Dios y el prójimo (y hasta aquí 2000).
febrero 28, 2013 § Deja un comentario
Desde la Cruz, no cabe otro ponerse en manos de Dios que no sea un ponerse en manos del pobre. Ahora bien, esto lejos de implicar una reducción ética de la espiritualidad constituye, en realidad, una espiritualización de la ética. Pues cristianamente no decimos que Dios no sea más que un pobre hombre, sino que un pobre es siempre más.
más Moltmann
febrero 28, 2013 § Deja un comentario
En Cristo se han hecho uno Dios y el prójimo, y lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre, y menos el teólogo.
Jürgen Moltmann
pecado estructural
febrero 28, 2013 § Deja un comentario
Hablar de «pecado estructural» es un modo de decir que la solución del mundo no es solo moral. Que los corazones no cambian, si no cambian las estructuras. Y es que las causas de la miseria hace ya tiempo que se han objetivado en nuestras instituciones. Con todo, sigue siendo cierto que el cambio de las estructuras por sí solo tampoco va muy lejos. Pues el hombre no es solo un efecto de su circunstancia, sino también, y quizá deberíamos decir sobre todo, aquél que existe a una cierta distancia de sí mismo. De ahí que el hombre no pueda evitar ponerse en cuestión, se trate de lo bueno o lo malo de sí mismo.
individua
febrero 28, 2013 § Deja un comentario
En un mundo de individuos, allí donde los hombres ya no pueden sentirse vinculados a un orden paradigmático, esto es, en un mundo en donde la existencia se vive como enajenación, la cuestión no es la de cómo alcanzar una plenitud que, por defecto, no acaba de ir con el enajenado, con aquél que se experimenta a sí mismo en suspenso o, si se prefiere, a la espera, sino la de cuándo, precisamente, ocurrirá algo en verdad, es decir, cuando acontecerá el encuentro con el otro. En lo más profundo de sí, el individuo no espera tanto participar de una fuerza cósmica como la presencia misma de la alteridad. Pues, el individuo no puede soportar durante demasiado tiempo el efecto disolvente de la plenitud. A diferencia de una felicidad entendida como fusión, el encuentro preserva las debidas distancias. La alteridad del otro es, por definición, inalcanzable y, por eso mismo, uno siempre se encuentra ante el otro en la situación de quien no acaba de saldar su deuda. Uno siempre se debe a quien se le da en la misma medida en que se mantiene más allá de las mandíbulas batientes del deseo. Por eso cuando acontece el encuentro, todo fácilmente salta por los aires y uno no puede hacer mucho más que obedecer a la Ley que nace de dicho encuentro. Contigo hasta el final. Así pues, o encuentro u onanismo. Tertium non datur. Otra cosa es que el día a día vaya erosionando esta convicción. Otra cosa es que en el día a día prevalezca el (con)trato. Uno no puede permanecer de por vida ante el otro: uno tiene que bajar la basura, quitar el polvo, recoger a los niños… Pero esta otra cosa, lejos de negar lo que fue, nos arroja más bien a la necesidad de preservar ritualmente la debida distancia de una frágil alteridad. Y es que aquellos que lo dejan todo en manos de la fuerza de los afectos es posible que con el tiempo entiendan que, sin formas que nos mantengan en pie, las fiestas siempre terminan dando tumbos por ahí.