tercera

enero 9, 2023 § 1 comentario

del asombro y la sospecha

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Que haya fuego. Que haya lluvia. Que crezca la hierba. El imperativo de Dios es el envés de nuestro asombro. Y lo es, no porque Dios proceda a la manera de un demiurgo, sino porque la nada —el retroceso de Dios hasta devenir el aún-nadie— es el fondo inescrutable de cuanto es (y por eso mismo podemos hablar de creación). Como nos recuerda el poeta, la rosa es sin porqué. Toda presencia es un acontecimiento para quien conserva una capacidad para el asombro, en definitiva, lo mejor de su infancia.

Así, en modo alguno será casual que, donde la sospecha sustituye al asombro como actitud fundamental —y esto es lo que significa el advenimiento de la Modernidad—, difícilmente podremos comprender nuestra existencia como la de aquellos que se encuentran expuestos a una genuina trascendencia. Y esto probablemente sea un error. Aun cuando suponga a la vez una cierta liberación. Pues el asombro va, inevitablemente, con unas cuantas dosis de temor.

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