qué más

mayo 31, 2022 § Deja un comentario

Al final, cuando apenas quedan instantes, un gesto de bondad. En el mejor de los casos. De tus hijos, tu esposa. O incluso de la enfermera o el compañero de habitación. O de aquel desconocido con el que recibirás la ducha de Zyklon B. La bondad lo es todo. Nos iremos con la bondad que recibimos. No hay aquí saber. Tampoco reacción. Solo apertura. ¿Lo anterior? Apenas un alimentarse de viento. ¿Lo último? Un beso —una caricia— sobre las manos vacías. Y ese es el milagro.

nietzscheanas 59

mayo 30, 2022 § Deja un comentario

Si es cierto que, según Nietzsche, no hay hechos morales sino una interpretación moral de los hechos —si no hay ni Bien ni Mal en la naturaleza de las cosas, a lo sumo lo que nos favorece o perjudica—, entonces Auschwitz no representa el horror absoluto. En cualquier caso, nos parece que lo representa. Y el parecer, ya se sabe, es una perspectiva. Al fin y al cabo, no hay nada qué representar. Y por eso mismo, el término apariencia deviene prescindible. En última instancia, la metafísica, la cual vive de la distinción entre el carácter oculto de lo real y su presencia sensible, siempre relativa a un punto de vista. Así, en vez del aparecer, tan solo un juego de fuerzas. Las apariencias —lo que nos parece que es— está al servicio del ejercicio del poder. De hecho, a los verdugos Auschwitz les pareció, ciertamente, otra cosa: el precio a pagar para alcanzar los mil años de paz. Doloroso, sin duda. O acaso meramente desagradable. Pues a nadie le gusta, salvo que sea un psicópata, tener que exterminar a una plaga de ratas. Pero en modo alguno, la encarnación del Mal.

Ahora bien, la pregunta es desde qué lugar cabe decir lo anterior. No es casual que Nietzsche simpatizara con Spinoza. Y es que sub specie aternitatis —esto es, desde la distancia de un dios— da igual que crezca la hierba o que se ejecute una masacre. Aquí el prejuicio es qué hay mas objetividad en el relato imparcial que en el de los protagonistas de la escena. Estamos ante el presupuesto griego par excellence —ante el lado oscuro de la teoría. Es cierto que si es cuestión de medir, lo adecuado es distanciarse. Pero no tengo claro que lo real se ofrezca como medida. Más bien, al contrario. De ahí que si se trata de dar testimonio de lo real —de lo que acontece y no simplemente pasa—, entonces quizá estén mejor situados los que padecen la escena que el espectador literalmente antipático. Pues donde simplemente nos limitamos a la descripción imparcial difícilmente caeremos en la cuenta de que lo que acontece es, precisamente, la desaparición de la alteridad, su paso atrás como la condición del mundo. O por decirlo de otro modo, que el haber como el haber de las cosas solo es posible porque el haber como tal es el haber del nadie aún.

Si de repente se hiciera el silencio y la oscuridad, no habría nada. Esto es, habría la nada. Sin embargo, la nada —la muerte— es lo que no puede ser. No cabe un puro haber, sino, como decíamos, el haber de lo concreto. Traducción: lo que debe ser —el Bien—es el haber de lo que hay. En este sentido, o estamos al servicio de la muerte, o de la vida. Basta con imaginar que nos hallásemos expuestos a la nada —o como decíamos, bajo la más impenetrable oscuridad y silencio— para comprender, cuando menos, que el hágase es el envés de la nada. Pues algo tiene que acontecer de la nada. Y este tiene que es, en definitiva, un debo. Al menos, porque el tiene que apunta a la aparición que tendrá lugar junto a ti. Ciertamente, podría no aparecer nada más. Pero en ese caso el cogito, ese testigo de la nada, estaría condenado a la búsqueda de la aparición. Sea como sea, el tener lugar de la aparición va con el deber de preservarla de la amenaza de la nada que, con todo, la hizo posible. Al fin y al cabo, en el principio está el fin. Pero probablemente el plato dialéctico sea demasiado indigesto para el estómago de Nietzsche.

haciendo niños

mayo 29, 2022 § 1 comentario

En la enseñanza, se observa desde hace unos cuantos años una tendencia a la infantilización, por así decirlo. El dato es que los adolescentes tienen muy poca resistencia a la frustación —y de paso, sus padres. Por lo común, creen que tienen derecho a lo mejor —léase a la mejor nota— sin haber pagado el precio. Difícilmente pueden tolerar que el profe les diga que, de momento, no están a la altura —que su ejercicio es mediocre. La respuesta de los pedagogos oficiales es bajar el listón. Como si el objetivo fuera, a pesar de lo que se proclama, evitar la frustación. Pero esto, sencillamente, no es serio. Aprender no es fácil. Hay que picar piedra. Ciertamente, no se trata simplemente de seleccionar. Hay que ayudar al alumno a ponerse en pie. Pero esto no se consigue si él no quiere. Y hoy en día es complicado que quiera. Pues todo a su alrededor le invita a la distracción —a una gratificación inmediata. Por no hablar de que creer que son el centro. La cuestión es qué debe hacer una escuela ante la dimisión de una buena parte del alumnado. Una escuela es, en gran medida, un clima. Y da la impresión de que los vientos actuales provocarán, si no lo han provocado ya, un cambio climático. Donde no hacer nada sale prácticamente gratis, aprobar ya no significa nada. Resultado: los chicos y chicas siguen siendo unos niños en una edad en la que deberían dejar de serlo. Es lo que tiene ceder ante el malcriado —el que le demos nutella en vez de verdura… porque nos monta un pollo cada vez que ve una zanahoria en el plato.

Yo, robot

mayo 29, 2022 § Deja un comentario

Si vemos a los autómatas como humanos es porque antes vimos a los humanos como autómatas.

de reyes y dioses

mayo 28, 2022 § Deja un comentario

La figura tradicional de la familia real cumplió, como es sabido, una función religiosa. Hasta las revoluciones modernas, un rey fue, sencillamente, el representante de dios. Ahora bien, esa representación estuvo lejos de ser simplemente nominal: un rey estaba efectivamente por encima del bien y el mal. Su voluntad era ley… a pesar de que tomase a un dios por excusa. De ahí que resultase natural la creencia en otro mundo. Pues la convicción de que hay seres superiores era palpable en el día a día al encontrar una traducción social. Un rey encarnaba la divinidad como hoy en día una modelo de pasarela encarna el patrón occidental de belleza. Por tanto, no debería extrañarnos que la proclamación cristiana resultase, originariamente, tan provocativa. Pues que el representante de Dios —aquel que, en vez de ejemplificarlo, ocupó su lugar— fuese un abandonado de Dios y no el César, esto es, que Dios no sea aún nadie sin su cuerpo y no, precisamente, el de un noble es algo que, a oídos antiguos, debió de sonar a risa. Por no decir, inaceptable. ¿Acaso no era obvio que un dios no podía morir, y menos como un perro?

Nietzsche, al hacerse eco del carácter paradójico del credo cristiano, estuvo más cerca de comprender el cristianismo que muchos de los cristianos que tienden a creer, aunque sea con la mejor intención, que el cristianismo y el budismo, en el fondo, dicen algo parecido. Pues no es casual que solo de las lluvias cristianas surgieran los lodos de la Bastilla. O por decirlo de otro modo, los de una igualdad por defecto. En algún momento tendríamos que pararnos a pensar si acaso el cristianismo no estará agonizando de éxito. Al menos, porque da la impresión de que una vez subidos al piso del ideal igualitario, que no aún al de la fraternidad, podemos prescindir de la escalera cristiana que lo hizo posible. No hay democracia cristiana como puedan haber teocracias. La democracia tiene que dejar a un lado la confesión. En cualquier caso, las democracias modernas se inspiran en valores cristianos. Pero evidentemente no se trata de lo mismo. Por suerte. Es cierto que, cristianamente, permanecemos ante Dios, sin Dios. Ahora bien, esto no significa que podamos pasar de Dios. Pues donde nos quedamos solo con el sin Dios, el factum de la igualdad deviene un trampantojo. O si se prefiere, una nueva excusa para la voluntad de dominio.

quién soy

mayo 27, 2022 § Deja un comentario

A diferencia del bonobo, vas en busca de ti mismo. Y así le preguntas a papá: dime quién soy; ¿qué me aplaudes, cuáles de mis dibujos te gustan más? O también te dices: yo quiero ser como ese —y por eso lo imitas. ¿Quieres ser un triunfador? ¿Un bohemio? ¿Un arquitecto ilustre? Da igual. Eso no importa. El espejo nunca miente: la más bella es otra. Como escribiera la Dickinson: joven de Atenas, se fiel a ti mismo —el resto es perjurio. Sin embargo, esto es lo que más cuesta: desprenderse, de lo que, estando en ti, no te pertenece (aunque, en un primer momento, creas que sí). De hecho, el hombre va realizando muy lentamente sus posibilidades últimas (Rahner, dixit). ¿Y qué sostiene el cristianismo? Que aquel que te reconocerá como el que eres es el que no cuenta: el desahuciado, el pobre —ese excremento— es tu señor, tu padre. Duro de admitir. Pero puede que sea así. Pues la cuestión es quién es tu verdadero padre —quién decide tu condena o absolución. A quién responde, en definitiva, tu entera existencia (y no solo a quién quieres parecerte… a pesar de que, inicialmente, no hacemos más que copiar). No hay vocación sin invocación.

Biblia y no-dualidad

mayo 26, 2022 § Deja un comentario

El horizonte de la no-dualidad es el de la disolución, me atrevería a decir. Bajo este paradigma no nos encontamos expuestos a la desmesura de una alteridad cuya realidad es, ciertamente, paradójica. Pues la realidad del puro haber de Dios, por así decirlo, es en tanto que no es —traducción aparece en tanto que como tal no aparece. Percibimos el haber de las cosas. Pues todo haber es el haber de algo. Pero no vemos, obviamente, el estar-ahí de las cosas. Es lo siempre dado por supuesto —o dejado atrás en cuanto tal. Basta con imaginar que de repente se hiciera la más absoluta oscuridad y silencio —algo de por sí imposible, pues de darse dejaría de haber mundo: todo haber es, como decíamos, el haber de algo— para hacernos una idea de lo que supone estar expuestos a la desmesura del puro-haber.

Ciertamente, hay aquí un aire de familia con las tesis de la no dualidad. Al menos porque el fondo de lo real —el puro-haber— es, precisamente, paradójico: es-no-siendo. Y de ahí que cuanto es en concreto esté preñado a la vez de sí y no. En definitiva, esto es el tiempo, el fluir. El aparecer va con el desaparecer —la luz con la oscuridad: si todo fuera luz, no habría luz. Sin embargo, el sí y el no, según la experiencia bíblica de Dios, no se encuentran en el mismo plano (y aquí, diría, reside la gran diferencia con respecto a las espiritualidades de la no-dualidad). Es lo que encontramos en el libro de Job o en Isaías. Aunque tanto la bendición como la maldición —la gracia y el horror— obedezcan a la radical trascendencia de Dios, en nombre de la bendición originaria, —de la vida que nos ha sido dada—, el verdugo no puede tener la última palabra. El tiempo aquí no es un eterno fluir, sino un mientras tanto. El horizonte de la existencia no es la disolución, sino un final de los tiempos en el que se decidirá la redención o la condenación —una existencia sin prójimo. Como si estuviéramos en medio de un combate entre ángeles y demonios. La cuestión, en definitiva, es a qué nos obliga la trascendencia de Dios —cuál es el mandato que se desprende del desplazamiento de Dios hacia el futuro de Dios… que es también el del hombre. Bíblicamente, se trata de la voz que nos convierte en rehenes del que sufre nuestra impiedad.

No diría que se trate de lo mismo. Desde la óptica de la no-dualidad, de entrada, somos los que ignoran. Desde la bíblica, culpables, en el sentido de que somos los que debemos responder a nuestras víctimas, a su demanda… en el doble sentido de la expresión. Según la no-dualidad, Jesús de Nazaret fue un hombre de Dios —o, si se prefiere, un maestro espiritual entre otros. Para los cristianos, en cambio, el cuerpo de Dios. Pues Dios no quiso ser alguien sin la fe del hombre. No hay Padre sin Hijo. Y viceversa. Dios, bíblicamente, es un Dios in fieri. De ahí que la historia de la redención sea la historia de Dios. Desde los esquemas de la no-dualidad, lo divino es un fondo.

para qué poetas

mayo 25, 2022 § Deja un comentario

El poeta, ya anciano, es incapaz de escribir un buen verso. Si fuera un Píndaro diría: se me ha ido la inspiración —las musas me han abandonado. Si fuera uno de los modernos diría: las neuronas ya no me funcionan como antes. No se trata de lo mismo, aunque en ambos casos podamos hablar de la finitud. En el primero, todo es visto —vivido— desde la disyuntiva entre lo alto y lo bajo, siendo que lo alto, lo superior rige lo que se encuentra por debajo. En el segundo, todo se ubica en el mismo plano. Sin duda, el moderno podría decir que le han abandonado las musas. Pero sería un modo de hablar. Lo que no puede hacer es vivirlo. Como dijera Holderlin, para qué poetas en tiempos de miseria.

cuerpo y sentido

mayo 24, 2022 § Deja un comentario

Casi da igual la creencia que nos proporciona un encaje en este mundo —un hacia dónde. Para esto están, precisamente, las creencias. La cuestión, sin embargo, es que tienen qué decirnos los muertos, esos desencajados, aquellos que a causa de nuestra injusticia ya no tienen vida por delante (y por eso mismo, ya no puede seguir suponiendo). ¿Qué han visto ellos —si es que han visto algo— que nosotros aún no hemos visto (y quizá no veremos nunca)? En definitiva, la pregunta es si hay vida más allá de la muerte en vida. ¿Qué puede esperar el barbero de Auschwitz después de rasurar a sus hijos antes de que entraran en las duchas… sin que tuviera el valor de acompañarlos? La respuesta cristiana es que no la hay por defecto. Más bien, por defecto lo que hay es el sheol, un territorio de fantasmas. Si hay vida más allá es porque hubo quien volvió con vida de la muerte —y una vida nueva que, con todo, conserva los estigmas de la cruz. Se trata de la vida que ofrecen como perdón a sus verdugos, un perdón que no es solo del hombre, aunque tampoco solo de un dios que permanece en las alturas. Para los resucitados el sentido no es una hipótesis: es su cuerpo (y un cuerpo que, estrictamente, no es suyo, sino el del Dios que quiso no ser nadie sin ese cuerpo).

de apariciones

mayo 23, 2022 § Deja un comentario

Basta con imaginar que eres de los que viven en las aceras o en un coche, con tus hijos a cuestas y a los que apenas tienes que darles de comer, para intuir, cuando menos, por dónde van los tiros de una verdadera epifanía. Pues es suficiente con imaginar a continuación que alguien te preguntase sinceramente qué puedo hacer por ti y por tus hijos, mientras el resto sigue con lo suyo. Y además lo hiciera. El cristianismo no reconoce otro Dios que aquel que quiso incorporarse como hombre de Dios. Y esto está lejos de ser una fantasía.

un asunto personal

mayo 22, 2022 § Deja un comentario

Hoy en día, preferimos hablar de Dios, si hablamos, en clave impersonal. Como si al hacer de Dios un Tú, temiésemos regresar a las procelosas marismas del mito. Y de ahí que hayamos transformado a Dios en un Ello, sea en la versión oceánica o en la un anónimo espíritu de interconexión. Al fin y al cabo, en una variante del arjé de los presocráticos. Es verdad que se suele añadir que el fondo de la existencia es un fondo nutricio: como si hubiera un alguien que se preocupase de alimentarnos. Pero un como si no es un como. Ciertamente, suponer que la divinidad posee un carácter impersonal es lo más razonable. Sin embargo, creer que lo razonable va de la mano de lo verdadero —de lo que en verdad tiene lugar frente a lo simplemente pasa— no deja de ser un prejuicio. Cristianamente, Dios es inevitablemente un alguien. Y lo es, no porque sea algo así como un ente espectral, sino porque es un Dios con cuerpo o, por decirlo de otro modo, un Dios que aún no es nadie sin su cuerpo. Más que actualizar el cristianismo a categorías que podamos digerir, olvidando de paso lo que el cristianismo tiene de indigerible, quizá lo que deberíamos hacer, cuando menos, es intentar comprender mejor lo que dice.

¿por Dios?

mayo 21, 2022 § 2 comentarios

¿Les limpias el culo a los del Cottolengo porque Dios te lo manda (y de paso te sientes bien haciéndolo como el niño que obedece a papá para obtener su aprobación)? Dios ya te condenó —a ti y al resto. Desde el principio. Y te condenó renunciando a ejercer como dios. En su lugar, los cuerpos por lavar de esos deficientes. Para que si ellos te preguntaran por qué lo haces solo puedas responder por ti, porque no puedes ir por ahí con tu mierda encima. Por lavarte. Este es el sentido original del bautismo: un volver a empezar en nombre de una común orfandad. Ya se nos dijo: ante Dios, sin Dios. Como el crucificado. Dios manda renunciando a mandar desde los cielos como pudieran hacerlo los dioses del Olimpo o los espectros del esquizoide. Esto es, anulándose a sí mismo hacia lo otro de sí —hacia el que, en un primer momento, tiene que negarlo para que Dios pueda abrazarlo y, así, llegar a ser alguien. Quizá no sea casual que Teresa de Calcuta tuviera que dejar de sentir la presencia de Dios para que se le revolvieran las entrañas viendo como tantas mujeres y hombres morían como perros tirados en las calles. Para que su agonía se le volviera intolerable. Para comprender, en definitiva, que Dios no es nadie sin el cuerpo de quienes soportan su altura.

los dos planos

mayo 19, 2022 § 1 comentario

Hay el plano del cuerpo. Pero también el del alma. No tienen por qué ir a la par. Pero pueden ir —y cabe añadir, deberían. Aquí uno puede dejarse llevar por la tópica y creer que el alma es un producto lateral del cuerpo —que sus razones no son más que racionalizaciones, un intento de convencerse a uno mismo que lo que se decide emocionalmente es lo que, en cualquier caso, debe ser. Esto es Hume, aunque no solo Hume: el alma —la razón— es esclava de las pasiones, y por eso mismo carece de fuerza motivadora. Sin embargo, el alma no es solo razón, esto es, no solo es la capacidad de ver lo que se encuentra más allá de los sentidos, sino también eros (Platón, dixit). Y quien dice eros dice impulso hacia el bien. En el fondo, uno es lo que ama —y tan solo cabe amar lo que no podemos poseer y, con todo, exige ser perseguido. Nadie quiere ser, pongamos por caso, médico, sino un buen médico (y si no fuera así —si nos bastase con ejercer la medicina—, entonces podríamos decir que, en realidad, no queremos ser médicos). Otro asunto es que no terminemos de saber qué es lo que, en el fondo, queremos. Saber lo que uno quiere —saber cuál es nuestra vocación— cuesta. Es fácil saber lo que deseamos. No tanto, lo que amamos. Pero nuestro deseo no nos pertenece. Pues, al fin y al cabo, todo deseo es un implante. No obstante, el alma es impulso hacia el bien porque somos ese continuo diferir del cuerpo con el que por otro lado nos identificamos: nunca terminamos de encontrarnos en donde estamos —en las reacciones del bonobo que llevamos dentro. Decir alma es decir inquietud —y no me atrevería a decir que haya por ahí algún bonobo que sea un problema para sí mismo, que se sienta llamado a descentrarse en nombre de lo que importa.

Sea como sea, donde el cuerpo se alinea con la aspiración del alma —cuando nuestra sensibilidad inicial ha sido modificada como el fuego transforma el hierro—, entonces la imaginación está al servicio de la verdad, esto es, de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. Por ejemplo, tan solo llegamos a distinguir entre lo que importa y lo que no cuando nos anuncian que nos queda poco tiempo de vida. Y hay que meditar bastante para anticiparse a ese momento —al momento de la verdad. De ahí el recurso al imaginario. Pues es más fácil interiorizar el memento mori donde culturalmente podemos tomarnos en serio, pongamos por caso, la imagen de que llevamos incubando un alien desde que nacemos —un monstruito que, cuando crezca, terminará por rasgar nuestras entrañas. Ciertamente, el imaginario corre el riesgo de sustituir la luna por el dedo que la señala. Pero una cosa no quita la otra. La crítica ilustrada al imaginario religioso tuvo su razón de ser. Sin embargo, acabó por tirar al niño con el agua sucia. Y de esas lluvias, estos lodos —los de nuestra dificultad epocal para los asuntos de Dios.

no a la contaminación

mayo 19, 2022 § Deja un comentario

Claro. Sin embargo, ¿acaso no seguimos consumiendo plásticos? ¿Hamburguesas? ¿Verduras seguras —esto es, con plagicidas? Que sigamos ingresando ¿es que no depende, en última instancia, de la obsolescencia programada? ¿Acaso no es esta obsolescencia el aceite que hace que gire el motor? Venga, vamos a manifestarnos contra la contaminación. Como si esta no tuviera que ver con nosotros, los manifestantes. El esquema, sin embargo, es viejo: la mierda que hay en nosotros, mejor depositarla sobre otros. (Aun así, algo habrá qué hacer. O no habrá nada qué hacer.)

mero cristianismo

mayo 18, 2022 § 1 comentario

El cristianismo no es una religión entre otras. El Dios al que apunta no es un denominador común. Un cristianismo que, en su intento de hacerse un hueco en el mercado de las espiritualidades, concibe a Dios como una especie de fondo nutricio, olvida que Dios tiene cuerpo —y un cuerpo que terminó colgando de una cruz como si fuera un perro. Jesús de Nazaret no fue, según la confesión creyente, un símbolo de Dios entre otros, sino la carne de Dios, de tal modo que Dios —el Padre— no es aún nadie sin esa carne. Dios es el Dios que quiso depender del hombre que depende de Dios. Y no parece que esto sea lo que dicen los hinduistas o los budistas. O el musulmán.

setze jutges…

mayo 17, 2022 § Deja un comentario

El pobre, según Hume, inspira nuestra compasión —una reacción empática. Según el cristianismo, no solo: también nos juzga. Por un lado, el pobre nos invoca. Pero, por otro, nos obliga a responder a su acusación. Sin embargo, no entendemos que ante él nos hallemos realmente sub iudice, donde nos encontramos por encima, tan satisfechos de habernos conocido. Esto es, no lo entendemos hasta que no caemos en la cuenta de que su demanda, en el doble sentido de la palabra, es una oportunidad de redención.

del ánima

mayo 16, 2022 § Deja un comentario

Basta con imaginar que, de repente, cualquiera de nuestras mascotas tuviera un rapto de melancolía —¡y nos los dijera!— como para caer en la cuenta de lo que es el alma. Como si no terminara de encontrarse en donde está. Al fin y al cabo, ninguna profundidad puede haber sin esa falta de coincidencia con uno mismo.

amaos los unos a los otros…

mayo 15, 2022 § Deja un comentario

La lectura de Jn 13: 34-35 suele provocar buenas vibraciones entre los creyentes. Pues ¿quién, en lo más íntimo, no se siente fuertemente inclinado al amor? Sin embargo, estas vibraciones pierden su fuerza inicial —su poder evocador— donde aquel a quien hay que abrazar huele mal, por no decir que escupe sobre nosotros. ¿Abrazar al leproso? Quizá no haya para tanto… Pero el cristianismo es muy consciente de que no hay amor sin sacrificio. Pero ¿quién podrá? No quien decida ponerse las pilas —esto sería pelagianismo—, sino aquel que responde a la acusación del muerto de hambre —una acusación que, sin embargo, se ofrece antes como el perdón de quién ya carece de fuerzas para acusarnos—: ¿dónde estabas? O también: ¿dónde, pues te estaba esperando? Al fin y al cabo, el amor nunca se decidió desde nuestro lado.

Matusalen

mayo 14, 2022 § Deja un comentario

Quizá las primeras generaciones de Israel —la de los patriarcas— estuvieron más cerca de saber de qué hablamos cuando hablamos de Dios que nosotros. Pues la experiencia que hubo detrás es la de estar en manos de quien da la vida y la muerte. O mejor, del Dios que nos ofrece la vida porque al final nos entrega a la muerte. Hay vida porque hay muerte. Y es que difícilmente vamos a percibir la vida como donación o milagro donde demos por hecho que no hay muerte, sino simplemente un paso a otra dimensión. Para dichas generaciones, la bendición de YWHW se traducía en una vida larga y plena. Que Israel pasara a esperar que Dios resucitase a los muertos no fue, por tanto, algo que se diera de entrada. Esta fe surgió, como es sabido, durante la época de los Macabeos y como respuesta a la cuestión acerca de qué vida pueden esperar los mártires de Israel, esto es, aquellos a los que, permaneciendo fieles a YWHW, se les arrebató la vida antes de tiempo. La convicción de fondo es que Dios no abandona a los suyos y, por eso mismo, los muertos tienen que resucitar. Hablamos del imperativo que va con la fe. No, obviamente, de lo que creemos que será porque no podemos soportar que la película termine mal. Hablamos, en definitiva, de lo imposible en nombre de Dios. Y es que la fe o apunta a lo increíble, o no es fe, sino suposición. Dios, sin embargo, no interviene ex machina. Pero este es otro asunto.

cronos

mayo 12, 2022 § Deja un comentario

La vida es demasiado corta como para saber qué es un dios. Si viviéramos mil años como ahora podemos vivir diez, quizá caeríamos en la cuenta de que incluso una madre puede convertirse en un extraña. Nada resiste la erosión del tiempo. No en vano cronos fue, durante siglos, el dios. Y que solo lo fuera durante siglos —que esta evidencia pasara a considerarse una superstición— confirma su supremacía. Quizá el presupuesto de la Modernidad sea, al fin y al cabo, una impostura. Pues creer que nos hallamos en el centro —que no hay dios— es una ingenuidad. Como quizá tampoco sea casual que el único Dios que estuvo a favor del hombre fuese aquel que, frente al tiempo, prometió una paz eterna. La profundidad del paganismo, sin embargo, es más creíble. Al menos, porque resulta evidente que nada permanece. Ahora bien, hay más realidad —más alteridad— en lo que desapareció que en lo palpable —en lo sepultado que en los estímulos del presente. De ahí que quién se encuentra expuesto a la desmesura de la alteridad no pueda esperar más que la imposible resurrección de los muertos. No hay equilibrio de las fuerzas. O Cronos vence, o vence YWHW.

al final

mayo 11, 2022 § Deja un comentario

¿Qué quedará de nosotros al final? Los griegos creyeron que la gloria, las gestas, lo digno de ser recordado. En definitiva, lo superior. Pues tan solo la superior brilla, destaca, se singulariza. Sin embargo, todo brillo se alimenta de viento. Y por eso no hay triunfo que tenga que ver con nosotros. Todo éxito es un malentendido. Nos iremos con las manos vacías. De ahí que prefiera creer que lo que permanecerá serán esos gestos de bondad de los fuimos capaces, a pesar de no terminar de ser buenos. Y permanecerán en aquellos que los recibieron. Aunque también nos iremos con la bondad —la piedad, el perdón— que recibimos. Y por la que fuimos —y seremos, aunque ignoremos el dónde y el cuando— absueltos. O eso espero.

Dios es bueno

mayo 10, 2022 § Deja un comentario

Decimos, Dios es bueno. Pero ¿qué hay detrás de esta afirmación? No me atrevería a decir que un hecho. Como si dijéramos que las focas comen peces. Pues la realidad de Dios no es la de los entes, sino la de una falta fundamental o un eterno por-venir. De topar con un ente inconmensurablemente superior aún no habríamos topado con Dios, sino con su sucedáneo. En realidad, Dios no es algo con lo que topar. ¿Entonces? Por lo común, es una afirmación que responde a un sentimiento: siento que hay un Dios que me ama. Ahora bien, en ese caso lo de menos es la verdad (y aquí la pregunta sería quién necesita decirse a sí mismo que cuenta con ese Dios). Cristianamente, la bondad de Dios no es un predicado de un Dios entendido a la manera de un ente espectral. Cuanto cabe decir de Dios en concreto es cuanto cabe decir de aquel que terminó colgando de una cruz (y regresando como crucificado con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo). Sencillamente, Dios es bueno porque lo fue su cuerpo, por decirlo así. Con todo, ello solo fue posible porque Dios como tal —y desde un principio— no quiso ser Dios sin la adhesión del hombre. De otro modo, porque Dios es su salida de sí —su negación de sí— hacia lo otro de sí. Digamos también bondad.

terraplanismo

mayo 9, 2022 § Deja un comentario

La tierra me sigue pareciendo plana. Pero sé que no lo es. De ahí que no diga que la tierra es plana, aunque actúe como si lo fuera. No sucede lo mismo con la religión. Así, muchos sienten que hay un Dios y que los tiene en cuenta, aun cuando sepan que el haber de Dios no es el de los entes. Sin embargo, y a pesar de saberlo, siguen diciendo que la tierra es plana. Religio duplex.

afinando

mayo 8, 2022 § Deja un comentario

Ante nuestras víctimas, ¿nos hallamos sub iudice? ¿O simplemente nos sentimos así? Desde Hume a Nietzsche el pensamiento moderno se decanta por lo segundo. En cambio, para Israel, la alteridad obliga, manda. Y obliga porque estamos en deuda con el otro. Pues es otro, precisamente, porque lo excluimos del todo. No cuenta —no cabe tenerlo en cuenta. Al negarlo —al convertirlo en invisible— hemos suprimido la adoración que reclama. En su lugar, el trampantojo de una imagen divina. Con el otro, por defecto, no cabe hacer otra cosa que preservar la distancia, respetarlo, conservar su aura, cuidarlo. En definitiva, responder a su invocación. Tan solo así es posible encontrarse con él. Donde olvidamos que existimos por haber negado a Dios —porque no lo echamos en falta— solo quedan los sentimientos. Y ya sabemos que estos, al igual que vienen, se van.

verdad y don

mayo 7, 2022 § Deja un comentario

La verdad —lo que en verdad tiene lugar— antes que una correspondencia entre enunciados y hechos, la cual siempre se decide desde el lado del sujeto del conocimiento, es lo que nos ha sido dado. Las condiciones de posibilidad del saber —las gafas que nos permiten hacernos una idea de cuanto nos rodea, unas gafas que llevamos puestas de fábrica, por decirlo así— no pueden dar fe de cuanto tiene lugar, en definitiva, del don. Tan solo de ciertas apariencias como adecuadas o conformes a. El don, en cambio, se nos ofrece y, por eso mismo, solo puede ser reconocido —y por extensión rechazado o aceptado. La donación es el índice de una genuina alteridad. Los padres que, tras la muerte del hijo, decidieron conservar el balón con el que jugaba, no proyectan un significado sobre lo que no es más que un balón: lo reconocen. Pues ese balón lleva adheridas las huellas del hijo. De ahí que el balón del hijo sea más que un balón. Al fin y al cabo, la pérdida —la desaparición— es el origen del valor. Y nada tiene el lugar —nada es verdadero— que no posea un valor absoluto.

una declaración

mayo 6, 2022 § Deja un comentario

Si Dios es, en verdad, un Dios hecho hombre, entonces Dios es el Dios del hombre de Dios (y en concreto, de aquel que cuelga de una cruz). No decimos el Dios de aquellos que creen o suponen que hay un Dios en las alturas que cuida de nosotros, aunque de un modo a menudo desconcertante. Esto es, no decimos, el Dios del homo religiosus, sino el del hombre de Dios. Y es que el hombre únicamente llega a ser de Dios donde permanece fiel hasta el absurdo a un Dios que no aparece como dios —a un Dios que no quiso ser nadie sin el hombre y que, por eso mismo, sigue siendo nadie con anterioridad a la sobrehumana entrega del hombre. De ahí que, cristianamente, estar ante Dios sea lo mismo que estar ante aquel que lo encarna —traducción: ante el cuerpo de Dios. No hay Dios al margen del crucificado. Con independencia del acontecimiento del Gólgota, el haber de Dios es el de un Dios por-venir —un Dios que está a un paso de caer en la nada. Con respecto a Dios, la confesión cristiana no dice otra cosa que la siguiente: el crucificado es el modo de ser de Dios, su quién (y no solo su ejemplificación). Pues con anterioridad al fiat del crucificado Dios, en sí mismo, es el aún nadie. Y lo es porque esta fue su voluntad desde un principio —la voluntad que es Dios, por decirlo así, y que se realiza como voluntad de Dios a través del fiat del hombre. Hay Dios —Dios se hace presente— porque Dios es el sujeto del hombre de Dios, es decir, la invocación o demanda a la que se encuentra sujeto el hombre de Dios. De ahí que el hombre de Dios sea la Palabra de Dios, su predicado, lo que Dios quiere decir. Y lo que Dios quiere decir es que es en el hombre de Dios y como hombre de Dios. En clave trinitaria, si Dios es la relación entre Padre e Hijo, entonces el Padre es el Padre del Hijo. Pues no hay Padre sin Hijo. Ni Hijo sin Padre.

Sin embargo, esto último, y por lo que hemos dicho antes, debe entenderse históricamente. Y es que con la caída Dios quedó enajenado de aquel en quien quiso reconocerse desde un principio —y por eso mismo, quedó herido de muerte como Dios (aunque por eso mismo, también se perdió por el camino la humanidad del hombre). Hasta el Gólgota, de Dios tan solo la voz que clama por la fe del hombre y cuyo eco escuchamos en el llanto de los sin Dios. Esta voz y la gracia de seguir con vida a pesar de existir como muertos. Dios es, sencillamente, la historia de Dios, una historia en la que estuvo en riesgo, de hecho, el ser o no ser de Dios. Y, por extensión, el del hombre. El cristianismo está lejos de ser una ilusión del hombre. En cualquier, será la de Dios.

aparecido

mayo 5, 2022 § Deja un comentario

Te levantas durante la noche y, de repente, te encuentras con una aparecido frente a ti. Inevitablemente, te tiemblan las piernas. ¿Qué revela, sin embargo, este temblor? Que el mundo es mundo por la fuga de lo irreductiblemente extraño. Esto es, por lo que lo trasciende. Lo que ves —el fantasma— no es una posibilidad del mundo o, cuando menos, no es lo habitual. ¿Hablamos de una figura de de una alteridad avant la lettre, de lo que es al margen de su aparecer? Ciertamente. Pero toda figura miente. Pues bastaría con acostumbrarse al fantasma para que se disolviera su carácter espectral. Y es que el Otro, como tal, no puede aparecer. Es un imposible. De ahí que sea un nadie. Todo aparecido, sin embargo, clama por incorporarse —por volver a hacerse cuerpo. Por eso, más que nadie, se presenta como el aún nadie. No es casual que, bíblicamente, la alteridad de Dios encuentre su envés en los que no cuentan —en los que dejamos atrás en nuestro pasar de largo. Pues si el pobre irrumpiese en nuestra vida irrumpiría como aparecido, esto es, como el aún nadie. En definitiva, como Dios. Lo dicho: de entrada, temor y temblor.

Dios y la gramática

mayo 4, 2022 § Deja un comentario

No nos libraremos de Dios hasta que no nos libremos de la gramática, dijo Nietzsche. Pero Dios ha muerto, según Nietzsche (y también Lutero, aun cuando Lutero añadiese unas notas al pie). Esto es, Dios como los dinosaurios. Vivimos en la época en la que Dios es apenas una suposición. ¿Dónde queda, entonces, la gramática? ¿Es que acaso Nietzsche pudo liberarse del sujeto proposicional? La aportación de Nietzsche, dejando a un lado sus excesos acerca de übermensch, ¿no será la pregunta que se interroga sobre qué dios habremos puesto en el altar vacío de Dios?

un breve

mayo 3, 2022 § Deja un comentario

Estar expuestos a la trascendencia és hallarse expuestos al abismo que nos separa de Dios. ¿Su presencia? La de un levantado en su nombre. Demasiado para el cuerpo. Como para tener luego que intimar.

la gran objeción

mayo 2, 2022 § Deja un comentario

No hay esperanza para los malditos de Dios que no suponga un confiar en el poder de Dios, un poder capaz de resucitar a los muertos. Aunque sea un poder impotente sin las manos del hombre. Ahora bien, no parece que esto sea muy distinto a poner los dedos en un enchufe (y aquí lo decisivo es que la central eléctrica proporciona la corriente). Sin embargo, lo es. Al menos, porque esta visión del asunto aún resulta demasiado creíble como para que la esperanza apunte a lo imposible.

eucaristía y espíritu

mayo 1, 2022 § Deja un comentario

Para un cristiano, el pan con el que se comulga es el cuerpo de Cristo. Aquí cualquier antropólogo podrá encontrar vestigios de la convicción de los primeros cazadores: la carne de la presa transmite la fuerza necesaria para seguir con vida. Otro asunto es que, al comer a diario, hayamos olvidado la conexión que nuestros ancestros —y los pobres de siempre— vivían a flor de piel: que un animal tiene que morir para que otros puedan vivir. El sacrificio es la base de la existencia. Y es por ello que el culto eucarístico posee una connotación sacrificial. Inicialmente, el pan eucarístico era, tal cual, el pan de cada día. El pan que se ganaba durante la semana, por decirlo así, se compartía. Ningún miembro de la comunidad pasará hambre. En esto consiste, en definitiva, el milagro de la multiplicación de los panes. De ahí el íntimo vínculo, tal y como leemos en el relato de Emaús, entre el espíritu de la resurrección y compartir el pan, lo cual sería, hoy en día, como compartir el sueldo. Los tiempos han llegado a su final —y al margen de las fechas, para los pobres cualquier tiempo es terminal. Por tanto, nada de lo que suele importarnos, importa. Únicamente, el espíritu de la fraternidad. Sin embargo, donde no hay fraternidad que valga —donde aún confíamos en nuestras posibilidades—, la comunión pasa a ser un acto puramente devocional o psicológico, por no hablar de la mistificación que supone creer que en la sagrada forma se encuentra, vete a saber de qué modo, la sustancia de Cristo. Y de aquí a tomar el nombre de Dios en vano media un paso —y un paso más bien corto.

¿Dónde estoy?

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