decimos Dios

junio 17, 2022 § Deja un comentario

Decimos Dios y, automáticamente, viene a nuestra cabeza la imagen de un abuelo espectral. O algo así. El efecto, sin embargo, es que, con ello, nos alejamos de Dios. Y esto al margen de las sensaciones que pueda provocarnos la imagen de Dios. O por eso mismo.

La imagen pone a Dios en la casiila correspondiente por mucho que, más tarde, añadamos que Dios es un misterio. Dios en verdad no pertenece a ninguna dimensión oculta. Su trascendencia es la de los tiempos, no la del espacio. De hecho, quien experimenta la realidad de Dios a flor de piel, por lo común, se queda sin imágenes de Dios (y por extensión sin palabras). Ahora bien, no porque esta experiencia sea equivalente a la de un fenómeno paranormal, sino porque la única imagen de Dios, cristianamente hablando, es la de un crucificado en su nombre.

Al fin y al cabo, difícilmente podemos hablar de la experiencia de Dios sin referirnos a la experiencia de Dios. Pues, desde una óptica cristiana, si cabe experiementar a Dios es porque primero Dios quiso experimentar, por así decirlo, nuestra humanidad. Y quiso experimentarla porque, desde un principio, no quiso ser Dios sin el fiat del hombre. Donde olvidamos esto último nuestra experiencia de Dios se decide solo desde nuestro lado. Y lo que se decide solo desde nuestro lado no puede comprenderse como experiencia. A lo sumo como un chute de sensaciones. Por no decir como un trampantojo.

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