Aristóteles y el Génesis: un ejercicio de lógica

septiembre 10, 2022 § 1 comentario

Según Gilson, lo que el cristianismo añade al pensamiento griego es la idea de creación. Esto es, el mundo no es el resultado de la necesidad —no es la derivación lógica de un primer principio—, sino de un acto libre. Así, no es solo que el mundo podría darse de un modo muy distinto, sino que podría no existir… aun cuando Dios existiera (pues que en Dios coincidan esencia y existencia significa que Dios es su existencia y su existencia como voluntad). El cosmos depende, por tanto, de una decisión. Y, por eso mismo, la posibilidad de la aniquilación —del apocalipsis—, y no solo de la propia muerte, constituye el horizonte de nuestro estar en el mundo y, en definitiva, de cuanto es.

Con todo, lo que podría decírsele a Gilson o, mejor dicho, a quienes Gilson se refiere es que la voluntad de Dios no puede entenderse en los términos de una capacidad de elección… como quien puede elegir, al entrar en un super, entre comprar o no comprar. La voluntad de Dios no se añade a Dios —no es una capacidad—, sino que es Dios. Así, Dios es lo que Dios quiere. Y lo que Dios quiere es ser el que es, a saber, alguien que quiere (y decimos alguien porque voluntad implica intención, aun cuando aquí no haya psicologia de por medio). Ahora bien, nadie es si no es en relación con lo otro de sí. Y lo otro de sí es lo que, por defecto, niega el en sí mismo: soy el no ser (lo) otro. El dar la existencia pertenece, por tanto, a lo que Dios es. Y, por lo que acabamos de decir, solo puede dar la existencia a lo otro de sí negándose a sí mismo. Por Adán, Dios es en sí mismo aún nadie —y lo es como alguien— mientras el que tuvo que negarlo a causa el amor de Dios no lo reconozca como Padre.

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