aprendiendo a leer con Bultmann

septiembre 19, 2022 § Deja un comentario

Quizá nos equivoquemos donde nos preguntamos por el valor de verdad de las fórmulas del credo… buscando hechos que las confirmen. Incluso donde damos por supuesto que no hay hechos sin interpretación. El cristianismo, antes que una cosmovisión, es una confesión, un anuncio, una proclamación. Y lo que esto significa es que sus fórmulas carecen de sentido si antes no fueron pronunciadas ante alguien. En primer lugar, ante aquel que nos pregunta ¿y tú quién dices que soy yo? Y en segundo, ante aquellos a los que se dirigen las bienaventuranzas, los lumpen de la tierra. En ambos casos, hace falta atrevimiento. ¿Un crucificado como Dios? ¿Realmente herederán la tierra los que están a punto de caer en la fosa común? Cristianamente, es así porque debe ser así en nombre de una bondad hecha cuerpo en medio del horror. No estamos ante un kerigma en el que uno pueda creer como cree en extraterrestres o en cualquier otra hipótesis de trabajo. Bultmann tenía razón, siguiendo aquí a Kierkegaard: Jesús de Nazaret sigue vivo en la predicación, la cual posee, en su raíz, un fuerte componente existencial. Y quien dice existencial, dice confesional.

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