palabra e instante
febrero 20, 2026 § Deja un comentario
Nadie ama a nadie de entrada. De entrada, el impulso, la tendencia, el comer. Sin embargo, los amantes, ya en los comienzos, se dicen entre sí que se aman. ¿Espejismo? Desde fuera, sin duda. Desde fuera: no saben de lo que hablan. Incialmente, chutes hormonales, intercambio de cromos, negociación.
Sin embargo, en lo que los amantes se dicen cuando se inician hay sinceridad, desnudez, un tal cual. Hay también un plus. Sobre todo, si al abrazarse no cierran los ojos. El placer —como también el sufrimiento indecente— es inhumano. Ahora bien, la sinceridad de los comienzos solo acontece fuera del mundo. La verdad es revelación. Y, por eso mismo, instantánea. De ahí que se dé la mano con la ilusión.
Las palabras —enormes— que los amantes se dirigieron estando más allá —esto es, como si no hubiera alrededor—, terminaron mostrándose como espejismo tan solo para quienes fueron vencidos por la inercia de los días. Si hubo sinceridad, hubo epifanía. Y esta permanece como promesa. Pues la promesa es esperanza: qué regresé lo que tuvo lugar y quedó sepultado por el oficio. Es decir, por el mundo.