponibles. Como en la película de Amenábar, los espectros no son los fantasmas: somos nosotros.

Así, la alteridad de lo real —el puro haber en tanto que absuelto— es no siendo, y en consecuencia aparece como lo que tuvo que ser desplazado a un tiempo fuera de los tiempos —a un no tiempo, a la inmortalidad. La bendición y el horror —la luz y la tiniebla— se dan como las dos caras de este retroceso. Todo queda atravesado de una irreductible ambivalencia. Como si todo aún estuviera por decidir o decantarse.

La cuestión de la espiritualidad no es, por tanto, la de cómo conectarse a la alteridad. Ni por supuesto, cómo participar de su poder. Pues no hay nada a lo que enchufarse. La alteridad, en su negación de sí, deviene un nadie. Y un nadie es, sencillamente, impotente. En cualquier caso, la cuestión es la de Israel: a qué nos obliga la radical trascendencia de la alteridad. Al menos, porque únicamente desde esta trascendencia se nos revela que aquel que despreciamos —aquel que, según el mundo, tiene que morir— es nuestro hermano. Y el resto es esperar lo imposible en nombre, precisamente, de la bendición. No es casual que, bíblicamente, la esperanza se exprese como clamor. Como tampoco lo es que la esta se traduzca en imágenes increíbles.

las trampas de la analogía

diciembre 4, 2021 § Deja un comentario

Por lo común, nos enfrentamos a lo desconocido por medio de lo conocido. Se trata de la denominada vía analógica. Así, X, la incógnita, sería como A, siendo A algo familiar. Para los apaches, por ejemplo, un tren fue un caballo de hierro. Al igual que Dios sigue siendo como un padre para el creyente. El problema es que, en el día a día, fácilmente nos olvidamos del como. Un tren es un caballo de hierro. ¿Dios? Un padre. Dicho de otro modo, la analogía termina reduciendo lo desconocido a lo conocido. El que añadamos que la ignotum X nunca termina de ajustarse a aquello con la que se la compara no basta para evitar dicha reducción. Pues únicamente durante la reflexión tenemos presente el carácter inconcebible de lo que permanece fuera de la analogía (y por eso mismo, acaso solo lo podamos tener presente como abstracción). Del Dios es como un padre pasamos al Dios es Padre. Y ahí nos quedamos. Del es más al no es más. La mística intentó corregir esta deriva. Sin embargo, pagando el precio, por lo común, de hacer de lo divino una sustancia magmática, un océano en el que disolverse. La analogia entis, en definitiva, evita que nos encontremos expuestos a la desmesura de una alteridad avant la lettre, a su eterno porvenir. Y es que el exceso que abraza el mudo se halla más cerca de la nada o el nadie que del algo. No es casual que, tradicionalmente, la dialéctica —que Dios sea no siendo— nunca haya hecho buenas migas con las equivalencias. Aun cuando, sobre el papel, se considerasen aproximadas.

monstruario

diciembre 3, 2021 § Deja un comentario

El hombre es un monstruo. Al fin y al cabo, su piedad es, salvo en algunos casos ejemplares, formal o episódica. Ya fue dicho: un lobo para el hombre. Muchos dirán, sin embargo, que no deberíamos sacar el asunto de quicio: también como modernos quedamos fascinados, hartos de civilización, con el buen salvaje. Pero acaso porque no quisimos hurgar demasiado en su lado, precisamente, salvaje. La idea de una inocencia originaria que el artificio social corrompe es sobre todo un wishful thinking, un ya me gustaría. Con todo, la ciudad también se revela como un muro de contención, un espacio virtual donde, gracias a las formas de la amabilidad, podemos creer que somos corderos con, de vez en cuando, algún mal pronto. Ahora bien, esas formas, tarde o temprano, muestran no ser mucho más que esa piel de cordero con la que se cubre la bestia. Sencillamente, el hombre no es de fiar. No recuerdo ahora si fue Yeshayahu Leibowitz o Primo Levi quien dijo que, tras sobrevivir a Auschwitz, no es que dejara de creer en Dios, sino que, más bien, dejó de creer en el hombre. Casi me atrevería a decir que, antropológicamente, los tiempos modernos nacen donde se arrincona la idea de una tara original —donde nos decimos que en el fondo, hay bondad, aunque no nos lo parezca. En este sentido, la Modernidad tiene mucho de gnosticismo, aunque ahora creamos que la chispa divina viene de fábrica. De ahí que, donde dejamos atrás la convicción de que nacemos como culpables —por exagerada o carca—, sea muy difícil entender siquiera un texto como la Biblia. Pues la cosa no va de conectarse a la fuente de las buenas vibraciones para que brille esa chispa divina que llevamos en lo más profundo y, así, logré vencer a la oscuridad. Va de si hay o no redención.

lo serio

diciembre 2, 2021 § Deja un comentario

¿Qué es lo serio? El poder. No el que un hombre ejerce sobre otro, el cual sería un mero sucedáneo, sino el de un dios que niega al hombre. Hay que partir de ahí para entender qué significa un Dios-amor —que su Sí pueda sobre el No. Otro asunto es que aún quepa creer en Él, sin hacer del amor un dios.

Marin Marais

diciembre 1, 2021 § Deja un comentario

Hay que imaginarse en medio de la derrota final —o del silencio que cubre los lager de la historia— para saber qué significa escuchar la sarabande de la quinta suite de Bach para cello. O los solos de viola de gamba de Marin Marais. ¿Bruckner? Una victoria arrodillada. Estamos lejos —muy lejos— del entretenimiento pop. La humanidad se extinguirá. Pero el eterno aún podrá escuchar su canto.

Abel

diciembre 1, 2021 § Deja un comentario

Esto ya se sabe: Abel es el bueno; Caín, el malo. La idea de fondo es que la ofrenda agradable a Dios no es la que responde al mérito, sino al don: Abel da lo que se le dio. Sin embargo, nada se nos dice de lo que Abel sintió en lo más íntimo. ¿Acaso la preferencia de Yavhé no la vivió como injusta? La envidia, ciertamente, es una de las raíces del mal. Pero que la vida le fuera bien, gracias a Dios, ¿no tiene algo de arbitrario? ¿Es que no llegó a experimentar una cierta piedad por su hermano? No estamos ante preguntas religiosamente supérfluas. La lectura, en cambio, es otra, si dejamos de ver a Dios como un repartidor espectral, esto es, si pasamos a verlo como aquel que no quiso ser Dios sin la entrega del hombre. La pretensión de Caín, sencillamente, no dejó que Dios fuese el que es. Con todo, aquí no hay que olvidar la marca en la frente. Como si el relato quisiera darnos a entender que, para los caínes de la historia, no todo está perdido. Aún.

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