disminuidos

junio 9, 2022 § 3 comentarios

Es una pena… Pero algo que observo en las nuevas generaciones de estudiantes es la tendencia a despreciar cuanto ignoran o les frusta… porque no terminan de comprenderlo. Sobre todo, si el asunto es de letras. Se trata de una actitud general, obviamente. Es lo que tiene una cultura que les ha hecho creer que son lo más —que ya han desembarcado cuando lo cierto es que apenas han salido del puerto. ¿El resultado? Un empobrecimiento mental —una prolonganción de la infancia. A mis alumnos, cuando me comentan que Platón o Shakespeare son unos plastas, se supone que tras haberlos ojeado, suelo decirles que no me están hablando de Platón o Shakespeare, sino de ellos. Otra sería su oportunidad si en vez de concluir lo que concluyen, se dijeran a sí mismos que aún no están a la altura de Platón o Shakespeare. Al fin y al cabo, la educación es política. Y la cuestión de la política es quién manda. Pues bien, donde manda el estudiante —donde él decide qué vale y qué no— no hay modo de crecer. O por decirlo de otro modo, de dejar de ser, literalmente, unos idiotas. Y el problema de seguir siendo unos idiotas —el problema de no tener otra munición que la que nos proporciona el Rubius— es que, tarde o temprano, la vida nos pasa por encima. Por lo común, duramente. Y es que, como leemos hacia el final de la Apología, una vida examinada posee más valor, en el doble sentido de la palabra, que una vida sin examinar.

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