del milagro y la dieta

junio 20, 2022 § Deja un comentario

Dice Pier Paolo Pasolini: quiero volver a consagrar las cosas en la medida de lo posible, quiero volver a mitificarlas […]. Vivimos en una cultura que ya no cree en los milagros, […] intentar transmitir ese sentido de lo milagroso que cada uno de nosotros experimenta al mirar la aurora, por eiemplo: no ocurre nada, el sol se eleva, los árboles se ven iluminados por el sol. Para nosotros, tal vez, es esto lo que ha de llamarse milagro. Tal cual. Por eso, la primera pregunta acaso no sea en qué o quién crees, sino si eres capaz de asombro. Ahora bien, el asombro conecta con una nada de fondo. Porque la nada es retrocediendo —o por decirlo en hegeliano, no siendo— nada más real que las presencias, siempre fugaces. Desde esta óptica, todo es aparición. Y esto equivale a decir que la aparición lo es todo —que no representa nada oculto, salvo que no hay nada oculto o que lo oculto es la nada. Todo se nos da —todo es don— desde el horizonte la nada. Otro asunto es que, a efectos de la superviviencia, tengamos que reducir cuanto aparece a cosas más o menos manipulables. Y esto es caer. Sin embargo, donde no conservamos un resto de lo sagrado —y sagrado significa intratable— acabamos siendo reos de la voluntad de dominio. Aunque vivamos satisfechos con nuestras compras. O por eso mismo. Como ilustrados, creímos haber superado la superstición. Y, sin duda, la Ilustración nos liberó de unos cuantos temores infundados. Pero quizá aún ignoremos que el precio de tirar el agua sucia fue el de un notable adelgazamiento.

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