cosmos

enero 1, 2022 § Deja un comentario

Quizá la experiencia más cercana que podamos tener del antiguo estar cabe Dios la tengamos imaginando que, habiendo perdido el contacto con la nave, nos desplazamos a la manera del viejo Job, aunque sin ir de la mano de Dios, por un cosmos sin duda excesivo y anónimo… en el que no contamos para nada ni para nadie. Para comprender —y no solo comprender— el anuncio cristiano quizá deberíamos partir de ahí. Pues el crucificado tuvo que experimentar algo parecido. De hecho, la fe, en tanto que confianza, nunca se basó en nuestra suposición de que nos hallamos bajo el amparo de un dios, sino en la fe de aquel que, abandonado de Dios, no podía humanamente seguir confiando. Y es que con respecto a la suposición, ciertamente, da igual un dios que otro.

¿Dónde estoy?

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