misterio e insignificancia

noviembre 8, 2022 § Deja un comentario

No hay modo de vivir a flor de piel la trascendencia que en aquellas situaciones en las que no somos nadie. Donde sigamos en pie será difícil que creamos que no somos el centro. El misterio de Dios —o si se prefiere, de lo divino— se impone espontáneamente ante el exceso de un silencio de plomo o momentos antes de cesar. Pues resulta inevitable que el ver sea un ver como. En medio de la oscuridad, la luz se revela como un hacia allí. Ciertamente, esa luz puede ser un trampantojo. Y este es el riesgo. Pero el trampantojo solo desplaza el horizonte del interrogante, no lo suprime. En cualquier caso, expuestos a la desmesura del misterio de Dios —que no de la cosa misteriosa— no da la impresión que sea posible intimar. Aquí, maravilla y horror se dan la mano.¿Quién nos rescatará de la insignificancia, por no decir, de la miseria? No Dios —y esta fue la gran intuición de Israel—, sino el Mesías, aquel que ocupa su lugar.

¿Dónde estoy?

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