fenomenología básica

enero 17, 2023 § Deja un comentario

Hay haber. Esto es lo primero. Sin embargo, es sabido que, a partir de Descartes, lo primero en el orden de la reflexión no es el haber de las cosas, sino el haber del pienso, aun cuando luego la idea de Dios le obligue a reconocer la primacía de una exterioridad ilimitada —en definitiva, de un puro haber— en el orden ontológico. Ahora bien, la suspensión de la certidumbre espontánea acerca del haber que lleva a cabo la duda hiperbólica no deja de ser un truco retórico, en el mejor de los casos, y una falacia lógica, en el peor. Pues dicha suspensión presupone lo que terminará concluyendo, a saber, el carácter fundamental del cogito. De ahí que sea racionalmente legítimo, si no obligatorio, comenzar con la pregunta sobre la consistencia del haber: ¿en qué consiste el haber —o si se prefiere, el aparecer— en cuanto tal?Descartes, una vez llega a la certeza del cogito, tendría que haber caído en la cuenta —es un decir— de la primacía de la pregunta por el haber. Y es que lo primero, ni siquiera en el orden del pensar, salvo que aquí el pensar no sea mucho más que un ejercicio de rétorica, en modo alguno puede ser el cogito… si la conclusión del uso metódico de la duda es, precisamente, el haber del cogito. Al fin y al cabo, la certeza del cogito consiste en el aparecer indiscutible de la res cogitans a la conciencia como el soporte de la corriente del pensamiento (y por eso mismo como aquello que le confiere unidad, al menos porque lo que unifica el flujo de la representaciones mentales es que son mías). No es causal que Spinoza, un cartesiano que corrige a Descartes, inicie su Ethica more geometrico con la afirmación de que hay Dios (y aquí no estamos hablando, como es obvio, del Dios que el creyente invoca, sino de Dios como el nombre de la totalidad). Como tampoco lo es que Hegel comience su Lógica reflexionando sobre el concepto de ser… aunque sostenga que debemos pensarlo como sujeto y no como sustancia. En realidad, la operación hegeliana podríamos entenderla como un intento de resolver el problema del cogito. Al menos, porque el hecho de pensarse como el que piensa implica, aunque sea oscuramente, la exterioridad de lo que piensa. O dicho de otro modo, si la certeza de sí a la que apunta la afirmación existo mientras pienso solo puede ser intuida —y aquí intuir significa ver con los ojos de la mente—, entonces, y teniendo presente que la intuición apunta a un enfrente, no hay razón para que no quepa dudar de ella.

fe y confesión

enero 17, 2023 § Deja un comentario

La fe, antes que una creencia, es un acto de fe. Es decir, una confesión. Ahora bien, la confesión creyente, originariamente, no tenía lugar en los confesionarios, sino ante un tribunal romano. Poca broma. O César o el crucificado —o Mundo o Dios—. Y como no cuesta imaginar, optar por el crucificado era aceptar una condena a muerte. Pero ¿cómo Lázaro podrá escupir sobre el rostro de aquel que, siendo de carne y hueso, le levantó de entre los muertos en nombre de Dios? No es causal que los gnósticos no tuvieran mártires entre sus filas. Pues al gnóstico —y al neognóstico de hoy en día— le basta con un saber para salvarse. Donde olvidamos el carácter confesional de la fe, nos queda la suposición. Y es obvio que una suposición, por muy gratificante que sea, siempre puede ponerse en duda. Esto no significa que la inquietud por la verdad no importe. Significa que la verdad cristiana o es una verdad hecha cuerpo o no es, sencillamente, verdadera. Como Dios mismo.

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