Aristóteles tocó muchas teclas

septiembre 7, 2022 § Deja un comentario

El panteísmo, como sabemos, sostiene que todo es divino: hasta las moscas —o, siguiendo a los escolásticos, que fuera del infinito no hay nada (y que por eso mismo, el poder de Dios impregna cuanto es). Aristóteles, sin embargo, fue más sagaz. Y es que su idea es que el infinito es aquello fuera de lo cual hay algo. Pues lo infinito es, precisamente, lo indeciso o indeterminado. Pura potencia o, si se prefiere, poder ilimitado. Y esto está cerca de decir cero absoluto. Pues donde todo es posible, nada es posible. Traducción: la nada es la última posibilidad de cuanto es, una posibilidad que, en cuanto última, es imposible. Así, lo imposible deviene la amenaza que sostiene el mundo. Como si la unidad y la unidad de más —esto es, la fuga que da pie a la multiplicidad— fueran el resultado de la imposibilidad de lo que no es, una imposibilidad que, por lo dicho, anida dentro de la potencia absoluta (y por eso mismo, esta potencia es materia prima). Hay cero porque hay serie; porque la serie en concreto niega continuamente lo que en el fondo es, a saber, infinitud. Y es que, ante cualquier límite, siempre cabe añadir cualquier cosa. O por decirlo de otro modo, lo imposible es la posibilidad inconcebible, salvo como índice, de lo fáctico. Si el mundo no queda engullido por la potencia absoluta es porque el horror vacui se encuentra inserto en la materia… que, como tal, aún no es nada. Da la impresión de que Aristóteles entendió a Hegel antes de que este naciera. O el libro del Génesis, sin ni siquiera haberlo leído. ¿O es que acaso la Creación no obedece a un Dios que no pudo soportar ser solo Dios y, por eso mismo, nadie?

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