la caída y el fruto de los árboles

septiembre 21, 2022 § Deja un comentario

En los comienzos, la sensación de formar parte. Luego vino la ciudad y con ella la sensación de desgarramiento (o lo que es lo mismo: el desgarramiento). Fuimos separados de nuestro lugar natural. De ahí la fantasía de un retorno, acaso nuestro espejismo más elemental. Y de ahí también la religión —el religare. Pero ya no somos quienes fuimos, ni podremos volver a serlo. El individuo no vive del fruto de los árboles. Nunca hubo individualidad entre los cazadores-recolectores: hubieron motes. La escisión hace tiempo que echó raíces en el corazón humano. Y por eso, la inquietud, el no terminar de encontrarse en donde uno está. En realidad, el árbol del conocimiento nunca fue un árbol. Ni Ulises regresó al hogar.

¿Dónde estoy?

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