las trampas de la analogía

diciembre 4, 2021 § Deja un comentario

Por lo común, nos enfrentamos a lo desconocido por medio de lo conocido. Se trata de la denominada vía analógica. Así, X, la incógnita, sería como A, siendo A algo familiar. Para los apaches, por ejemplo, un tren fue un caballo de hierro. Al igual que Dios sigue siendo como un padre para el creyente. El problema es que, en el día a día, fácilmente nos olvidamos del como. Un tren es un caballo de hierro. ¿Dios? Un padre. Dicho de otro modo, la analogía termina reduciendo lo desconocido a lo conocido. El que añadamos que la ignotum X nunca termina de ajustarse a aquello con la que se la compara no basta para evitar dicha reducción. Pues únicamente durante la reflexión tenemos presente el carácter inconcebible de lo que permanece fuera de la analogía (y por eso mismo, acaso solo lo podamos tener presente como abstracción). Del Dios es como un padre pasamos al Dios es Padre. Y ahí nos quedamos. Del es más al no es más. La mística intentó corregir esta deriva. Sin embargo, pagando el precio, por lo común, de hacer de lo divino una sustancia magmática, un océano en el que disolverse. La analogia entis, en definitiva, evita que nos encontremos expuestos a la desmesura de una alteridad avant la lettre, a su eterno porvenir. Y es que el exceso que abraza el mudo se halla más cerca de la nada o el nadie que del algo. No es casual que, tradicionalmente, la dialéctica —que Dios sea no siendo— nunca haya hecho buenas migas con las equivalencias. Aun cuando, sobre el papel, se considerasen aproximadas.

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