la sabiduría del tabú

abril 30, 2022 § Deja un comentario

¿A qué obedece el tabú de no matar? Mejor dicho, ¿por qué necesitamos que el mandato se imponga como tabú? ¿Acaso no basta con la ley? Quizá porque el hombre se guía por las apariencias, por lo que le parece que es. Y no sería la primera vez que los otros se nos aparecen como una plaga de ratas.

del ver y la verdad, esto es, de Caín.

abril 29, 2022 § Deja un comentario

Nos preguntamos qué hay de verdadero —de sólido— en cuanto hay o nos ocupa. ¿Acaso que lo que hay es que no hay nada sólido —que todo es un ir y venir? Otra sería la respuesta si por verdadero entendiéramos lo que en verdad tiene lugar. Pues entonces comenzamos a pisar aire. Al menos, porque lo que tiene lugar no se decide de nuestro lado —desde el criterio—, sino desde el lado de la interpelación del aún nadie. Aquello que tiene lugar —aquello que acontece y no simplemente pasa—, y aquí sobra el aquello que, es por defecto la alteridad, lo extraño avant la lettre. Sin embargo, la alteridad no se da en los tiempos del presente indicativo. Su realidad, la de un fue inmemorial —la de un continuo retroceso con respecto a su forma, aunque puede que, por eso mismo, la de un eterno por-venir. Y es que ver es reducir, asimilar, re-presentar. En la representación, la alteridad es tan solo un presupuesto —lo que tuvo que dejarse atrás (y por eso mismo roza la irrealidad). La mente es un lecho de Procusto. De ahí que no sea casual que la primera intervención de YWHW sea una demanda: ¿dónde está tu hermano Abel? Como si se nos quisiera dar a entender que únicamente el semejante se revela como hermano donde topamos con nuestra orfandad.

doxa

abril 28, 2022 § Deja un comentario

No es casual que doxa significase originariamente tanto brillo como apariencia —y de ahí que terminase siendo sinónimo de opinión, de un creer que uno sabe de lo que habla. El lenguaje dice más de lo que dice: tan solo hay aprender a hurgar. Y es que, de entrada, somos reos del aspecto, de las superficies —de su resplandor. Quizá porque en el fondo anhelamos lo sin tara, lo cual no deja de ser el envés del desprecio que sentimos por nuestra deformidad (y de paso por el deforme que la representa). En cualquier caso, el polvo siempre por debajo de la alfombra. Y hay que partir de ahí… si uno pretende desprenderse de su infancia. O, cuando menos, de su confusión. Pues el bien no se encuentra del lado de la pureza.

límite y trascendencia

abril 27, 2022 § Deja un comentario

Solo quien puede seguir avanzando sabe lo que es una frontera. Sin embargo, donde hay una frontera, hay un más allá. Y esto es así por defecto. Ahora bien, hay dos tipos de frontera: la circunstancial y la absoluta. Con respecto a la primera, de hecho no podemos avanzar, pero podríamos… si hubiera una puerta. Aquí el más allá es una prolongación, aunque quizá desconocida, del mundo, y por eso mismo algo de lo que es posible hacerse una idea. En relación con la segunda, no cabe dar un paso al frente. Se trata del non plus ultra de la existencia. Hablamos, obviamente, de la muerte. Y aquí el más allá es inconcebible, al menos honestamente. El más allá de la muerte se nos ofrece como un puro haber —como una absoluta extrañeza o alteridad, que, como tal, no admite representación. Pues se presenta como no siendo (y de ahí que no quepa re-presentarla). La profundidad comienza, me atrevería a decir, con un hallarse expuesto a este más allá. Ciertamente, podríamos creer —o simplemente imaginar— que la muerte es un parto que nos arroja a otro mundo. Pero con ello tan solo habríamos conseguido desplazar la frontera. Pues incluso en el caso de que en ese nuevo mundo no hubiera muerte, de seguir habiendo un yo de por medio, el todo seguiría siendo un no-todo. No obstante, podría darse el caso de que el carácter otro del puro haber fuera únicamente la de una vida que continúa sin ti. Esto es, un tiempo en el que no cuentas, ni puedes contar. Y esto sería Nietzsche.

del perdón y la fe

abril 26, 2022 § 1 comentario

Al igual que, estrictamente, tan solo se puede perdonar lo imperdonable, tan solo cabe creer en lo que humanamente no es posible creer. Pues lo que no es perdón es una simple disculpa. Y lo que no es fe, suposición. Tan solo el daño irreparable exige un perdón. Paralelamente, en la suposición permanecemos a resguardo, en modo alguno ex-puestos a una genuina alteridad, la cual siempre se ofrece como la del aún-nadie. Ni la disculpa, ni la suposición trascienden la inercia. En el caso del perdón y la fe nos enfrentamos, en cambio, a un imposible, a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad. Y donde no nos encontramos expuestos a lo imposible permanecemos en la situación del bonobo, aunque con un poco más de inteligencia. Quizá no sea casual que el perdón y la fe vayan de la mano. Al menos, porque el perdón es un acto de confianza en quien no merece ninguna confianza. La cuestión es, sin embargo, en nombre de qué —o de quién— caben el perdón y la fe.

subsistemas

abril 25, 2022 § Deja un comentario

No hay sociedad o sistema social, salvo como abstracción. Hay subsistemas. El mundo de los negocios, el del poder, el de la política… Está también el mundo de los ascetas, el del homo religiosus, el de los amantes de la verdad. Uno tiene que elegir. O acaso no pueda. Pues nace como nace. En cualquier caso, la virtud está al alcance de cualquiera. Esto es Platón. Otro asunto es el subsistema que domina culturalmente, el que le imprime un sesgo a la época. Y hoy en día ya no es el de la cristiandad. Obviamente. Es el del poder de los negocios. El cristianismo no puede pretender la hegemonia. Tampoco la de servir de complemento. Su posición es la de la resistencia.

primavera

abril 24, 2022 § Deja un comentario

Basta con apretar el botón de las hormonas para que todo se ponga en marcha. Como si fuéramos títeres. ¿Libertad? ¿Acaso la de verse a uno mismo desde fuera, la que proporciona la reflexión, ese volver sobre sí como quien topa con un extraño? Sin embargo, los resultados de la reflexión difícilmente llegan a ser incorporados. La sensibilidad sigue con la suya. Aun cuando sepas que la inclinación es siempre una reacción, en el día a día te siguen gustando los dulces, por decirlo así. A menos que el cuerpo deje de acompañarte. Es entonces que devienes un irónico: juegas como aquel que no está en el juego —como el que intuye, al menos, que el juego es otro. El extraño que hay en ti toma la plaza. Vives como un desplazado del mundo. El cristianismo añade, con todo, una guinda: como desplazado, sí, pero junto a los desplazados. Y cavando. Al fin y al cabo, la libertad tiene que ver con haber alcanzado el non plus ultra de la existencia. Sin embargo, por eso mismo, hay más allá. Aunque no necesariamente el de otro mundo. Es suficiente con que la vida siga sin ti (y aquí el nihilista tendría razón). En cualquier caso, no pertenecemos al mundo. Y esto es gracia. O lo que viene a ser lo mismo, de agradecer. El resto —lo que pueda venir después— es inconcebible, por no decir paradójico. Como el gato de Schrödinger. Así, o nos hallamos expuestos al misterio —que no a algo aún por descubrir—; o Nietzsche estuvo en lo cierto.

sheol

abril 23, 2022 § 1 comentario

¿Qué pueden esperar los muertos en vida? ¿Aquellos para los que todo es No? ¿Para el que está solo en una celda de aislamiento? Todo es oscuridad para el deprimido. Al resto, las cosas les van más o menos bien. No a ti. No cuentas, no eres nadie. Perteneces al sheol. ¿Dios? ¿Puedes creer que siempre te acompaña y que sufre contigo? Esta creencia ¿no se encuentra cerca del placebo? Que Dios sea un Dios de vivos puede entenderse de dos modos. O bien, que no hay Dios para los muertos. O bien, que Dios no quiere que mueras —y de ahí la esperanza en la resurrección. Sin embargo, teniendo en cuenta que el asunto de la resurrección de los muertos es, cuando menos, problemático, la anterior alternativa es como decir o la tierra es redonda, o soy Napoléon. Y evidentemente, no eres Napoleón. Traducción: o la cruz es un fracaso —y el destino del hombre de Dios es topar con la falta de Dios—, o el crucificado es el Hijo de Dios. Y sin resurrección, lo segundo suena a broma.

pedagogías

abril 22, 2022 § 1 comentario

Parece que ahora se trata de educar en competencias. Nada de memorizar y vomitar. De acuerdo. Sin embargo ¿de qué estamos hablando? Básicamente, de que los chicos, al terminar su formación, sean capaces de entender —y a ser posible, de manera lo suficientemente crítica— un texto que vaya más allá de los cuentos infantiles (o los mensajes de Instagram). Y esto implica ser capaz de plantear buenas preguntas. También, de que estén lo suficientemente familiarizados con el lenguaje de la matemática, de manera que puedan resolver problemas que exijan un planteamiento abstracto. Estas son, grosso modo, las competencias.

Ahora bien, el prejuicio dominante es que estos objetivos se pueden alcanzar reduciendo contenidos. Y esto es, en parte, así: no es necesario acumular ingentes cantidades de saberes. No obstante, lo que solemos escuchar es que los contenidos no importan. Y esto no es así. Es imposible leer un texto de una cierta complejidad sin haber integrado en cierta medida algunos saberes fundamentales. O al menos, no cabe hacerlo críticamente. Es como si en la facultad de periodismo no se impartieran asignaturas relacionadas con la historia, la socio-política o la economía: los estudiantes aprenderán a maquetar un periódico o a destacar los titulares de un telenotícies, pero serán incapaces de escribir un artículo. De ahí que tengamos que escuchar que, dado que los contenidos apenas importan, cualquiera puede impartir cualquier materia. Esto quizá valga para primaria. No, para secundaria. Ciertamente, cualquiera puede dar clase de lo que sea. Pero, si es cualquiera, lo hará mal. Sencillamente, no podrá responder a las preguntas de los alumnos más interesados en aprender. Tampoco será capaz de inducirlas. De hecho, el dato es que los chicos cada vez más esperan que alguien —y alguien que sepa de lo que habla— les explique algo interesante y que, por eso mismo, vaya más allá de lo que pueden encontrar en la wikipedia. Alguien, en definitiva, que les abra los ojos. Y es que los alumnos no dejan de ser humanos.

Más aún: se nos dice también que la escuela ha de preparar a sus alumnos para la vida. De acuerdo, también. Pero no se les preparará donde se deje a un lado la formación del carácter. Pues la vida tiene mucho de cuesta arriba. Sin embargo, ¿qué carácter saldrá de aquellas escuelas en las que, siguiendo fil per randa los nuevos vientos pedagógicos, la cultura del esfuerzo ha sido estigmatizada? Y quien dice cultura del esfuerzo, no dice, por supuesto, aquello de que la letra con sangre entra. Hace años que nadie va por ahí. ¿Es posible que alguien crea honestamente que se puede aprender algo serio jugando, como quien dice? De entrada, el juego puede estar bien. Pero tarde o temprano, uno debe coger el toro por los cuernos. Y entonces el juego es otro. A menos que no se trate de un toro, sino de un torito de peluche.

De ahí que dé la impresión de que la educación actual no tiene otro propósito que el de no traumatizar a los chicos, aun cuando se pongan sobre la mesa objetivos más ambiciosos. Ciertamente, no se trata de traumatizarlos. Pero si un chico se traumatiza porque ha suspendido mates, pongamos por caso, a pesar de haber estudiado mucho, el problema no está en el profesor de mates, sino en el chico. También hay que aprender a levantarse. Y no lo conseguiremos si la estrategia es bajar el listón. Al fin y al cabo, educar es forzar —hay que acostumbrarse a nadar contracorriente, aunque la educación no consista solo en eso—… evitando, eso sí, que se rompa la maquinaria. La escuela es un espacio de maduración. Y no puede haber maduración donde no tensamos un poco la cuerda. Donde los retos son fácilmente asumibles, hasta el punto de que aprobar salga prácticamente gratis, seguimos en la infancia. Me atrevería a decir que la escuela deviene una estafa en el momento que un chico que, por ejemplo, suspende los ejercicios de mates termina sacando un notable… vete a saber con qué criterios.

ariel

abril 21, 2022 § Deja un comentario

Cuando alguien dice “esto lo tengo clarísimo” es que aún no se ha hecho las suficientes preguntas.

nietzscheanas 58

abril 21, 2022 § Deja un comentario

Puede que Nietzsche se equivocara al considerar que el cristianismo fue un platonismo para el pueblo. Quizá lo fuese la cristiandad, pero no el cristianismo. Pues el Dios cristiano no es, en realidad, un paradigma. Ni siquiera de bondad. Aunque en muchas cabezas cristianas se siga concibiendo como tal , lo cierto es que el Dios que se revela en el Gólgota, en sí mismo, no es aún nadie. Es el Dios que, tras la caída, tuvo pendiente su modo de ser. En la cruz, el Padre se manifiesta como un Dios impotente. No puede hacer más que guardar silencio. Es lo que tiene un Dios que quiso ponerse en manos del hombre que depende de Dios —un Dios que, desde el principio, renunció a un poder sin resquicio. De hecho, en eso consiste su omnipotencia: en desprenderse del poder. Pues, de lo contrario —de no poder abdicar—, la voluntad de poder estaría por encima de la de Dios. Solo desde el Dios que no quiso ejercer como Dios sin la fidelidad del hombre —solo desde el Dios que quiso reconocerse en Adán, al fin y al cabo, en el que tiene que negarlo en tanto que es lo otro de Dios— cabe confesar que el crucificado es el quién de Dios, su modo de ser, en definitiva, el Hijo. El cristianismo es la raíz del nihilismo, no porque la vida carezca de valor si no es en relación con lo que vale en verdad, a saber, la vida de Dios, sino porque Dios en realidad es el Dios que salió de sí mismo —que quiso privarse de divinidad— para reconocerse en el hombre y, así, llegar a ser el que es. Esto es, porque Dios se puso en riesgo desde el origen de los tiempos. La muerte de Dios —su desaparición como Dios— fue antes un invento cristiano que nietzscheano. Pues el mundo no es nada donde Dios siga siendo un eterno porvenir. Otro asunto es que la cristiandad se decantara históricamente por el pantrocrátor, transformándose en una religión entre otras (y aquí deberíamos darle la razón a Hegel cuando escribió que, con el paso del tiempo, incluso la verdad termina siendo otra cosa). Pero esto no quita que el cristianismo, avant la lettre, diga lo que dice.

nietzscheanas 57

abril 20, 2022 § 1 comentario

El hombre no puede crear valor. Tan solo reconocerlo. Cuando los padres que perdieron a su hijo deciden conservar el balón con el que jugaba, no están proyectando un valor sobre lo que, como tal, no es más que un balón: ese balón es sagrado, intocable, inútil. Sencillamente, es más que un balón. Si se tratara de una proyección o, en términos de Nietzsche, de una lectura, entonces bastaría con sustituirlo por uno igual, de perderlo en una mudanza. Pero es obvio que, para esos padres, el balón del hijo es insustituible. Que solo desde su punto de vista quepa reconocer el carácter sagrado de ese balón no implica que se trate de una interpretación de lo que en sí mismo no es más que un balón. Únicamente, que lo sagrado no puede ser reconocido desde cualquier punto de vista o situación. Al fin y al cabo, no hay un en sí mismo al que podamos referirnos como lo que es en realidad. No hay visión que no incluya un cierto saber de qué se trata. Sin embargo, en lo que respecta al valor —o a lo sagrado— este qué no lo decide el hombre.

Para crear valores, lo humano del hombre tiene que haber sido superado. Tan solo el übermensch es capaz de crearlos. Pero ¿cómo es posible? ¿Cómo puede hacerlo si nada posee valor —si todo valor, según Nietzsche, es interpretación? Un valor discrimina, esto es, nos permite distinguir entre lo que vale y lo que no. Ahora bien, el übermensch no discrimina: tanto vale la inocente alegría de un niño como un genocidio. Todo es milagro, por decirlo así: desde el crecimiento de la hierba hasta los hornos crematorios de Auschwitz. Todo es motivo de danza —y de ahí que Nietzsche contraponga en su obra, a la manera de un leitmotiv, la figura del crucificado a la de Dioniso, el dios de la ebriedad. ¿En qué consiste, por tanto, la creación del valor? Si todo vale, entonces nada vale. Pero esto equivale a decir que vale la nada. En el fondo, la superación de lo humano consiste en amar la nada —en abrazarla.

Atanasio, uno de los primeros intelectuales cristianos, dejó escrito que Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera divino. Nietzsche, sencillamente, se tomó al pie de la letra la sentencia cristiana, aunque dándole un giro particular: Dios se encarnó para que el hombre ocupara el lugar de Dios. Y lo ocupa en el momento en que, perseverarndo en la nada, crea valor de la nada… análogamente a como Dios creó el mundo, precisamente, a partir de la nada. El übermensch crea valor de la nada porque, en definitiva, Dios es nada. Quizá no sea casual que Nietzsche percibiera un estrecha familiaridad entre mística y nihilismo. Pues para el místico, Dios es no siendo nada en particular —o como escribiera Isaac Luria en el XVI, desapareciendo como Dios. Por no hablar de la íntima conexión entre nihilismo y cristianismo. Pues ¿acaso el cristiano no confiesa que Dios tuvo que vaciarse de Dios para hacerse hombre? Pero este es otro asunto.

inhumana pureza

abril 20, 2022 § Deja un comentario

La pureza es inhumana. De ahí que Israel nunca se tomara muy en serio la creencia en la inmortalidad del alma (pues la perennidad de los espectros no tiene que ver con nosotros). ¿Un amor sin sexo? ¿Acaso no valdría con cualquiera? Pero ¿quién, entonces, podría soportarlo? El amor se hace. Y las almas no tienen manos. Ahora bien, las manos, tarde o temprano, alcanzan el barro. No hay plata sin ganga. Por suerte. Ciertamente, seguimos aspirando a la pureza de la divinidad —a un amor sin tara. Pero ¿quién podría soportar ser un Dios? Ni siquiera Dios pudo tolerar ser solo Dios.

nietzscheanas 56

abril 19, 2022 § Deja un comentario

La fuente del valor, según Nietzsche, reside en lo alto, pero Dios ha muerto. Ya no hay valor que valga. Todo se encuentra, por tanto, en el mismo plano. Da igual una masacre que la sonrisa franca de una mujer. En cualquier caso, te parecerá que lo segundo es mejor. Pero solo porque es preferible —porque el cuerpo se inclina hacia ello—, no porque sea mejor o en realidad esté por encima de una pila de cadaveres. Sin embargo, podríamos preguntarnos si la raíz del valor, antes que con las alturas, acaso no tendrá que ver con la pérdida. Las zapatillas de papá, pongamos por caso, se cargaron con el aura de lo sagrado tras su muerte. Sencillamente, dejaron de ser algo útil. Papá de algún modo continúa estando presente mientras sus zapatillas sigan ahí. Por eso, debemos presevarlas de su profanación: nadie las aprovechará. Evidentemente, el reconocimiento del valor exige un punto de vista, en nuestro ejemplo, el del hijo. Pero eso no devalúa el valor. No puede haber ningún valor para quien contempla la escena desde la distancia. Pues tan solo la pérdida revela la alteridad de aquel con quien tratamos —negociamos— a diario. Pues la alteridad del otro es lo intratable del otro, lo que en el otro no admite negociación. En este sentido, podríamos preguntarnos si acaso la vida no se carga de valor precisamente porque Dios ha muerto —o, en bíblico, porque su presencia es la de un ausente o eterno porvenir—. Dios nunca garantizó un sentido, salvo para quien ignora qué significa estar ante Dios, sino en cualquier caso el carácter milagroso de la existencia. Del sentido, ja en parlarem (si es que puede haber algún sentido para quien el todo nunca puede ser el todo). Al fin y al cabo, la vida se carga con el aura de la excepción donde caemos en la cuenta de que se nos ha dado desde el horizonte de la nada o, mejor dicho, del aún-nadie como tal.

jesuología

abril 18, 2022 § Deja un comentario

Dicen, algunos: no creo en las iglesias, ni en sus dogmas; creo en Jesús. Esto es, en su causa. Sin embargo, Jesús, el profeta, fracasó. ¿Su causa? Una causa perdida. Moloch gana. Los partidarios de Jesús a secas harían bien en releer a Pablo y en concreto 1Co 15, 14. O resurrección de los muertos, o nihilismo. Aunque esto sea como decir nihilismo. Sobre todo, donde ya no nos comprendemos como aquellos que se encuentran expuestos a la imposible posibilidad de la bondad. Ni cultural, ni existencialmente.

¿qué esperar?

abril 17, 2022 § Deja un comentario

¿Qué esperanza para Caín? ¿Acaso el perdón de Abel? Sin embargo, para ello debería levantarse de entre los muertos. Y es que únicamente la compasión de su hermano puede resetear la existencia del fratricida. ¿Como le ocurrió a Pablo? Probablemente. Pues, asistiendo a la ejecución de Esteban, y tras su perdón, Pablo pasó de exterminar a los seguidores de Jesús a proclamar su evangelio. O como contaba aquella mujer, que estando prisionera en los campos de Pol Pot llegó a arrancar la comida de la boca de su hija, la cual murió, días después, de inanición: que lo único que esperaba era poder encontrarse con su hija más allá de la muerte para que pudiera perdonarla… y comenzar juntas de nuevo. Obviamente, se trata de un imposible.

Ahora bien, el cristianismo no profesa otra fe. Sencillamente, los muertos deben resucitar en nombre de aquella bondad que nos fue dada en medio del horror. De lo contrario, no hay redención para el culpable. ¿Y quién no lo es, al menos a causa de su pasar de largo? Quizá, por eso mismo, la esperanza en la resurrección de los muertos concierne antes a los culpables que a la víctimas. Pues no solo se trata de que los que murieron antes de tiempo a causa de nuestra impiedad puedan vivir la vida que les resta. Los muertos tienen que resucitar para que las víctimas puedan apiadarse de sus verdugos. La justicia de Dios es, antes que venganza, una última oportunidad. Hay esperanza, precisamente, porque Dios espera. El juicio de Dios arranca con el perdón del crucificado. De ahí que el verdugo se condene donde, tras el gesto de misericordia, recoge de nuevo el hacha. Y aquí la condena es una eternidad sin rostro (al menos, porque la existencia deviene eterna para quien está solo).

En cualquier caso, la resurrección sigue siendo, literalmente, increíble. No es algo que podamos esperar desde nuestro lado. Sin embargo, Dios o tiene que ver con lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad, esto es, con lo inconcebible en nombre de; o no es Dios, sino un trampantojo al servicio del onanismo espiritual. En definitiva, o resurrección, o nihilismo. Y para aquellos que no nos encontramos abiertos a la imposible posibilidad de Dios, esto es como decir nihilismo. Pero por suerte —o mejor dicho, por gracia— hubo quien permaneció abierto por nosotros, los incapaces. Pues solo por su fe cabe la fe.

el despojo de Dios

abril 16, 2022 § Deja un comentario

Jesús murió en la cruz como un apestado de Dios. La crucifixión transformaba el cuerpo de un hombre en un despojo. Nada que ver con la serena muerte del asceta. Deberíamos imaginar el rostro del crucificado como el de un enajenado, con los ojos fuera de las órbitas. Esto es, soportando el peso del mal. Y quien lo soporta no puede menos que repugnarnos. Como un saco de vísceras. Hay que tener mucho estómago para confesar que ese carne es la de Dios. O mucha humildad para aceptar su perdón. ¿Cómo pudo el que fue abandonado de Dios morir abandonándose a Dios? ¿Acaso esa fe no fue la de un muerto, la de quien ya no podía esperar nada del mundo? ¿No es cierto que, por eso mismo, su último aliento, el que nos da la fe, lo entregó regresando de la muerte, aun colgando, con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo? Es posible que la única pregunta que importe sea qué tienen que decirnos los muertos. O mejor, ese muerto. Aunque, obviamente, no nos lo parecerá donde seguimos tan satisfechos de nosotros mismos (y puede que también de nuestra fe).

Cristo, ¿un campesino judío?

abril 15, 2022 § Deja un comentario

Hace un siglo, Rudolf Bultmann puso sobre el tapete la disyuntiva entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Aunque no fuera este el propósito de Bultmann, lo cierto es que la distinción sugería, cuando menos, que el Cristo de la fe era una interpretación… entre otras. A partir de entonces proliferaron una serie de imágenes alternativas: desde el Jesús guerrillero hasta el Jesús cínico. Sin embargo, la cuestión no es si caben diferentes interpretaciones —pues resulta obvio que sí—, sino si la confesión creyente fue originalmente una interpretación. No me atrevería a decirlo. Y es que una cosa es interpretar desde la grada —y aquí la interpretación se añade, por decirlo así, a lo que se ve— y otra muy distinta ver de un cierto modo, lo cual es, en cualquier caso, inevitable. De hecho, no hay visión que no incorpore en su seno una carga teórica. Ver es siempre un ver como. Así, por ejemplo, quien ve un martillo, ve un clavo. Siempre y cuando pertenezca a un mundo en el que haya martillos, no ve en primer lugar una cosa que, a continuación, interpreta. Directamente, ve el clavo que acompaña al martillo. En este sentido, la visión de lo que hay supone un reconocimiento. Cuando topamos con un amigo tras años sin verlo, no estamos propiamente interpretando, sino reconociendo… aunque, en un primer momento, podamos dudar. Vemos al amigo como lo que es, a saber, un viejo amigo. Si hoy en día fácilmente damos por sentado que el Cristo de la fe es una interpretación entre otras, quizá sea porque ya dejamos atrás los presupuestos culturales —los pre-juicios— que hicieron posible su reconocimiento. Y quien dice presupuestos, dice mundo.

topar con Dios

abril 14, 2022 § Deja un comentario

Para el sujeto moderno, como para Israel, Dios no es un ente superior. De topar con dicho ente, aún no habríamos topado con Dios. Tan solo con un ente con el que deberíamos lidiar. De hecho, con Dios, como tal, no cabe topar. Incluso en los cielos, seguiría estando por ver. Sin embargo, no hay relación con Dios que no implique la pobreza del hombre, su descentramiento. El exceso de Dios sitúa al hombre en la perferia. La dependencia del hombre con respecto a Dios no es, por tanto, la del perro con respecto a su amo —no se trata del sentimiento de dependencia propio de la infancia—, sino la de aquel que, bajo el cielo impenetrable de los Auschwitz de la historia, clama por una redención que no está en sus manos asegurar, aunque tampoco solo en las de Dios. Cristianamente, todo comienza al pie de una cruz. ¿Topar con Dios? Por supuesto: ahí está, colgando.

desde el otro lado

abril 13, 2022 § Deja un comentario

Decimos: lo real, en su darse, desaparece en su carácter otro. Pero ¿Qué es lo Otro en sí mismo o para sí mismo? Por lo dicho, aún nada o nadie. De lo Otro como tal solo podemos hablar desde nuestro lado. ¿La alteridad? Un eterno porvenir. Quizá la pregunta por la esencia del Otro no tenga otra respuesta que la de aquel que ocupa su lugar. Y acaso entonces el Otro se revele como un quién cuyo cuerpo se halla frente a sí (y colgando).

ex machina, insistimos

abril 12, 2022 § Deja un comentario

Dios, como dijera Bonhoeffer, no está para tapar agujeros. Tampoco puede. Pues lo primero en Dios es su renuncia a ejercer la divinidad desde otra altura que no sea la de la cruz. Sin embargo, quienes se encuentran sin salida, ¿pueden prescindir de una liberación ex machina y seguir creyendo? Quizá debamos prestar más atención a la fe de Israel. Pues es posible que, al final, para los hundidos no haya otra esperanza que la mesiánica. Que Dios en verdad sea un Dios encarnado significa, entre otras cosas, que no tiene otros brazos que los nuestros. Y esto no parece que conjugue con la idea, presente aún en muchas cabezas cristianas, de que Dios es algo así como una variante espectral del primo de Zumosol. Ciertamente, preferiríamos una solución milagrosa al sufrimiento. Pero Dios en verdad nunca se ajustó a nuestras preferencias.

carne

abril 11, 2022 § Deja un comentario

Según Platón, somos almas (y el cuerpo, una cárcel). No eres el cuerpo que habitas. La cuestión es que el bonobo que llevamos dentro no lleve las riendas, que no impida nuestra aspiración más honda. Israel, en cambio, nunca concibió lo humano en estos términos. La persona es carne, la unidad de cuerpo y alma. La única escisión que cuenta es la que separa a YWHW del hombre. De lo que se trata, en definitiva, no es de mantener el bonobo a raya, sino de modificar la sensibilidad… si es que esto es posible solo desde nuestro lado. Traducción: que no te guste lo que no importa; que, al final, llegues incluso a aborrecer todo lo que supone alimentarse de viento.

creencia y escathon

abril 11, 2022 § Deja un comentario

La creencia en Dios, tal y como se entiende por lo común —a saber, hay un Dios que es amor, mientras nosotros tenemos la opción de vivir conforme a su voluntad—, es algo así como el modelo que nos permite cuadrar el puzle de la existencia. De este modo, permanecemos bien situados. Ya sabemos a qué atenernos. La cosa no cambia donde en lugar de un Dios personal colocamos el lado luminoso de la fuerza (o cualquiera de sus variantes). Sin embargo, la creencia aún no es fe. Pues esta última implica una confianza que no es exactamente la que exige una hipótesis de trabajo. Y esta confianza apunta inevitablemente a un final de los tiempos en los que se pronunciará una última palabra. Así, todo está por decidir. Y más si Dios no es un deus ex machina, sino el Dios que depende del hombre que depende de Dios. La fe se erige, por consiguiente, sobre un interrogante: en definitiva, qué será —cómo se resolverá— lo que ahora oscila entre la luz y la oscuridad. No parece que pueda haber fe donde la existencia no se comprende, de algún modo, como un combate entre el Bien y el Mal. En la creencia hay demasiado saber como para que podamos hablar de verdad. Como si la cuestión se hubiera resuelto antes de tiempo. Y es que bíblicamente, la verdad no tiene que ver con el presente indicativo, sino con un futuro absoluto, un futuro que, en tanto que absoluto, no termina de coincidir con lo que fácilmente podemos suponer desde nuestro lado.

hecho, significado y resurrección

abril 10, 2022 § Deja un comentario

Toda visión incluye un cierto saber. Así, quien ve un carro ve el cargamento, aunque vaya de vacío. O también, a quienes se les apareció el crucificado vieron al que fue levantado por Dios como Hijo. Una cosa va con la otra. Con todo, es posible retener tan solo el significado que soportaron los hechos originales, una vez somos incapaces de ver lo mismo. Así, muchos cristianos actualmente aún pueden admitir a Jesús como Hijo, aunque sea pasando de puntillas con el asunto de la preexistencia. Pero difícilmente, la historia de zombis buenos con la que terminan los evangelios. Sin embargo, donde ya no sabemos qué hacer con el hecho de la resurrección, salvo traducirlo —y traducirlo es no saber qué hacer—, el cristianismo queda herido de muerte. Y puede que este sea un síntoma de que un haber olvidado que la fe siempre apuntó a lo imposible-en-nombre-de.

nihilismo cristiano

abril 9, 2022 § 2 comentarios

Dar de comer al hambriento; perdonar a tu verdugo… ¿Es posible donde aún pertenecemos al mundo? ¿Acaso esta posibilidad no pasa por estar muertos? Y esto significa sin esperar nada a cambio. Ni siquiera el reconocimiento de Dios. ¿Hermanos? Sí. Pero como huérfanos. En realidad, Jesús murió sin poseer el sentido de su muerte. Aunque se abandonase a Dios. En esto consiste el mayor descentramiento, la ascesis suprema. Que además sea el camino debería, cuando menos, desconcertarnos.

Se nos dirá: “sin embargo, hubo resurrección. Y con la resurrección la cosa cambia: tenemos un hacia dónde, incluso en medio del horror. Ahí están los mártires.” Ciertamente, la resurrección nos ofreció un hacia dónde. Pero en la cruz, hasta los mártires se tambalean. Pues la cruz es la crisis de la creencia. Hay que pasar de nuevo por donde pasó el Hijo para incorporar la fe que trasciende la creencia, para hacerla cuerpo, al fin y al cabo, para que apenas seamos más que un esperar sin expectativa. De lo contrario, o bien creeremos que creemos, o bien simplemente creeremos que es verdad lo que nos cuentan. Ahora bien, que fe y cruz vayan de la mano significa que la fe solo es fe donde el creyente se abre a lo increíble por imposible, resurrección incluida. Y ello en nombre del milagro de una bondad dada desde el horizonte del que, en sí mismo, es el eternamente aún nadie. A pesar de que no entendamos nada. O quizá por eso.

como si no

abril 8, 2022 § 3 comentarios

Asumir que no hay Dios sin el fiat del hombre cuesta tanto que seguimos dirigiéndonos a Dios como si no hubiera habido Encarnación. Como si Dios —el Padre— fuera por un lado y el crucificado-resucitado —el Hijo— por otro. Como si pudiera haber Padre sin Hijo. Por no hablar del Espíritu. Pues a menudo lo consideramos como una fuerza que va por su cuenta. Como si no procediera del Padre y el Hijo. Como si no fuera el espíritu de una esperanza, literalmente, increíble. Como si tan solo fuera un poder revitalizante, al margen de lo que tiene que decidirse al final de los tiempos.

en resumen (y 2)

abril 7, 2022 § Deja un comentario

Si te parece que es Dios, entonces no es Dios. Pues Dios no aparece como Dios, sino como el abandonado de Dios que se abandona a Dios.

en resumen

abril 6, 2022 § Deja un comentario

Religión: el hombre en manos de Dios. Cristianismo: Dios en manos de los hombres que dependen de Dios. No es exactamente lo mismo.

hijos en el Hijo

abril 5, 2022 § Deja un comentario

¿Qué significa decir que Dios se hizo hombre? Ciertamente, la expresión, de partir de un Dios ya hecho, lleva al docetismo y sus variantes. Pero, donde tenemos en cuenta que, desde un principio, Dios quiso reconocerse en el hombre, por decirlo así, la cosa cambia. Pues equivale a decir que Dios no quiso ser aún nadie sin el fiat del hombre. De ahí que Dios no tenga otro rostro —otra entidad— que la del cuerpo de quienes le son fieles. Para el creyente, el Padre sigue siendo, en sí mismo, un don nadie —como lo fue para el Hijo—, aquel que reclama la respuesta del hombre a su invocación para llegar a ser el que es. Su presente: el de quienes responden a su voz, la que se materializa, precisamente, en los parias de este mundo, el reverso de Dios. No en vano fue Pablo quien dijo aquello de que fuimos hechos hijos en el Hijo. Y por eso mismo, mientras haya creyentes, habrá Dios.

tres modos de creer

abril 4, 2022 § Deja un comentario

Esto del creer admite, diría, tres modos. El primero, se cree en lo que se cree: hay en los cielos un Dios que nos ampara a su modo. Podemos dirigirnos a él como el niño se dirige al ángel de la guarda. Se trata de la creencia más común. Sin embargo, no se distingue de las suposiciones que nos permiten cuadrar nuestro estar en el mundo. Con el segundo, creemos que es verdad que, por ejemplo, el crucificado es el quién de Dios. Que no hay Dios al margen de la cruz. En este caso, no hay propiamente fe, sino teología. De hecho, seguimos con lo nuestro. Aquí, la creencia revela tan solo una inquietud por la verdad. En el tercer modo, el creyente se encuentra por entero sometido a la voluntad —la voz— que se desprende de la radical trascendencia de Dios. No entiende del todo, pero es fiel. Es el que da de comer al hambriento en nombre de un porvenir que no está en sus manos asegurar. Y probablemente diga de sí mismo que no termina de creer.

fábricas

abril 4, 2022 § Deja un comentario

Auschwitz fue también una extensión rutinaria del moderno sistema de fábricas. En lugar de producir mercancías, la materia prima eran seres humanos, y el producto final era la muerte, tantas unidades al día consignadas cuidadosamente en las tablas de producción del director. De las chimeneas, símbolo del sistema moderno de fábricas, salía humo acre producido por la cremación de carne humana. La red de ferrocarriles, organizada con tanta inteligencia, llevaba a las fábricas un nuevo tipo de materia prima. Lo hacía de la misma manera que con cualquier otro cargamento. En las cámaras de gas, las víctimas inhalaban el gas letal de las bolitas de ácido prúsico, producidas por la avanzada industria química alemana. Los ingenieros diseñaron los crematorios, y los administradores, el sistema burocrático que funcionaba con tanto entusiasmo y tanta eficiencia que era la envidia de muchas naciones. Incluso el plan en su conjunto era un reflejo del espíritu científico moderno que se torció. Lo que presenciamos no fue otra cosa que un esquema masivo de ingeniería social.

Henry Feingold, citado por Z. Bauman en Modernidad y Holocausto

Felicitas

abril 3, 2022 § Deja un comentario

Dices: no soy feliz. ¿Acaso no tuviste éxito? ¿Fracasaste en el amor? A papá ¿todavía no le gustan tus dibujos? Quisiste ser un héroe. Pero te has dado cuenta de que la vida únicamente reparte oficios. Felicitas fue la diosa romana de la prosperidad. Pero los dioses siempre mienten. Te alcanzó la suerte. Y, sin embargo, no fue suficiente. ¿En qué consiste saber vivir? ¿Qué sabe quien ha alcanzado la dicha? ¿Quizá que lo que nos hace felices no es algo que podamos poseer, sino tan solo amar? Y quien dice amar, dice perseguir. Puede que no haya otro espíritu que el de una búsqueda sin término. ¿A qué altura te expones? ¿Cuál es tu inquietud? Memento mori. Que no te pueda lo que no importa. El todo nunca fue el todo. Dices que tu existencia es gris. ¿Pero es posible que lo sea porque aún crees que tan solo las chuches te harán feliz?

Carmen es una carca (o sobre el poliamor)

abril 2, 2022 § 3 comentarios

Las costumbres cambian. Pero las costumbres, incluso las buenas, tienen que ver con lo impersonal: con lo que se hace, se lleva… Así, entre los jóvenes de ahora, lo más parece que es salir con alguien pero sin que ello excluya poder echar, de vez en cuando, una cana al aire. El discurso —lo que se dice—: si te apetece, ¿por qué no? A mi pareja no le importa. De acuerdo. Esto es, de mútuo acuerdo. Algunos de sus mayores, ciertamente, no terminan de comprenderlo. Unos carcas, responden los chicos (y no tan chicos). Sin embargo, la pregunta no es ¿por qué no?, sino ¿qué significa que no nos importe? ¿A quién no le afecta que su pareja se líe con otro puntualmente? Es decir, ¿qué tipo de yo hay detrás de esta actitud?

A mí no me importa prestar la blackdecker al vecino cuando me la pide. Al fin y al cabo, hablamos de algo que, en tanto que útil, terminará, tarde o temprano, en el container. Pues el destino de lo útil es, precisamente, la inutilidad, el desgaste. Pero sí me importaría prestar a mis hijas para que otros hicieran de padres durante unos días… incluso si ellas me lo pidieran. ¿Debería no importarme? En el caso de que no me importase ¿qué estaría diciendo sobre mi relación con ellas —y, en definitiva sobre mí mismo—? ¿Acaso que mis hijas únicamente satisfacen mi necesidad de tener descendencia? Uno no puede evitar la sospecha de que en las parejas abiertas el otro no ha terminado de entrar. Simplemente, estoy bien con él o ella —o incluso muy bien—, pero puedo vivir sin él o ella. Todo desde la barrera. No parece que haya aquí mucha intimidad. Y puede que no haya intimidad porque no hay intimidación. En el amor, el otro irrumpe como único (y por eso mismo, interrumpe la continuidad de los días). Es lo que tiene la alteridad. Pues, de hecho, tan solo cabe amar lo que, como alter, no podemos poseer (y sin embargo, nos reclama o exige una respuesta incondicional).

Con todo, el amor es tan extraordinario como difícil. No es lo habitual. Mientras, fem el que podem. Es decir, nos dejamos llevar por lo que se lleva… creyendo que es lo más auténtico, cuando se trata simplemente de la novedad, ese simulacro de lo nuevo. Nos equivocamos donde confundimos el amor con la inclinación, por no decir, la excitación —en definitiva, el deseo con el amor—. Es lo que tiene ser unos consumistas. Pues la lógica del poliamor es la del super. Al fin y al cabo, uno es lo que ama. Pero podemos pasarnos toda una vida sin amar nada o a nadie, comprando —y desechando— cosas. Quizá el problema sea que con el tiempo los chicos del poliamor se den cuenta de que las nuevas costumbres no son mejores que las viejas. Toda costumbre es gris (y el amor, denso). Pero entonces acaso descubran el Mediterráneo. ¿Qué pasa si a mi pareja no le importa que me acueste con otros? Literalmente, no pasa nada. O mejor, nada acontece o tiene lugar. Es decir, acontece la nada. ¿A quién quieres engañar diciéndote que es lo más? Será cierto que las mujeres y los hombres se distinguen entre los que están a favor de la búsqueda y los que no. Y, en el fondo, lo que buscamos es la aparición. Aunque lo ignoremos. Ahora bien, donde renuncias a la aparición, el mundo gana. Y al mundo solo le interesa que te reproduzcas.

Nietzsche y Pablo

abril 1, 2022 § 3 comentarios

Probablemente, Nietzsche entendiera el cristianismo mejor que muchos cristianos. Sin embargo, no pudo ser cristiano. Y no tanto porque se embriagara con la figura del übermensch, sino porque, en definitiva, donde la resurrección de los muertos necesita ser traducida para ser modernamente digerible —diciendo, por ejemplo, que la fe en la resurrección es un modo de decir que Jesús sigue vivo en nuestros corazones—, el cristianismo pasa a ser otra cosa. Como dijera Pablo, si los muertos no resucitan, vana es nuestra fe (y puede que no sea casual que vano conecte con vanidad). Ahora bien, lo cierto es que esto de la resurrección cuesta de tragar hoy en día (aunque también antiguamente).

Con todo, es igualmente cierto que, tarde o temprano, deberíamos caer en la cuenta que la fe en Dios o apunta a lo imposible —a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad— o no es fe, sino suposición. Y apunta a lo imposible no a causa de nuestra necesidad de un final feliz, sino en nombre, precisamente, del acontecimiento de lo imposible —la bondad, el perdón del enemigo…— en medio del infierno. Para comenzar a entender, cuando menos, de qué va el asunto de la resurrección acaso no estaría de más tener muy presente el episodio de las madres de El Salvador, aquellas campesinas que dieron su sangre para que pudieran seguir con vida aquellos soldados que agonizaban y que, momentos antes, habían forzado y asesinado a sus hijas en una operación de la Guardia Nacional contra la guerrilla. Evidentemente, esas mujeres ya no tenían vida por delante (y en este sentido, podemos decir que estaban muertas). Quizá el cristianismo no pretenda más que dar fe de lo que este gesto revela acerca de Dios, un gesto que mimetiza, por decirlo así, el que tuvo lugar en el Gólgota. Y lo que revela no es un dios titiritero, sino aquel que no es nadie sin el cuerpo de quienes obedecen su voluntad, aun cuando no pueda ser de otro modo que sin Dios mediante. Esto es, como si no hubiera Dios.

Así, cristianamente, la verdad —lo que en verdad acontece y no simplemente pasa o sucede— tiene que ver con la vida que podemos esperar tras la muerte. Y esta vida no tiene nada que ver con la superviviencia de espectros puros en un supuesto más allá, sino con una Nueva Creación. Lo dicho: imposible. Ahora bien, donde no cabe la posibilidad de lo imposible —de lo absolutamente nuevo— o, en palabras de Pablo, donde no cabe esperar contra cualquier expectativa, Nietzsche tiene, sencillamente, razón: nada, al margen de un eterno retorno del ruido y la furia (a pesar de que a momentos aún quepa asombrarse del crecimiento de la hierba).

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