cuestionario

noviembre 6, 2022 § Deja un comentario

El cristianismo, antes que una creencia que nos permita encajar las piezas del puzle, es una respuesta. Y una respuesta que responde a la pregunta sobre qué vida cabe esperar donde ya no nos queda vida por delante —donde los cielos cayeron sobre nuestras cabezas. Los griegos dijeron que ninguna: nada humano sobrevive a la catástrofe —a la descomposición de la polis. También postularon la inmortalidad del alma para aquellos cuyo horizonte era una muerte en paz. En cambio, la respuesta cristiana es la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo. Este doble sentido no es secundario. Al contrario, es la clave. Pues cristianamente, Dios tiene cuerpo —y un cuerpo que cuelga de una cruz. Y lo que esto significa es que la vida de los que vuelven con vida de la muerte —y quien ha experimentado el horror está muerto— es la vida que les fue dada por el perdón de sus víctimas. Y es respondiendo a esta oferta que la víctima y su verdugo pueden volver a empezar, aunque conservando las marcas de la cruz. El momento del perdón es el momento crítico de la existencia, el que la divide en un antes y un despues. Y lo que no es crisis es un simple anar fent. Inercia. Así, resulta inevitable que, donde ni siquiera nos planteamos la pregunta a la que responde la confesión cristiana, el cristianismo nos parezca una suposición entre otras.

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